17.11.2007 | Arslanian, uno de los modernos ideólogos argentinos del marxismo, ha confesado que en nuestro país hay una “lucha de clases”, y a ello le atribuye la violencia criminal y la inseguridad. Lorenzo sigue insistiendo en que estamos frente a la conspiración de las arañas.
Decíamos en las ediciones del 21 de agosto y del 4 de septiembre de 2005 de este semanario, que Lorenzo, víctima del robo protegido ocurrido el 18 de junio de ese año, anticipaba que la violencia y la inseguridad no eran una casualidad, sino que respondían a un plan maquiavélico que él identifica como la “conspiración de las arañas".
Con los ojos enrojecidos, Lorenzo, tajante, había dicho, textualmente: “Mirá Carlos, vos no creés en lo de la conspiración de las arañas, porque sos un ignorante de la historia argentina y sobre todo de la mitología griega. Y además porque no tenés ni idea de que en la Argentina hay un plan de destruir el derecho de propiedad como una institución básica de estabilidad social, y otro para inmovilizar a los propietarios de los autos, casas, campos o bienes que serán robados, imponiéndoles impuestos, tributos y tasas altísimos para tenerlos entretenidos tratando de conseguir trabajo para pagar o para proteger sus propiedades. Y para esos planes, los ladrones son auxiliares necesarios de las arañas instaladas especialmente en el manejo de la provincia de Buenos Aires. Pronto estaremos paralizados detrás de las rejas de nuestras propias casas, custodiados por nuestras propias alarmas privadas, y sólo nos dejaran salir para pagar el impuesto inmobiliario, el municipal o las patentes de los vehículos que luego nos robarán".
Lorenzo no había sido el primero en pensar que en nuestro país había una especie de conspiración arácnida. Ya vimos que Scalabrini Ortiz, en sus pensamientos políticos, sostenía: “El Imperio, al igual que las arañas, teje con paciencia y en silencio telas para inmovilizar y paralizar a los pueblos y así poder oprimirlos más fácilmente". Esto al mejor estilo de cualquier ejemplar de las 70.000 especies conocidas de arañas, que se siguen reproduciendo año a año, poniendo huevos en capullos de seda, a razón de 3.000 por cada ejemplar.
Pero para aquellos lectores más racionales, la explicación de Scalabrini Ortiz nos lleva a investigar si en el imperio de los políticos que gobiernan la Argentina hay o no un plan concreto de destrucción de instituciones básicas como la familia, el derecho de propiedad, el trabajo digno, la salud o la educación, y se tratan de crear las condiciones de una lucha de clases que no se pudo generar en el siglo pasado.
María y la lucha de clases
Al mejor estilo de Bernardo Neustadt, que cuando tenía problemas muy complejos e insolubles le preguntaba a doña Rosa, frente a los dichos agoreros del ministro de la Inseguridad, decidimos ir a un barrio a consultar a
María, que tiene 30 años, es secretaria de una empresa agropecuaria y vecina de la Villa de Vértiz.
Preguntada por los dichos de Arslanian, nos dijo: “ni en el país ni en Mar del Plata hay lucha de clases, lo que hay es un Estado que protege a los haraganes, violentos y delincuentes, y la única lucha social se da entre los ciudadanos decentes y los que viven del delito".
“Les voy a contar mis experiencias como vecina de la Villa de Vértiz, que como ustedes saben, ocupa entre 6 y 8 manzanas sobre la avenida que lleva ese nombre y la continuación de Mitre, Yrigoyen y La Rioja" –nos ilustró-. Vivo con mi familia a tres cuadras de la villa, y mi padre es electricista. Ya nos han robado tres veces. Una vez nos robaron una moto familiar; hicimos la denuncia, y nadie nos preguntó siquiera de qué se trataba. Un mes después, mi madre la encontró en el depósito municipal, secuestrada. La autoridad municipal no se la quiso entregar, y nos quisieron cobrar una multa porque había sido secuestrada a una persona –el ladrón- que circulaba sin papeles. Tuvimos que poner un abogado, que nos costó tanto como la moto, para que el fiscal y el juez ordenaran restituirnos el vehículo. El colmo: al ir a retirar la moto con orden judicial, nos quisieron cobrar el depósito en el galpón municipal".
Prosiguió: “Una noche volvía de trabajar, y en la puerta de mi casa dos hombres jóvenes quisieron robarme la cartera. Me pegaron, respondí a los carterazos y gritos, quedé con moretones, pero como los reconocí como habitantes de la villa, huyeron. Hace dos meses mi padre había dejado una caja de herramientas de electricista y una escalera en la puerta de mi casa sobre una camioneta vieja con la que él va a trabajar. Cuando salió, habían desaparecido. Salimos con un vecino a buscar las herramientas robadas, y llegamos a la villa. En la entrada descubrí a dos jóvenes, uno con capucha. Los encaré y les dije que quería recuperar la escalera y la caja de herramientas, y que si no haría un escándalo en el barrio. Me pidieron cien pesos para “encontrarla" dentro de la villa. Se los di, contra la opinión de mi padre y su amigo, que querían golpearlos, y recuperamos lo robado. Ello me permite concluir -dijo María-, que aquí no hay lucha de clases, ya que vivimos todos en el mismo barrio: lo que hay es una batalla entre delincuentes y ciudadanos decentes. Entre haraganes y gente que cree en la dignidad del trabajo".
