15.12.2007 | La letra M es afín y consecuente con Mar del Plata. Hay, singularmente, cuatro apellidos que comienzan con M y que nacieron, crecieron o actuaron en la “Feliz” en las décadas de los ‘60 a los ‘80, y que hoy, por aciertos, errores, tragedia o delitos dejaron marcado su paso por la ciudad.
En esta semana en la que el país se “empalagó" de imágenes de la democracia, en las estaban casi todos los incluidos en el “que se vayan todos", se inició una nueva tragedia o comedia política encabezada por la “familia real" de los Kirchner, incluidos la reina madre de Cristina, la princesa y el príncipe heredero.
Los reyes y el resto de la nobleza, barones, marqueses y burócratas, intentan hacernos creer que la mayoría del pueblo argentino es culpable de complicidad con los delitos de una década de represión ilegal, que en el mejor de los casos sólo es imputable a muy escasos hombres desviados de las Fuerzas Armadas en los ‘70 y ‘80. La monarquía exhibió demasiadas imágenes de activistas claramente vinculados al terrorismo y la violencia de aquellos ‘70.
En todo el mundo contemporáneo y civilizado ya no se hace más distinción entre “terrorismo" y “terrorismo de Estado". Todos los que han decidido que el atentado, la muerte, la bomba o las armas son la manera de dirimir los conflictos, hoy por hoy, son genocidas. Las FARC, Al Qaeda o los terroristas islámicos levantan las mismas banderas que en los ‘60 y ‘70 levantaban los terroristas o guerrilleros militantes en el ERP, FAR, FAP, Montoneros y sus derivaciones armadas.
Que el Procurador General de la Nación imparta ahora instrucciones a todos los fiscales de que deben diferenciar el “genocidio" del terrorismo de Estado, del “genocidio" de las organizaciones guerrilleras que actuaron en el país es un mal mensaje y mira la historia con un solo ojo. Ingrid Betancourt ve la hipocresía gobernante desde el genocidio que la hace víctima.
Durante esas décadas, los marplatenses no estaban pendientes de cómo una minoría de argentinos mataba soldados, civiles, empresarios y secretarios generales de la CGT, o tomaban comisarías, regimientos militares, o asaltaban bancos; tampoco de cómo un grupo minoritario de psicópatas encaramados en fuerzas militares o policiales, a su vez con el amparo del gobierno militar, secuestraban, torturaban, robaban y asesinaban a ciudadanos.
No. La mayoría de los marplatenses se esforzaba por concretar las visiones simples de su vida y destino. La familia de Antonio Cabrales concretaba el milagro de crear, en una ciudad y país que no produce café, la más grande empresa argentina productora de café. Así inventó el café con “C" de Cabrales. Don Juan Bellotti -y luego su hijo “Tornillo"- inventaba en la ciudad la fábrica de dulce de leche “Chimbote", durante muchos años la más famosa productora de ese producto que jerarquiza la ciudad.
Demetrio Elíades, acompañado de su esposa Linda, fundaba y organizaba la más famosa fábrica de alfajores bajo el nombre de “Havanna", y hacía conocer a la ciudad en el país y en el mundo. Don José Muggeri creaba “Ascensores Volta", que fue durante más de 20 años la fábrica más importante de ascensores del país y que quebró en pleno proceso militar.
Otros vecinos se casaban, construían su casa propia, criaban, educaban a sus hijos, se compraban un auto, y luchaban sólo por ser ciudadanos. Ninguno de ellos vivía pendiente, conociendo o participando, ni de los atentados guerrilleros ni de los delitos que cometían algunos en nombre del Gobierno denominado “de reconstrucción nacional". Sólo vivían sus simples vidas. Sólo hombres comunes.
Cuatro “M" que pasaron por Mardel
Podemos afirmar que no estábamos ni en la estratosfera ni en los confines del fin del mundo. Por las calles de la ciudad transitaron muchos personajes que ya están en la historia nacional. Por una cábala buscamos apellidos con “M" de Mardel, y los encontramos. Pero hay 28 letras más en el alfabeto.
Un testigo presencial de la historia local había conocido a algunos personajes con “M" en esa década de los ‘60 a los ‘70. Encontramos así a Lorenzo, sí, la víctima de los cinco robos protegidos, y le pedimos que nos contara qué recuerda de cada uno, y si sólo por vivir o estar fueron cómplices de terroristas o genocidas. Nos respondió:
“Nací en Mar del Plata, y me crié en la casa de la calle Francia 3043 entre Alvarado y Avellaneda. A 30 metros se instaló, en los ’50, un vecino que me impactó por su sabiduría y hombría, el “chileno" Cortés, como lo llamábamos en la cuadra, y que siempre fue afable y respetuoso con nosotros, los niños. Allí creció su hija Elvira Cortés, y un día todos en el barrio supimos que “el negro" Hugo Moyano, un joven dirigente gremial que comenzaba a trabajar con el Sindicato de Camioneros, conquistaba a una de las más lindas vecinas, se casaba con ella, formaba su primer hogar y tenía hijos. El barrio de Mataderos en el que crecimos estuvo y está feliz de que aquel joven trabajador se haya convertido en el más respetado dirigente gremial de la Argentina. Hugo Moyano actuó como dirigente gremial y vecino desde el año 1960 al fin del siglo. No fue terrorista ni genocida", mencionó.
