Columna12.12.2008 | Algunos dicen que es la peor crisis desde la década del ’30. Lo que se inició como el estallido de una burbuja inmobiliaria puso en evidencia la fragilidad de todo el sistema y la poca transparencia de la ingeniería financiera nacida en la década del ‘80.
De ninguna manera es el fin del sistema capitalista, como muchos auguran. El capitalismo lleva en sí mismo la cura para sus propias desviaciones; eso ha hecho de él el sistema económico, social y político más fuerte y arrollador de la historia.
Al igual que otras crisis, esta se inició con una burbuja. Con una política expansiva llevada a cabo por el entonces titular de la Fed, Alan Greenspan, en la que se redujo la tasa de interés de referencia hasta un 1%. Esto, sumado a un escenario de baja inflación, generó una ola de endeudamiento a bajo costo. Ese crédito fácil elevó la demanda de viviendas y sus precios. A su vez, ese incremento permitía al dueño de una casa, puesta en garantía, acceder a un crédito mayor. La burbuja estalló cuando la misma Reserva Federal debió subir las tasas para enfriar la economía. A esto se sumó que las hipotecas fueron generando distintos instrumentos, que se desplomaron.
En un primer momento, lo que se notó fue la ruptura en la cadena de pagos en Estados Unidos. La crisis afectó a un importante número de contratos garantizados sobre este tipo de créditos de baja calificación, que no se pudieron cumplir. En semejante escenario, la nueva ingeniería financiera no hizo otra cosa que amplificar el drama. Las corridas se sucedieron por el temor a que cualquier activo en cartera pudiera ser contagiado.
El análisis de los expertos es que la crisis va seguir por varios meses y el impacto final tendrá que ver mucho con la desconfianza que el mercado le otorgue al sistema financiero internacional.
Esta crisis puede traer más globalización, aunque más conservadora, con una industria financiera con nuevos mecanismos de regulación para salvarse de la extinción. Autorregulaciones que serán más importantes que lo que hagan los gobiernos para salir del problema, según la opinión del decano de la Escuela de Negocios del MIT, David Schmittlein.
Para el premio Nobel de Economía de este año, Paul Krugman, esta crisis económica es aterradora, y opina que lo peor que podría ocurrir sería entrar en una larga fase deflacionista. En un encuentro con la prensa en Estocolmo, donde el miércoles recibió el premio Nobel, Krugman se mostró bastante pesimista sobre la crisis económica global y aseguró temer que se repita la situación de Japón y que se encadene una serie de severas crisis en países importantes.
Y por casa
El riesgo de una reducción en el precio de los commodities a nivel mundial ya es una realidad. La caída profunda de estos bienes crea la necesidad de financiamiento externo. Por el lado de las tasas es casi imposible que pueda desengancharse del plano internacional. Esto le impone un piso al financiamiento externo para la Argentina.
Cuando la soja superó los 600 dólares por tonelada, a principios de julio pasado, todo era alegría en el sector productor. Si bien la crisis financiera de Estados Unidos ya estaba en plena evolución, pocos se pusieron a pensar en ese momento cuál era el principal factor que impulsaba el precio de las materias primas agrícolas hasta niveles nunca vistos, o cuáles podían ser los riesgos de ese crecimiento.
Se hablaba del incremento en la demanda de alimentos de China y de la India, de la producción de biocombustibles y del dinero fresco de los fondos de inversión, pero nunca se fijó realmente cuál de esos factores lideraba la carrera.
Hoy, cuando la soja lucha por no perforar la barrera de los 300 dólares por tonelada, el mundo agrícola mira con desconfianza y recelo los fondos de inversión que, con su salida del mercado de materias primas, generaron la sangría de las cotizaciones de los granos.
Desde 2002, la ola de dinero de los especuladores que entró en el mercado deformó la estructura de valores del sector, volviéndolos muy altos respecto de lo que sería normal para el juego propio de ese mercado. Esto fue bueno para los agricultores ya que empujó los precios mucho más arriba de lo esperado, pero fue muy malo para los consumidores de los alimentos.
No hay duda de que los valores de los granos estuvieron en niveles exageradamente altos. Y el análisis de la relación stock-consumo no justificaba esos precios. Cuando uno mira el comportamiento del mercado en los últimos años, durante el auge de los mercados a futuro de commodities, se observa que las subas en los precios estaban muy lejos de obedecer al juego de oferta y demanda.