Creemos que María tiene razón.
El Imperio tiene una serie de personajes emblemáticos que se encargan
de áreas esenciales en la construcción del “statu quo" necesario para
generar la lucha de clases. A nivel nacional, casi todos son los
sobrevivientes de las organizaciones armadas que proponían en los años
70 la violencia armada y la lucha de clases para superar los conflictos
sociales y políticos. Hoy disfrutan de puestos públicos con altísimas
remuneraciones y ocupan desde la Secretaría General de la Presidencia,
pasando por el Consejo de la Magistratura, la Cámara de Diputados de la
Nación, el Ministerio de Acción Social, la Secretaría de Comercio de la
Nación, el propio Ministerio de Economía, todos dirigidos y coordinados
por el matrimonio presidencial, periféricos de la organización
Montoneros, Far y Fap.
En la provincia de Buenos Aires hay un
personaje emblemático que se ha convertido en el artífice de la
desarticulación del funcionamiento del Poder Judicial, del sistema
penal y de la policía provincial.
León Carlos y simplemente María
León Carlos Arslanian fue juez de sentencia en lo criminal y correccional entre julio de 1974 y julio de 1988, así que claramente fue juez penal durante toda la dictadura militar. Fue juez de Cámara en la Capital Federal y también actuó como juez en el juicio a las juntas militares del Proceso. En 1992 fue durante varios años ministro de Justicia del gobierno de Menem. Entre abril de 1998 y agosto de 1999 fue por primera vez ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, y volvió a desempeñar ese cargo entre febrero de 2004 y la fecha.
Si de alguien ha dependido en la última década la seguridad, vida y haciendas de los bonaerenses es de este polifacético abogado, que ha sido funcionario de Videla, Massera, Agosti, Harguindeguy, Alfonsín, Menem, Duhalde, Ruckauf, y que ha pasado, al mejor estilo de aquel caballero del ensueño, por todos esos charcos sin que los “inmundos renacuajos rozaran su plumaje" y “sin caer, como el cóndor".
Pues bien, León Carlos, en la edición del periódico dominical Perfil del domingo 11 de noviembre, confesó y acaba de hacer explotar la bomba, que permite ahora descubrir por qué se ganó el calificativo de “ministro de la Inseguridad", ya que con su filosofía e ideología ha puesto muchos granitos de arena, para crear las condiciones de una “lucha de clases".
Dijo Arslanian en sus confesiones a Perfil cosas como: “En la violencia hay una lucha de clases entre excluidos y no excluidos. (…) Algunos creen que para contentar rápido a la gente hay que decirles: tranquilos, yo los mato a todos. Hay que ser serios y no decirle a la gente que el problema de la inseguridad se va a resolver creando más cárceles, metiendo más tipos presos y dando grandes libertades a la policía para que liquiden a unos cuantos". Más adelante el responsable de la inseguridad de nuestros conciudadanos filosofa acerca de que la pobreza nunca puede ser fuente del delito: “la inequidad es un problema generador de violencia, ya que genera la exclusión", sentencia.
Y por último es harto sospechoso escucharle decir en el reportaje, al ser preguntado por la inseguridad en Cuba, que “lo que pasa es que Cuba es una sociedad donde nadie tiene bienes, no hay nada para robar, ni para envidiar, y no hay tampoco el estilo de una sociedad de consumo".Tal afirmación tendenciosa sólo sirve para probar la ideología de quien promociona la lucha de clases desde la inseguridad, y verificar que, o no conoce Cuba, o no quiere confesar su propia contradicción. Lo cierto es que en Cuba existen los delitos: las “jineteras" -que actúan como trabajadoras sociales-, el contrabando; la circulación de moneda ilegal, pero también es cierto que el régimen policial cubano y su política de seguridad interior tiene más seriedad, dureza e inflexibilidad con el delito que la que León Carlos nos propone a nosotros. Y es apocalíptico cuando expresa que “el fenómeno de la violencia criminal que trae este tema de la exclusión pronto estará generando una lucha de clases entre los excluidos y los incluidos". El vaticinio del ministro, que tan altas funciones ha tenido en todos los gobiernos militares, civiles, democráticos y no, nacionales y provinciales, nos pone los pelos de punta.
Sólo deberemos reflexionar que con treinta años de trabajo como funcionario, debe saber ya a quién le corresponde hacer los planes para que la inequidad y la exclusión no sea una política de Estado que fomente la lucha de clases, como parece decir en obvia referencia al matrimonio presidencial, a su gobernador Solá y a todos los ministros de Economía.
Dejamos al lector la inquietud de reflexionar sobre quiénes promocionan en el país la lucha de clases.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.