“En 1968 –continuó Lorenzo con su monólogo-, como abogado, fui apoderado general de Diego Muñiz Barreto, y como tal lo acompañé en el directorio de la fábrica más grande de harina de pescado que tuvo nuestro puerto, que era Argenbel. La sacamos de la quiebra; lo acompañamos con mi amigo y secretario “Micky" de la Garma -que luego fue el gerente general de las empresas de Diego-, en la producción de la película “Rosas", que protagonizaran en 1979 Rodolfo Bebán y la esposa de Muñiz Barreto. En sus oficinas de la calle Florida vi cómo Muñiz Barreto protegía y bancaba a Galimberti y a otros jóvenes progresistas del peronismo. Heredero de una de las fortunas del país, con campos en la cuenca del Salado, donde aún hoy está el puente Barreto, creó en “La Marca" de Pirucho Ferrari el trago “Don Diego", que a diferencia del Don Pedro, en lugar de helado de crema se hace con frutilla. Diego dejó su marca en el puerto y nuestras calles, y evidentemente no fue ni terrorista ni genocida, y no merecía ser secuestrado o asesinado. Si hoy persigue a Patti desde la tumba, habrá que proteger su memoria".
Tomando un respiro, Lorenzo prosiguió: “La tercera M que conocí en las calles de Mar del Plata, exactamente en febrero de 1979, fue al hoy “genocida" y ayer “almirante" Massera. Me fue presentado por Juan Carlos Rousselot, al que yo protegía en el diario “El Atlántico" del que era director, y me atendió en el despacho y comedor personal de don Florencio Aldrey Iglesias del Hotel Hermitage, donde Massera se alojaba y daba audiencias. Massera tuvo recepciones y agasajos en los salones de la UCIP de Mar del Plata, y en la Bolsa de Comercio. En 1982 me otorgó poder judicial para accionar en juicio de amparo contra el Gobierno militar para anular la Ley 20840, y permitir que se reiniciara la actividad política en el país. Hice el amparo ante el juez federal Francisco V. Varela, de Mar del Plata, y el juez Gilarducci, de San Juan. Varela rechazó el amparo, sosteniendo que la Ley 20.840 impedía el ejercicio de la actividad política, y el juez Gilarducci hizo lugar. Se inició así una de las causas que llevaron a la apertura de la acción política, que habíamos promovido desde El Atlántico en los años 1977 a 1979 junto al subdirector Oscar Gastiarena y al jefe de noticias Gerardo Gómez Muñoz a partir de entrevistas realizadas a Balbín, Alsogaray y otros políticos", recordó. “Nadie podía creer en esa época que Massera fuera un delincuente genocida, sobre todo cuando en Mardel declaró a la prensa nacional e internacional, que el Gobierno militar debía publicar la lista de desaparecidos".
Ya culminando con el recuerdo, Lorenzo señalaba: “La cuarta y última ‘M’ que transitó las calles de la ciudad fue Carlos Menem, al que conocimos y protegimos mientras sufría detención domiciliaria durante los años 1978 y 1979, con prohibición de salir de la jurisdicción del partido. Muchos vecinos con los que él conversaba y exponía sus sueños, lo cuidaron. Entre ellos destaco a don Antonio Cabrales, el que todas las semanas en su local de Rivadavia le daba café y una botella de whisky importado. También al amigo Juan Skarabiuk, jefe de la Policía Federal en Mar del Plata; al secretario penal Dr. Bergallo, y a tantos otros, entre los que me cuento. Uno de los periodistas políticos más filosos de Mar del Plata, que trabajaba conmigo en El Atlántico, Gerardo Gómez Muñoz, fue un activo protagonista en acompañar su estadía como preso político y en vislumbrar su futuro nacional".
Así cerró Lorenzo su testimonio sobre las ‘M’ que pasaron por la ciudad en esas décadas trágicas y difíciles a las que nadie quiere volver, pero durante las cuales cada cual vivió la vida que pudo, creció, se educó, formó una familia, montó su empresa, se enamoró, se divorció, fuimos campeones mundiales de fútbol, tuvimos en Guillermo Vilas al mejor tenista del mundo, a Alvarado campeón local, y tantas otras cosas.
La mayoría del pueblo no fue ni terrorista ni genocida. La mayoría decidió que no era la violencia la forma de dilucidar los conflictos, y la ficción de la “pirámide jurídica kelseniana" que lo llevó a Arslanian a ser juez penal durante toda las décadas de los ‘70 y ‘80, era una esperanza de los más simples.
Como en tantos sitios del país, por las calles de Mardel transitaron hombres que están en la historia y en este caso por el hecho singular de que sus apellidos, como la ciudad, comienzan con ‘M’. Aquí los recordamos, para bien o para mal.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.