Columna27.12.2009 | En un año tan agitado, polémico y candente como el que está terminando, los ojos de por aquí no podemos evitar hacer al menos una breve revisión de la gestión municipal. Honestamente, no puedo asegurar que Córdoba haya sido el municipio más vapuleado del país durante 2009. Pero si alguno lo fue más, pues entonces el ejido de Giacomino disputa el primer puesto.
Realmente, desde una mirada tan general como objetiva, nadie puede decir que luego de este año haya quedado algo entero en lo que hace al dominio municipal de La Docta. Ni siquiera su intendente está en condiciones de arriesgar semejante falacia. Por el contrario, por donde se lo mire, y quien quiera que sea que lo observe –aunque sea de reojo-, todo lo que ha dejado este año de gestión ha sido saldos y retazos.
Saldos en rojo, en pugna, en demanda, saldos al fin. Saldo negativo y deficitario para la caja municipal, que desde hace demasiados años ya invierte más del 70% de su presupuesto en el pago de sueldos. Sueldos de un personal municipal que ronda los cinco mil empleados, entre efectivos y contratados; o debería decir: sueldos para un gremio que es, verdaderamente, quien manda y ordena aquí cuándo y cómo se hacen o no se hacen las cosas. Tal vez recuerde -por aquí nadie puede olvidarlo, aunque quisiera- la parálisis que por más de un mes sufrió la ciudad en absolutamente todos su servicios públicos cuando el SUOEM, tras la arenga incansable de su líder Rubén Danielle, detuvo para decirnos “nosotros los municipales comemos puchero los 365 días del año. Queremos cobrar más. Nos han declarado la guerra; y si quieren quilombo, tendrán quilombo para hacer dulce”. Pues bien, como le comenté aquella vez, hicimos dulce para la conserva de varios años. De hecho, al día de hoy seguimos comiendo de esa mermelada hecha de tiras y aflojes, de peleas y resentimientos internos, de amistades con la contra (Juez) y odios con… la contra también (Giacomino). Hasta hace unas semanas el SUOEM volvió a parar, y todo se volvió a parar con él. Arrancó primero, a comienzos de noviembre, el Sindicato de Empleados Provinciales (SEP) con el pedido de una suba de salarios; que, sobre todo, mantuvo casi totalmente paralizada la atención primaria de la salud por casi dos meses. Inmediatamente se sumó la Unión de Educadores de la Provincia (UEPC), con paros tan incoherentes como inconducentes, que el Gobierno provincial se cobra por estos días extendiendo el ciclo lectivo. En semejante contexto y revoltijo al que, por más vueltas que se le diera, jamás podría sacar dulce de leche, y que incluyó a cuanto gremio y sindicato se le ocurra, por supuesto no estuvieron ausentes las filas de Danielle. Extrañamente o no, el SUOEM fue el primero en arreglar cuentas. Y el único en recibir un aumento salarial real. Obtuvo el incremento de sumas fijas para su personal en ejercicio y sus jubilados; sumas en blanco con incrementos escalonados que se le irán incorporando al sueldo básico desde diciembre hasta marzo del próximo año. Sumas, además, en blanco. El resto de quienes reclamaron por lo mismo, exactamente por lo mismo, se quedaron apenas con una lastimosa suma fija y en negro a pagar por única vez en este último mes del 2009 (Schiaretti se encargó de ir a buscar a Buenos Aires, otra vez, los favores del Gobierno nacional).
En realidad, el otro gremio que logró obtener lo que se propuso, y parando apenas un día o dos, fue el del transporte público de la ciudad. Financiado por el municipio y sostenido por aportes subsidiarios de la Nación, un chofer reciente de la UTE de Córdoba cobra hoy poco más del doble que una maestra de grado de la misma ciudad y la misma provincia. Según parece, en los tiempos que corren, para el imaginario colectivo, el carácter de pobre o cuasi pobre es parte esencial del ser y el quehacer de una maestra. Y además, no es tan visible ni llamativa una maestra atrincherada en una esquina con un puñado de volantes que una ciudad paralizada sin transporte público. En esta vieja ciudad que llaman La Docta, el saldo con la educación y la igualdad sigue en rojo y negativo. Por lo pronto, el personal docente y no docente sigue asistiendo a las escuelas para cumplir con nuestro Paicor de cada día (merienda reforzada de taza de leche más criollo y alguna yapa).
Y de retazos, hay tantos que ya no hay quién pegue cuál con cuál. Mientras la ciudad se quedaba sin servicios públicos (salud, educación, vialidad, transporte, etc), incluso mientras tomaban el propio edificio municipal, nuestro oportuno y presto Intendente salió a anunciar (de la mano de los Kirchner, Schiaretti y el ex secretario de Transporte Ricardo alias “¿dónde está?” Jaime) la creación del tren bala que uniría esta capital con Rosario y Buenos Aires. Y como la idea de los trenes resultó tan vanguardista y superadora para todo ese berrinche mundano que le bullía por abajo, Giacomino se entusiasmó y salió a anunciar (de la mano de los mismos) la creación del subterráneo. Y del Ferrorubano, que uniría en una red de vías seguras, inteligentes y modernas a toda la ciudad de Córdoba con algunas localidades de las sierras chicas. Se remodelaron estaciones, se invirtieron millones. Se anunciaron las frecuencias. Se inauguró el primer tramo con presencia presidencial y todo. Se celebró el hecho de repartir pasajes gratuitos a quien quisiera subirse. No pasaron muchos días más, hasta que nunca nadie volvió a saber de Ricardo alias “¿dónde está?” Jaime. No pasó ni un mes hasta que el Ferrourbano no anduvo más. Al día de hoy, el maravilloso tren interior de La Docta traza su breve recorrido sólo dos veces por día; lleva y trae, solamente, a los guardas y al personal.
Al día de hoy, los retazos brotan de las calles, en un paisaje cada vez más común y familiar de vertientes cloacales que brotan desde las veredas o desde dentro de las casas (quien suscribe estuvo a veinte centímetros de presenciar un géiser en su domicilio; afortunada ella de que el SUOEM hubiese vuelto a sus tareas). Sí, volvió a llover en Córdoba hace un tiempo, aunque todos los diques y lagos siguen por debajo de su nivel normal. Pero el agua que más aporta por aquí es la de los efluentes cloacales. Nada tiene que envidiar esta capital a las localidades serranas: sus propios ríos y lagos, cada vez más caudalosos, parecen haber llegado para quedarse.
Como llegan para quedarse nuevos funcionarios a las reparticiones y secretarías. Por supuesto, ahora los trapitos se ventilan cada vez más dentro de la propia familia, que sabrá esconder sus elementos debajo de la alfombra. Con cada vez menos retazos de credibilidad, Giacomino acaba de sumar a su esposa al mando de Educación. La Docta, hasta nuevo aviso, una vieja mermelada que se saborea con la memoria.
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
El fiscal confirma la detención de Juan Manuel Rivero, que se entregó en la subcomisaría Casinos y es el otro responsable del crimen de Franco Castro López.