28.11.2008 | Hay placeres que son tan obvios que ni nos damos cuenta de que son tales. Por ejemplo: mirar. Decía Borges que no estaba orgulloso de los libros que había escrito, sino de los que había leído.
- ¡Mirá el atardecer!
- Sí, ya lo vi. Parece un cuadro de un pintor mersa. Busquemos algo qué hacer.
- Yo estoy mirando caer la noche...
- Bueno, dale, eso ya está. Ya fue. Ahora hagamos algo...
El diálogo -con una amiga porteña que estaba de visita en mi casa- es el modelo perfecto de la confusión del uso indiscriminado de las palabras. Y de dos formas de concebir el universo. Soy educada, así que trato de no discutir con mis invitados, pero la charla me entristeció.
Mi amiga es una mujer de negocios que se mueve en ambientes internacionales sofisticados. Vino a Mar del Plata para descansar un fin de semana, pero su idea del descanso difería de la mía: era moverse de un lugar caro de moda a otro, donde “podía conocer gente", lo que para ella implica negocios.
Sus estudios en EE.UU. le habían enseñado que lo peor del mundo era la “pasividad latina", y estaba tan colonizada mentalmente, que entendí que había que dejarla en su creencia.
Recordé cuánto nos entreteníamos mirando, cuando éramos muy chicas. Mirábamos juntas por horas láminas de libros, florcitas, insectos, hojas de árboles, telas bonitas, atardeceres violetas. Y lo que nos contábamos al otro día después de irnos a la cama: las imágenes que aparecían cuando cerrábamos nuestros ojos...
Mientras volvíamos a mi casa, le pregunté si se acordaba de todo aquello, y me dijo que no; que eso nunca había ocurrido, y que probablemente yo me lo estaba imaginando. Me recomendó que fuera a un psicólogo conductista, a ver si abandonaba mis fantasías de una buena vez y me dedicaba a hacer cosas productivas, en lugar de languidecer enseñando en una universidad de provincia.
Cuando ya estábamos en mi living, yo estaba cabreada tan a fondo y tan mal, que me olvidé de toda educación para con los huéspedes.
- ¿Y qué carajo considerás vos que son “cosas productivas"?– grité.
- Por empezar, hacer dinero. Y después, luchar por el reconocimiento. La verdad es que no entiendo que una persona como vos haya terminado así. Supongo que fueron tus padres, que eran unos conformistas. Y vos vivís todavía de sueños...
- OK- mi furia había llegado a su punto más extremo-. Y yo no entiendo qué hacés vos en mi casa de fracasada de provincia. Así que hacé ya la valija y andate en menos de cinco minutos.
- ¡No puedo salir así! Me tengo que vestir y arreglar para buscar un hotel como la gente... Si es que hay alguno aquí.
- Ahora te doy dos minutos para irte. ¡O te tiro por la ventana a vos, a tu ropa y a tus ipods, blackberries y la ...ta madre q’ te parió! Dos minutos. O se va todo por la ventana, vos inclusive!
Se fue. Perdí una amiga imaginada durante años de no vernos. Tristeza não tem fim...
Parole, parole, parole...
En el habla cotidiana, usamos “oír" por “escuchar", o “ver" por “mirar", lo que no parece grave, pero ayuda a que no nos comprendamos desde las cuestiones más básicas.
Yo estaba haciendo algo: estaba mirando el cielo. Todos lo que tenemos la dicha de no ser ciegos vemos, pero eso no implica mirar. En realidad, miramos y escuchamos tan poco que nos estamos convirtiendo en ciegos y sordos de la peor clase: voluntarios y encantados de serlo. Esclavos.
Abre tus ojos
Tanto placer siento por mirar, que terminé convirtiéndome en profesora de Historia del Arte. Y me encanta enseñar a mirar. No estoy diciendo pavadas, lector; si bien todos nacemos con esa capacidad, la vamos perdiendo a través de la educación formal e informal. Hay que actuar y, si es posible, rápido. Cuántos chicos escucharon cosas como:
-¡Dejate de pavear! ¿Qué estás haciendo ahí, mirando al gato como un estúpido? Andá a jugar con tus amiguitos...
