Columna26.01.2008 | El comisionado de Comercio de la Unión Europea, Peter Mandelson, se reunió el lunes de esta semana con la representante de Comercio de los Estados Unidos, Susan Schwab. Afirmó que tanto los europeos como los americanos siguen comprometidos con la conclusión de la Ronda de Doha de conversaciones comerciales para finales de este año.
Las negociaciones del “ciclo de Doha", instaurado en la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 en la capital de Qatar, resultaron un fracaso. Han fallado en el cumplimiento de varios plazos desde que tuvieron inicio con el objetivo de promover el desarrollo a través de la reducción de barreras comerciales.
El director general de la OMC, Pascal Lamy, intenta desesperadamente resucitarlo, pero los opositores del ciclo no cesan en sostener que más vale una falta de acuerdo que aceptar uno malo. Lamy declaró esta semana desde China que el 2008 será crucial para el posible éxito de las negociaciones globales sobre comercio. En una entrevista concedida al periódico China Daily, el alto funcionario dijo que “este será un año olímpico para China y tal vez un año olímpico también para Doha".
Los miembros de la OMC han dispuesto una nueva serie de negociaciones desde el pasado mes de septiembre, tratando de surcar las diferencias sobre la reducción de subsidios agrícolas, aranceles y barreras comerciales industriales. Sin embargo, no se ha logrado ningún progreso, a pesar de la buena voluntad de todos en continuar las conversaciones.
Un nuevo mapa de ruta señala que el presidente de las conversaciones sobre agricultura e industria debe emitir el proyecto revisado de propuestas a fines de enero o principios de febrero, para poder acordar las modalidades un mes después. Los ministros de Comercio de los miembros de la OMC tienen programada una reunión formal en Davos, Suiza, este fin de semana, en la que Peter Mandelson podría aclarar los próximos pasos a los presentes.
El problema es que desde sus comienzos estas conversaciones acrecentaron el riesgo de favorecer a los productores agrícolas más grandes y de debilitar e incluso destruir a las industrias frágiles e incipientes de todo el Sur del mundo.
Su puesta en marcha se encuentra seriamente demorada. Ya han pasado más de dos años desde el momento en que tendría que haber concluido la ronda, según el cronograma original, y se arriesga a nuevos aplazos mientras Estados Unidos se dirige a las elecciones presidenciales.
No son pocos los que se preguntan, ante este fracaso, qué puede reemplazar a Doha. La ausencia de un régimen comercial internacional deja el campo libre a acuerdos bilaterales y multilaterales más invasores y peligrosos de lo que resulta la OMC para los más débiles.
Haciendo un poco de historia, recordemos que aún antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial el economista británico John Maynard Keynes anticipó un proyecto que renovaba totalmente el comercio mundial. Proponía la creación de una Organización Internacional de Comercio (OIC) unida a una banca central internacional encargada de emitir una moneda especial destinada al comercio, el bancor. Con una estructura semejante ningún país habría podido registrar enormes déficit comerciales como lo hace hoy Estados Unidos, ni excedentes también enormes como China.
Si el proyecto que sostiene la OIC no prosperó jamás, pese a haber sido presentado y firmado por varios países, es porque perdió muy pronto el apoyo político esencial. Keynes murió en 1946. El secretario de Estado americano Cordell Hull, otro partidario de la OIC, renunció por razones de salud poco antes de terminar la guerra, y el entusiasmo en remodelar el comercio del mundo bajó al iniciarse la Guerra Fría.
Mientras que la OMC no tiene ningún vínculo con la ONU y, en consecuencia, no reconoce sus instrumentos legales, la carta de la OIC comenzaba haciendo referencia a la de las Naciones Unidas. El pleno empleo, el progreso social y el desarrollo se encontraban entre sus objetivos primordiales.
Todo el segundo capítulo de la carta (conocida como “la carta de La Habana para la creación de la Organización Internacional del Comercio") trata de los medios para prevenir el desempleo y el bajo empleo. Pone el acento en las normas de trabajo justas y en la mejora de los salarios, además de hacer obligatoria la cooperación con la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Es importante recordar que el movimiento sindical mundial pasó seis años después de la creación de la OMC tratando de obtener una “cláusula social", para entender que la diferencia entre la OIC y la OMC es mucho más profunda que la de una simple letra. La filosofía con que fueron pensadas es tan diferente como los objetivos perseguidos por ambas organizaciones.
La carta de la OIC explicaba que las inversiones extranjeras no podrían servir de base para una injerencia en los asuntos interiores de los estados miembros. Los países más pobres y los más débiles estaban autorizados a recurrir al intervencionismo y al proteccionismo para asegurar su reconstrucción y desarrollo. Otras cláusulas de la carta velaban por la protección de los pequeños productores y recomendaban, adelantándose décadas al problema, la preservación de los recursos naturales no renovables. Además invitaba a los países productores a transformar sus materias primas en el territorio nacional, para conservar el valor agregado.
Contrariamente a lo actualmente en vigor, la carta de formación de la OIC autorizaba la ayuda estatal a la industria nacional mediante subsidios o compras públicas, como así también la protección de su agricultura y su pesca.
Pero el mundo imaginado por Keynes nunca prosperó. ¿Cómo hacer realidad el comercio justo cuando ya existen la OMC y sus reglas? Por lo pronto los países del Sur podrían instaurar alguna Unión de Compensación de Comercio como la ideada por el genial economista inglés, con una moneda común para las exportaciones e importaciones internas.
Mientras tanto, las economías más fuertes del globo siguen discutiendo en Suiza. Mandelson y Schwab abordaron cuestiones de comercio bilateral, como la frustración de Estados Unidos por el lento progreso de la UE en autorizar los cultivos genéticamente modificados, y las preocupaciones de la UE porque los productores estadounidenses de biodiesel se beneficien de subsidios ilegales.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.