Columna12.10.2007 | En la semana que se cerró, los “demonios” tuvieron el mayor índice de popularidad que se recuerde en nuestro país en los últimos años. Un “demonio” como el cura Von Wernich fue condenado por una justicia sospechada también por los mismos delitos. Otros “demonios”, como Arslanian, Arias Duval y Montoya, también fueron ángeles arrojados al abismo.
“¡Madre, ayúdanos a vivir en la verdad!" fue el lema con el que caminaron más de 65 kilómetros miles de fieles en la 33era peregrinación a la Basílica de la Virgen de Luján. Pero el cardenal primado de la Argentina Jorge Bergoglio fue más allá todavía y le pidió a la Virgen “que nos ayude a evitar la confusión y vivir con la verdad", y continuó en su homilía: “el mentiroso es por esencia ése que nos muestra vidrios de colores y nos quiere hacer creer que son joyas preciosas. Todos sabemos que hay alguien que no quiere la verdad. Jesús le puso un nombre: es el padre de la mentira, el demonio".
Con tan fuerte condena a la mentira, el demonio apareció en los medios de prensa. Unos dijeron que el demonio era el presidente Kirchner y sus ministros, que mienten con los índices de precios del INDEC; otros dijeron que los demonios eran los que vienen diciendo a los cientos de miles de víctimas del delito del país que la inseguridad es “sólo una sensación" y no una realidad.
Mientras tanto, en el ámbito de la justicia argentina, responsable en la década de los 70 de haber rechazado, desoído y archivado miles y miles de habeas corpus a favor de detenidos que luego serían muertos o desaparecidos, se hizo un anticipo del mea culpa que debe la Justicia, ya que sin su pasividad, complicidad o autoría, el genocidio jamás hubiera tenido el alcance que tuvo.
Y el mea culpa, aunque no lo verbalizarán, estará en los fundamentos de la sentencia condenatoria que el Tribunal Federal nº 1 de La Plata dictó contra el “ángel malo" Christian von Wernich, de 69 años de edad, ex capellán de la Policía Bonaerense durante la última dictadura militar, condenándolo a reclusión perpetua.
Aun a riesgo de cansar a nuestros lectores, debemos reflexionar sobre la falsa dicotomía que presentaron los defensores y querellantes en el juicio a Von Wernich. Los primeros, que defienden a represores y torturadores ilegales, pretenden plantear la existencia de “dos demonios" para justificar lo que no se puede justificar. Y los segundos se niegan a reconocer como “ángeles malos" a todos aquellos que decidieron que la muerte y la lucha armada, con secuestros, asesinatos y robos, eran la forma de dilucidar los conflictos políticos.
Pero hasta que en la Argentina no nos digamos todos la verdad, no habrá reconciliación ni paz. En voz baja, los ex militantes de Montoneros, del ERP, del FAP, de FAR, que sobrevivieron, y sus abuelas y madres siguen justificando el terrorismo y los creen héroes; y también en voz baja los ex represores o sus compañeros de armas o de corporación creen que la Patria les debe algo. Llegó la hora de hablar en voz alta y decirnos entre todos la verdad.
Y esto no se vio en el juicio a Von Wernich. Ni dijeron la verdad los querellantes ni dijo la verdad la defensa, que hubiera podido con facilidad aclarar los hechos reales que se sabe presenció von Wernich en sus diarias visitas a más de 40 cuevas de detención clandestina, su bendición a los represores ilegales, su silencio ante la tortura y sus charlas con los detenidos. Muchos de ellos hoy están desaparecidos, y él, o presenció cómo los torturaban, y si no al menos los vio con las secuelas de las torturas.
Como bien dice el cardenal primado Bergoglio, Jesús le puso un nombre a los que no quieren la verdad: “El padre de la mentira es el demonio".
Von Wernich, un “ángel malo"
La condena a reclusión perpetua del Tribunal Federal nº 1 de La Plata al que pronto será “ex sacerdote" Christian von Wernich por ser responsable y coautor de 7 homicidios calificados y 31 secuestros y tormentos, ha llevado un poco de paz y tranquilidad al espíritu de los familiares de las víctimas.
Von Wernich resultó ser un “ángel malo". En primer lugar, debe el lector tener presente que, nacido en 1938, hasta el año 1972 el condenado fue un buen vividor de la vida, que recorrió muchos países y los más importantes centros de diversión, acompañado siempre de bellas mujeres. Algún lector dirá que eso también lo hizo San Agustín.
Pocos años después, en 1976, sin que se sepa bien cómo lo decidió y lo logró, apareció como sacerdote y logró la designación de capellán de la Bonaerense.
En la misma época en la que al menos dieciocho sacerdotes, entre ellos los monjes palotinos y los obispos Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León, fueron asesinados o figuran como desaparecidos por su defensa de los derechos sociales y humanos, otros diez curas estuvieron presos en la dictadura y treinta fueron secuestrados y derivados a los centros clandestinos de detención, Christian von Wernich desarrolló un trabajo ideológico y pastoral en esos mismos lugares que lo llevó a la condena.
Von Wernich ni fue ni es inocente. Confesó ante la prensa nacional –ver reportaje de 1984 en la Revista Siete Días- y ante la justicia –juicio a las juntas- que su tarea era recorrer los centros clandestinos de detención, dar asistencia espiritual a los secuestradores y torturadores, y consejos a los torturados. Eso le impedía hoy callar lo que vio y presenció.