O a hacer los deberes, a hacer un deporte, a jugar con la compu (donde se mueven los dedos). O a ver la tele... Sí, ver la tele, porque la tele se mueve. Y se ve, no se mira.
Un chico que ve la tele durante horas está entretenido; uno que tiene la costumbre de mirar un gato, una flor o un caracol durante más de cinco minutos... ¿no será autista, che? Llevémoslo al médico....
¡Qué estamos creyendo, qué estamos haciendo, por favor!
Clases para mirar
Así que cuando llegan a la universidad hay que reeducarlos para mirar. Y fíjese que repito siempre la misma la palabra. Porque no hay sinónimos exactos: observar, examinar, escudriñar... son ideas diferentes, que están relacionadas con la ciencia y el conocimiento.
Yo apunto a algo más simple, que se relaciona con el placer: como una cata, una degustación del ojo y cuya octava superior es contemplar -doctorado del mirar-, con lo cual nacimos, pero nos lo han robado, para evitar que seamos inteligentes y felices. Para evitar que paremos. Porque parar es mirar y, después, contemplar.
Nos lo han quitado por lógica: la sociedad industrial y la de consumo no soporta contemplativos ni contempladores. Time is money y más vale que trabajes y no mires. Y más vale que consumas y no mires... ¡A ver si te gusta tanto tu modelo de celular que decidís no cambiarlo por otro, antes de aprender a usar todas sus funciones!
Los chicos que contemplan -se instituyó- son raros, habrá que medicarlos. Y si se vuelven desesperados hiperactivos, habrá que medicarlos también. Pierde el chico, la madre, la familia; gana la industria farmacéutica.
Mamá, por favor, déjelo mirar todo lo que nace del jardín de su alma. No lo lleves a estimulación temprana... Es un comercio, salvo que el pibe tenga un retraso notorio. Lo demás es educarlo para responder al consumo. Si no tendré que enseñarle yo a parar para mirar, y quizás sea tarde.
Mis alumnos conocen mi clásico:
- Todos ustedes conocen La Gioconda, de Leonardo da Vinci, ¿verdad?
- ¡Siííí!- (a coro)
- ¿Les gusta?
- ¡Nooooo!– (a coro)
- Porque están cansados de verla. Ahora vamos a mirarla y les gustará... ¿Me creen?
- ¡Nooooo!
Allí comienza el maravilloso trabajo: enseñarles a degustarla. Y los que enganchan (porque quieren estar en la clase y aprender), se empiezan a entusiasmar. Y se convierten en “miradores". Quizás lleguen a ser contemplativos famosos, como Einstein, o simplemente seres felices por saber mirar, y pueden llegar a contemplar... Jamás se sentirán ni inútiles, ni fracasados ni infelices: llegarán a la vejez gozando de mirar, de escuchar, de leer... (De paso: a los que no quieren estar en clase ni aprender, me importa tan poco lo que les pase, como a ellos lo que yo digo).
La famosa fábula de la hormiga y la cigarra es una estupidez excelsa creada para mayor gloria de los temerosos, de los explotadores de los temerosos y de los dominadores guachos.
La hormiga siempre guarda (así le sobre). La cigarra siempre canta (aunque esté famélica). Ambas morirán, al fin, según el ciclo de su vida.
Una nació para guardar y otra para cantar: jamás se pelearon. A la hormiga le gusta el canto de la cigarra. A la cigarra le encanta el trabajo de la hormiga. Lo sé porque lo miré mucho en mi infancia.
La hormiga sabe que del canto de las cigarras surgen las mejores ideas. La cigarra sabe que del trabajo de la hormiga, las ideas se concretan.
La fábula, si no es estúpida, es maligna.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.