Columna30.08.2009 | Por alguna razón, cuando hablamos de las divas nacionales, el tema emergente siempre es el dinero. Envueltas en grandes fortunas que, por qué negarlo, supieron conseguir con el sudor de sus faldas, se presentan en público sin dejar de medirse. ¿Reunión de amigas o mesa de negociación?
¿Tendrá femenino la palabra magnate? No, resulta que se trata de un término prestado del latín tardío, que designa a un personaje sumamente importante en general del mundo de los negocios. Un personaje, tan asexuado como eso. No hay la magnate, sino que se utilizan sinónimos como millonaria, que no es lo mismo. Las personas hablan de ellas, y el dinero que hace falta para tenerlas en el aire no parece ser un tema, por más que la audiencia de Mirtha no llegue a un número que permitiría mantener vigente a cualquier hijo de vecino. Son las dos divas del país, y esta semana los vaivenes extraños de los tiempos que corren tuvieron a bien reunirlas.
No sé exactamente cuál es la razón en términos empresariales, ni interesa en este caso. Lo cierto es que hasta hace unos años, los poderosos de la tevé parecían habitar cada uno su esfera energética de poder, y ninguno era capaz de fracturarla para acercarse a los dominios de otro, ni permitirle jugar de local. Ahora sí. A visitarse que se acaba el mundo.
Las dos minas se reunieron en el living de Susana, que abandonó el tremendo estrés del programa diario para concentrarse en uno semanal, bastante más adecuado a sus necesidades: nadie que nade en dinero puede pensar sanamente en estar todos los días al frente de un programa de TV. Excepto Mirtha, que evidentemente no conoce otra forma de vida. Me imagino yo, que soy tan afecta a esos días en los que uno se levanta de la cama sin ganas de vestirse, ni de peinarse, sin más preocupación que el termo y la tostada, con la absoluta convicción de que cualquier ser humano tiene derecho constitutivo de estar un día en menos cuatro. Obviamente, ese día uno va a trabajar con lentes negros, una colita en el pelo, y hasta jogging.
Susana ha vuelto a la televisión con aires bastante renovados, con un cambio o dos menos, vestida bastante más cerca de las conveniencias de su edad, y un tanto más serena. Su programa muestra más detalles de sana desorganización, lo cual la devuelve al mundo de los seres humanos que simplemente trabajan, no crean un Olimpo a diario donde todo es posible y otros argentinos sueñan con ser tan ricos como ella. Se acabó: el millón está medio lejos y lo más factible es que participar allí te sirva para cambiar la heladera. Los personajes invitados sí han cobrado más importancia gracias al encuentro semanal, y son prácticamente institucionales.
Mirtha, tras décadas de ser imitada hasta el cansancio, y hasta estigmatizada por un estilo un tanto kitsch que la hacía la experta en interrumpir a los invitados, está siendo resucitada por más de un comentarista como una gran entrevistadora: es indudable que está sumamente informada -más que muchos periodistas especializados que tienen treinta años menos- y que encuentra un espacio para preguntar lo imposible: ¿cuál es?
Creo que ella ha sabido encontrar un lugar de inimputabilidad por estar fuera de los intereses que representan cada uno de los invitados, y solamente comprometida sí con los lazos de obediencia que surgen de la fidelidad a algunos amigos suyos. A los amigos se les pregunta despacito. Fuera de eso, Mirtha dispara sin asco desde un lugar de poder que disfruta. Allí no hay letra de Daniel Tinayre, y ella dice lo que se le canta con una vocecita de abuela aristocrática que la habilita para un par de sopapos más que los habituales. A veces sorprende.
Por supuesto que la prensa canalla continúa ensañándose con los años que tiene, y con lo mal que saldría en las fotos si no la retocaran, perdiendo así absolutamente la dimensión de las posibilidades del verbo informar: Legrand tiene más de ochenta años, y no necesitamos ninguna ayuda para saber que ha envejecido. Otra parte de los recién caídos del catre se le va a la yugular porque parece que ha despedido un fotógrafo que hizo tomas en las cuales no salía bien, y lo han caracterizado como una falta de humildad. Pegunto: ¿para qué usted tendría a su cargo un fotógrafo? ¿No lo echan del trabajo a usted si no hace bien aquello para lo cual ha sido contratado? ¿Alguien cree que un fotógrafo que dependa de alguna manera de la producción del programa tiene derecho a sacarle una foto lapidaria? Yo no.
Sin firma
La reunión fue extraña y simbólica: Susana fue más humilde y se encargó de subrayar todos aquellos aspectos en los cuales están pareadas. “Nosotras estamos exentas”, dijo al referirse al premio a la mejor vestida, tras destrozar el vestido de Natalia Lobos como si fuera un batón de hipermercado. Lo cual quiso decir que las profesionales de la vestimenta no compiten.
¿Dónde está la parte interesante? Últimamente circularon fotos de Silvia, la hermana de Mirtha Legrand, tan anciana como corresponde a su edad -ya que nacieron en 1927- y se hizo hincapié en que se trataba de una especie de figura oculta, otro yo que la diva habría obturado para no evidenciarse.
Pero no resiste el menor análisis: nadie oculta a nadie, y menos si le conviene poco. Lo más factible es que, ante los costos emocionales de llevar una vida tan glamorosa, haya sido la misma Silvia la que eligió un perfil menos sobresaliente para envejecer dándose todos los gustos, entre los cuales están el impagable “me arreglo cuando me da la gana y envejezco como y cuando quiero”.
Silvia no estaba obligada a ser la representación viva de la juventud eterna para los argentinos, ni a estar expuesta a los fotógrafos que hablarían de todos los contrastes posibles entre la foto retocada y la genuina. Silvia vivió como vive la gente, más allá de todas las leyendas urbanas que se pretendan construir sobre la gemela. “Soy paloma o torcaz, dejadme en paz”, dirá el catalán.
Pero la carta, ay la carta, incluía un poema que Susana atribuyó a la autoría de Goldi junto con la nota de felicitación para Mirtha por el Martín Fierro de platino, y más allá del cariño llamó la atención por ser un texto evidentemente escrito por una poetisa, no por una hermana querendona. Resistió pocos días la cuestión. El poema exquisito consta en la red y pertenece a una escritora de la misma ciudad santafesina, pero no es Goldi, claro. Como si hubiera sido poca cosa que la hermana tuviera el buen gusto de enviar un poema bien escrito como detalle, como si fuera necesario atribuírselo a Silvia cuando no era cierto. Al ratito Susana dijo que los osos panda son marrones con los ojos blancos: “yo los vi, en China, ¿no?”.
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
El jefe de la policía distrital brinda datos sobre el homicidio cometido a sangre fría de un chico de 17 años y pide la colaboración de la población para que aporten datos.