03.01.2010 | Lo trajo hasta aquí una elección signada por la duda y la polémica. Una recurrente, multitudinaria y extensa procesión de ciudadanos enojados le negaron la bienvenida al cargo. La acusación de fraude empañó las sonrisas del comienzo. Sin embargo, no deja de hacer denodados esfuerzos por mostrarse como “Juan el bueno”. Veamos qué notas se sacó este año.
Si fuesen los docentes cordobeses quienes debieran calificarlo, seguramente Juan se las llevaría todas a marzo. Su promedio no pasa de un claro bochazo, sea cual sea la materia en que se lo evalúe. El sector educativo ha sido uno de los más desfavorecidos durante este año, y no sólo en cuanto al declarado déficit edilicio que a lo largo y ancho de la provincia se sostiene como antaño, brindando una calidad educativa por demás cuestionable para todos aquellos que habitan las escuelas varias horas por día durante el ciclo lectivo. Además, de todos los gremios provinciales que estuvieron en pugna por un aumento salarial, el docente fue el único que no recibió más que un pequeño refuerzo a su último sueldo de diciembre; una especie de merienda reforzada al estilo Paicor, pero en negro y por migajas.
Pero no son sólo sus docentes quienes lo evalúan. En realidad, los hechos por sí mismos y a las claras son los encargados de evaluar la gestión del aspirante a gobernador. Veamos. Materia central: Economía y Gestión. En esta área, Juan es uno de esos alumnos que la reman hasta el final, tratando de zafarla aunque sea con lo mínimo y con la gracia del redondeo en las notas. Arañando la aprobación, se la llevó para el 2010, y nadie arriesga a apostar qué tan bien le irá. Prácticamente cada mes de 2009, Juan el Corredor tuvo que ir y venir varias veces hasta Buenos Aires -vía notas urgentes o avión- para tocar la puerta de sus ex compañeros en busca de una ayuda. Sus idas y vueltas con el kirchnerismo, signadas por resentimientos personales y partidarios de base, lo obligaron a recurrir a la Justicia para que la Nación le pague, en cuotas y a plazos desparejos, el monto adeudado por la Caja de Jubilaciones. Ha tenido constantes tironeos, también, para recibir lo correspondiente por la coparticipación. Y se transformó en una constante, finalmente, entre la finalización de un mes y el comienzo de otro, la amenaza de Juan el Temerario por lanzar a circulación los temidos bonos (recuerde, término proveniente del cordobés “bo’no” o “vos no cobrás”). Por estos días, los rumores van cobrando cada vez más un tinte de realidad. No son pocos quienes aseguran que ya tienen nombre, color y forma; que ya están impresos y aguardando el llamado de emergencia. Hasta hace pocos días aún estaba en duda la capacidad financiera de la provincia para cumplir con el pago de aguinaldos.
Pero, como otras veces, Juan tiene un plan. Y aquí es donde entramos en el terreno de las Matemáticas, una materia que siempre le ha costado. En este sentido, Juan se parece a esos alumnos que siempre tienen algún resto para ir a la cantina del colegio y hacerse de algunas golosinas. Su capacidad para negociar una moneda por aquí y un par por allá, a cambio de promesas tan seductoras como frágiles, lo posiciona como buen malabarista. Pero, insisto, sus resultados en la materia lo hacen tambalear y caer reiteradas veces. Veamos, la idea es hacer obras, prometer obras; grandes, magníficas obras. Obras de vanguardia, obras modernas al estilo primermundista. Obras para exhibir y mostrar. Obras para publicitar e inaugurar. Obras que trabajan arduamente el obrar de la espera, y no mucho más. En el peor momento de la sequía (que sigue siendo tan grave como antes, aunque hayan amainado las voces de alarma), Juan el Obrista echó a circular ilustrativas y felices publicidades oficiales por cuanto medio de prensa existe, prometiendo que todo se solucionará cuando su plan se concrete. Prendido a la saga del Bicentenario (la mayor excusa en los últimos años para derrochar fondos en nombre de obras más visibles que vitales) presentó la fachada restaurada del Cabildo Histórico, reinauguró la Plaza San Martín de la Capital, y pronto nos mostrará a todos lo bien que le quedó (después de años) la fachada de la Catedral. Pero eso son apenas porotos y garbanzos, porque el gran guiso que Juan viene preparando es otro, y ya está anunciado: Córdoba tendrá su Centro Cívico.
Para llevar adelante esta obra, que demandará unos $8.000 en promedio por metro cuadrado, pondrá en venta la Casa de Gobierno, el edificio Pablo Pizzurno (donde funciona el Ministerio de Desarrollo Social), varias comisarías, la Escuela de Suboficiales de Villa Belgrano y hasta la Colonia Vidal Abal, un legendario hospital psiquiátrico de la localidad de Oliva, a unos 96 kilómetros al sur de la capital. “Ningún profeta del atraso podrá decir nada sobre esta obra. Debe servir para que todos los habitantes de la ciudad de Córdoba recuperemos la autoestima, el orgullo de pertenecer a la Docta, las bellezas que tiene esta ciudad, y hagamos obras y acciones que permitan poner en realce todo lo que somos capaces de hacer”, explicó Juan, quien se lleva Matemáticas con varios recuperatorios que cumplimentar. Especialmente con sus gobernados, a quienes, de tanto aportar, les tambalean algunos números.
El impuestazo estuvo a la orden del día. Todo sea por recaudar los 7.071 millones de pesos que, según Juan el Obrista, se requieren para: computadoras en los colegios (¿?), construcción de nuevas aulas, ampliación y mantenimiento de la red de caminos. Aunque, en honor a la verdad, gran parte de ese 60,7% del presupuesto provincial para el próximo año se volcará a concretar obras -otra vez- del Bicentenario: Centro Cívico, nueva Estación Terminal de Ómnibus, Museo del Bicentenario, refuncionalización del centro capitalino, arcos de ingreso a la ciudad y varios monumentos conmemorativos. De Matemáticas, pues, poco y nada para Juan; cada 100 pesos de ese presupuesto, 61 serán enviados por la Nación. Pero sí, mucho juego de Mecano para Juan el Obrista, aunque todavía no termino de comprender si sabe que ahora los tornillos y las tuercas se las juega en la realidad.
Por último, un breve repaso de su desempeño en Lengua. Definitivamente, no puede decirse que haya aprendido a desempeñarse del todo bien como orador, especialmente en los vericuetos de la argumentación y la adecuación a las diversas situaciones comunicativas que le plantea su función. Ante los reclamos, Juan se ha manejado con el mutis personal y el habla delegada a los voceros. Ha pecado de inoportuno con recurrencia. Con sus promesas y anuncios, recae irremediablemente en el pecado de la hipérbole (figura retórica consistente en magnificar en exceso aquello de lo que se habla). Pero, tal vez, así como con el Mecano que alimentó su ansia de constructor, tenga el mérito de haber sido un buen lector de fábulas. A veces, se lo identifica bastante bien con el protagonista de “Juan y las habichuelas mágicas”. Qué pena que hasta ahora sólo se lleve bien con la soja…
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.