Columna30.06.2007 | Apenas seis años atrás, la Argentina colapsó. Poco después se logró parar la caída al abismo y pasó a liderar el crecimiento económico de América latina, con mejoras en el empleo, en la distribución del ingreso y un poco menos en la pobreza. Pero aún hay varias luces de alerta encendidas.
Por ejemplo, se viaja muy mal. Desde que se recuperó la economía el transporte público no da abasto y la gente se está cansando de viajar como ganado, lo vemos todos los días. La reactivación del transporte se manifiesta sobre todo en el mayor consumo, aunque los beneficios no llegan a todos por igual y los servicios públicos no acompañan la creciente demanda.
Conductores de transporte, ayudantes de jardín, trabajadores de la construcción y del servicio doméstico aún tienen empleos informales que se activan especialmente al ritmo de la recuperación de la clase media. Pero la seguridad que da pasar del desempleo a un puesto formal es todavía un rubro lento.
El año pasado, Argentina creció más del doble de lo que lo hicieron Bolivia, Brasil, Chile y Paraguay. Nuestro país, que a fines del 2001 sufrió como ninguno de aquellos vecinos una de sus peores crisis históricas en lo económico, social y político, creció un 8,5 % en el 2006; un desempeño similar en promedio al que alcanzó en los últimos cuatro años.
El acelerado ritmo de aumento del Producto Bruto Interno se mantendrá este año gracias al mejoramiento del poder adquisitivo de la población, a la capacidad todavía ociosa de la industria, a los buenos precios de los productos de exportación, el superávit comercial y a la recaudación que contribuye en el mantenimiento en alto de las reservas en divisas
Los temores vienen por el lado de la inflación, que durante el 2006 se ubicó en torno al 10% y que este año no se sabe muy bien qué índice alcanzó gracias al descontrol en el INDEC; otras sirenas de alerta suenan por el lado de la oferta de energía, en graves problemas a partir de la falta de inversiones. El Gobierno acusó de no invertir a Repsol YPF, la empresa más grande de la Argentina; así lo hizo el propio Julio De Vido, Ministro de Planificación Federal. "No están aumentando las inversiones en la medida de nuestras expectativas", afirmó al ser consultado sobre dicha empresa. A estos comentarios se sumaron los dichos del Secretario de Energía, Daniel Cameron. Según declaró, la inversión comenzó a caer en 1999; con lo que adelantaron del monto y los 5800 millones que aseguran desembolsar hasta 2010, recién entonces van a emparejar las inversiones anteriores a la devaluación. Ahora debería ser más, pero lo cierto es que desde el ‘99 la inversión cayó significativamente.
En su defensa, YPF respondió que mientras en el 2004 invirtió unos 770 millones en exploración y producción, este año tiene previsto poner un 100% más, 1600 millones, entre otras cosas que planifica para hacer unos 18 pozos. Convengamos que la Argentina no es los Emiratos Árabes. Hay que ser serios también en las expectativas.
Pero los analistas sostienen que, aun así, la economía argentina no dará sorpresas desagradables este año. Donde se perciben las mayores deudas es en el panorama social, pues los avances del principio parecen haber ingresado en una meseta. Los más beneficiados fueron los jubilados, un sector muy rezagado que recibió una decena de aumentos hasta completar una mejora del 200 % en sus ingresos respecto del peor momento de la crisis.
La desocupación, que incluyó a un 24,1% de la población económicamente activa en el 2002, bajó hasta el 10%, contando como empleados a jefes y jefas de hogar acreedores de un subsidio social, lo que es bastante incoherente. Sin este sector el indicador subiría casi un dos por ciento.
En el momento más terrible de la crisis, los planes Jefes y Jefas de Hogar sin Empleo beneficiaron a más de 1,6 millones de familias con un subsidio de 150 pesos mensuales. Actualmente la cantidad de beneficiarios bajó casi a la mitad, ya que la otra mitad consiguió empleo. El Ministerio de Trabajo informó que, entre 2004 y 2006, 110.000 beneficiarios de planes para desocupados finalizaron sus estudios primarios y secundarios o se capacitaron en algún oficio.
La creación de empleos crece al ritmo de determinados sectores, como ser la construcción, la industria automotriz, la actividad agropecuaria y los servicios financieros y turísticos. Si bien todavía el trabajo informal representa casi el 40% del total de empleos, en el último año la ocupación en el sector formal creció casi un 12%, mientras que la ilegalidad retrocedió en un 2,2%. Estos datos impactan en la franja más vulnerable de la sociedad.
En nuestro país, la pobreza alcanzó al 57,5% de los habitantes como consecuencia de la recesión de cuatro años que culminó con el colapso de diciembre de 2001; pero la tendencia se revirtió, hoy bajó al 30% y sigue en declive.
Pero no deja de ser un porcentaje muy elevado para la Argentina. Se trata de un índice negativo, todavía superior al registrado en los años ‘90 cuando comenzó a incrementarse la pobreza. Pero además preocupa el desequilibrio en la distribución del ingreso. La mejora de ingresos fue notoria en sectores medios y altos, pero no entre los más pobres. Aunque la actividad económica ya es casi un 20% mayor a la que había en 1998, cuando comenzó la recesión, permanece un modelo con pobreza, desempleo y una brecha mayor en la distribución de los ingresos.
Una diferencia con respecto al pasado es que hoy estos problemas están en la agenda y en el debate público. Por lo pronto, ya sería un avance para la madurez de nuestro país que el Gobierno realmente tome en consideración estas problemáticas y que la sociedad advierta que deben mejorarse los aspectos ya señalados.
En realidad, en la actualidad existe una consistencia macroeconómica que solía ser el sueño de todo economista. Debemos acostumbrarnos a una economía normalizada, pero eso no significa que se deba poner piloto automático. Cada medida de política económica debe darse en función de dos objetivos: mejorar la pauta distributiva y la calidad del patrón de distribución.
Los avances efectuados hasta aquí han sido notables en el saneamiento de las empresas y en el modo en que el modelo derramó un conjunto amplio de actividades sin estar concentrado en unos pocos sectores. Pero para que nuevamente el 20% más pobre viva en condiciones dignas todavía nos resta ampliar nuestro sector productivo, crear más empresas. A esto se le plantea otro objetivo, el de cambiar la pauta distributiva de nuestra sociedad. La mejor forma de repartir es agrandar la torta y poner criterios claros de distribución.
La ciudad está al borde del quebranto económico, y el Intendente pretende tapar el enorme agujero negro con una desmedida suba de tasas impositivas. El gasto en sueldos se triplicó, pero las cuentas dependen hoy en día de los favores que hacen la Provincia y la Nación a esta administración. Una vergüenza que esconder bajo la alfombra.
Hace unos días, los marplatenses fuimos sorprendidos por una importante pegatina en la vía pública con el rostro de Florencio Aldrey Iglesias y la leyenda Aldrey + Otero = Mafia. Lástima que esta clase de verdades se vuelquen de manera anónima, lo cual le resta impacto y verosimilitud al asunto. El tema fue recogido por distintos medios de comunicación, que reprodujeron el libelo, continuidad de una volanteada que, con la misma foto, se había desparramado anteriormente por toda la ciudad con otra leyenda: “Gallego, dejá de robar”.
Pide a la UCR aceptar el nombramiento de Mercedes Marcó del Pont como titular del Banco Central.