Pero las burbujas, cuanto más suben, más posibilidades tienen de reventarse. Y eso es lo que pasó con los granos.
Se acordó de nosotros y afirmó que sus temores no son infundados. Ya pasó en Argentina o Indonesia, recordó Krugman, que insistió en que nadie es inmune a estos problemas y en que nadie puede salir beneficiado de esta situación. Por aquí ya nos dimos cuenta.
Schmittlein, del MIT, también admitió que la economía global entrará en una recesión con menor acceso al crédito para todos los países. Según él, las empresas financieras admiten que no manejaron el riesgo en forma adecuada, no entendieron por completo la dimensión de los problemas que se estaban generando ni la forma en que un riesgo puede estar asociado con otros.
Para Krugman, los planes que se pongan en práctica deben tener en cuenta la situación en la que nos ha puesto el sistema bancario paralelo, que ha perjudicado a la economía en su conjunto. Porque no se hizo nada para tener salvaguardas del sistema ante la actuación de una serie de bancos que, según dice, no son bancos en realidad ni se rigen por las normas tradicionales.
El director del MIT no parece estar de acuerdo con culpar a los banqueros. Para David Schmittlein es muy tentador culpar a los funcionarios, pero no sería muy justo. Los CEO de Wall Street durante muchos años tuvieron como tarea crear toda esa riqueza que se generó y contratar gente inteligente para asesorarlos. Según advierte, antes de esta crisis, no sólo los líderes sino toda esa gente inteligente creyó en la fortaleza del sistema, por lo cual es difícil señalar a un pequeño grupo como culpable. En fin, la culpa no es de nadie, pero estamos todos a los saltitos.
Hace aproximadamente un mes, lo que era una posibilidad temida se convirtió en una realidad anunciada. El Fondo Monetario Internacional comunicó que revisó a la baja sus previsiones de crecimiento para el año que viene, y que las economías industrializadas podrían crecer poco más de un 2%, registrándose guarismos negativos en Estados Unidos y Japón. Para América Latina estimó un crecimiento del 2,5 %.
El premio Nobel de Economía del año 2001, Michael Spence, nació en 1943 en Estados Unidos, se doctoró en Economía en la Universidad de Harvard y enseña en Stanford. En particular, es reconocido por su modelo de educación en el mercado laboral. A fines de noviembre afirmó que esta crisis financiera derivará en una recesión global de dos o tres años, cuya profundidad dependerá de las medidas de estímulo fiscal que adopten los gobiernos para evitar la pérdida masiva de puestos de trabajo.
Si bien considera que hay millones de personas que están mejor que hace 30 años y que por lo mismo tenemos que tener una visión optimista, pese a la fuerte crisis, augura mucho tiempo de ajuste. Subraya que hubo una gran destrucción en el valor de los activos y, dada esta corriente no le sorprendería que hubiese una recesión global de dos o tres años. La profundidad de la crisis dependerá de las medidas de estímulo fiscal que se tomen para evitar una pérdida masiva de empleos.
Spence asegura que no hay que tener un enfoque ideológico para solucionar este problema: el sistema está inestable, por lo que hay que hacer lo mejor que se pueda para evitar mayores problemas, manteniendo la libertad económica, el espíritu emprendedor y todos los factores que sostienen el éxito del crecimiento para recompensar a la gente. Es un equilibrio difícil, pero que debe mantenerse. Cada gobierno debe ver primero qué es lo que el sector privado hace bien y, luego, complementarlo con inversiones que multipliquen la riqueza de la gente. Cada país es diferente, pero ese principio funciona en todos lados.
Mientras tanto el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, ya avisó al pueblo de su país que la situación económica va a empeorar un poco más antes de empezar a mejorar. “Tenemos un gran problema, y va a empeorar", dijo esta semana en Chicago. Además, aseguró que necesitan un plan de rescate a la altura del desafío que tienen por delante, incluida la puesta en marcha de un plan de infraestructuras centrado en la construcción pero también en las energías renovables y en el sector tecnológico, tal y como anunció en un mensaje a la nación
Obama dijo también que es muy importante que el sector automotriz sobreviva a la crisis, pero que cualquier rescate público que salga del Congreso debe estar orientado a la reforma en profundidad de la industria para que funcione de verdad. Nuevas energías y más ahorro.
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
El jefe de la policía distrital brinda datos sobre el homicidio cometido a sangre fría de un chico de 17 años y pide la colaboración de la población para que aporten datos.