El silencio que mantuvo en el juicio lesiona la verdad y lo condena. La sentencia terrenal aplicó correctamente la ley. Su presencia, dirigida a mantener el orden espiritual y psicológico de torturadores y torturados, se convirtió en una participación criminal necesaria.
Así como hemos mencionado a los sesenta obispos y sacerdotes asesinados, desaparecidos, secuestrados o liberados que son “ángeles buenos", hoy la Iglesia debe tener la madurez de desenmascarar a este “ángel malo" y, como hizo Dios, dejarlo caer al abismo.
Los “ángeles malos" de los 70 y de hoy
El demonio y el diablo son la misma cosa. En la antigüedad y entre los gentiles, demonio significaba “lo que tiene algo de divino". La denominación griega de demonio equivalía a lo que los latinos designaban con el nombre de “genio", esto es “la fuerza invisible que guía el destino y los actos del hombre". Es famoso el demonio de Sócrates, el que en alguno de sus pensamientos daba ese nombre a un “genio particular".
En las sagradas escrituras y en el ámbito litúrgico, la palabra demonio se toma siempre por “ángel malo", ya que ese nombre se aplica a los ángeles que por soberbia o envidia se rebelaron contra Dios y fueron arrojados al abismo. Lucifer es el jefe, pero no existe discusión en que por lo menos la tercera parte de los ángeles se hicieron demonios.
En lo que coinciden Sócrates, las iglesias, los griegos y los latinos es que un demonio o diablo es un genio inquieto, travieso, temerario, atrevido, perverso, hábil, sagaz, astuto y que tiene maña y sutileza aun en las cosas buenas. A nadie puede quedarle dudas que en el drama que vivimos los argentinos en las décadas de los 60 y 70 hubo dos bandos que decidieron que la lucha armada era su metodología, y un Estado genocida y represor. Como no se concibe la existencia de Dios sin el diablo, no se concibe esa época de la historia argentina sin la presencia de “ángeles malos" y “ángeles buenos".
Hoy siguen volando y transitando el país, la provincia y nuestra ciudad los mismos “ángeles malos", que no quieren reconocer la verdad y que mienten.
Y hay “ángeles muy malos", que en la última semana han vuelto a salir a la luz o a la oscuridad –como prefiera el lector-, mintiéndole al país y a la gente con todo desparpajo. El ministro de la Inseguridad León Arslanian es uno de ellos. Hizo declaraciones por todo el país en medios escritos, y por televisión en los programas “Desde el Llano" de Joaquín Morales Solá y en el de Luisa Valmaggia, mintiendo como el demonio, diciendo entre otras cosas: “Si algo funciona bien en la provincia de Buenos Aires es la agencia policial (…) Los grandes números de la delincuencia han bajado. Los hechos delictivos disminuyeron".
“Lo que funciona mal es la justicia -siguió diciendo Arslanian-, que es otro ministerio. Los jueces y fiscales están peleados. El sistema judicial está colapsado y es ineficiente. Los delincuentes son siempre primarios, porque los jueces tardan años y años en dictar condenas. Soy un pionero en materia de seguridad, y ella no se arregla con un sheriff, ni con un jefe de Policía".
Y terminó afirmando que “la seguridad y la agencia policial está mucho mejor que como yo la encontré". Verdades y mentiras de un “ángel malo".
Mientras Arslanian mentía descaradamente por televisión, en el mismo programa el padre del joven degollado por el otro que se profugó de un hospital -con complicidad policial-, desde Moreno le decía al ministro de la inseguridad: “deje de mentir y de viajar con dinero del pueblo. Deje de ser garantista con los ladrones“.
Los mismos jueces, fiscales, ministros y demás funcionarios que decían en las décadas de los 60 y 70 que había justicia y seguridad jurídica en la Argentina, hoy siguen afirmando que la inseguridad es una sensación y siguen garantizando a los delincuentes, ignorando a las víctimas. La pregunta de cierre es: así como hubo violación de los derechos humanos en esas décadas de genocidio y terrorismo, ¿no hay hoy también violación con las miles y miles de víctimas de robos, violaciones, lesiones y asesinatos, que no cuentan con la protección del Estado porque la justicia y los fiscales se declaran impotentes para investigar, descubrir a los culpables, condenarlos y enviarlos a la cárcel?
¡Justicia y castigo a los delincuentes! es hoy un nuevo clamor popular.
La ciudad está al borde del quebranto económico, y el Intendente pretende tapar el enorme agujero negro con una desmedida suba de tasas impositivas. El gasto en sueldos se triplicó, pero las cuentas dependen hoy en día de los favores que hacen la Provincia y la Nación a esta administración. Una vergüenza que esconder bajo la alfombra.
Hace unos días, los marplatenses fuimos sorprendidos por una importante pegatina en la vía pública con el rostro de Florencio Aldrey Iglesias y la leyenda Aldrey + Otero = Mafia. Lástima que esta clase de verdades se vuelquen de manera anónima, lo cual le resta impacto y verosimilitud al asunto. El tema fue recogido por distintos medios de comunicación, que reprodujeron el libelo, continuidad de una volanteada que, con la misma foto, se había desparramado anteriormente por toda la ciudad con otra leyenda: “Gallego, dejá de robar”.
Critica duramente a los senadores de la oposición por el desinterés de su presencia en el recinto.