31.01.2010 | Entre los usos y costumbres de los cordobeses, hace años ya que figura el inamovible hábito de pasar los veranos entre linternas y velas. Como si se tratase de una ceremonia autóctona implantada muy en contra de la voluntad popular, los cortes de luz, temporada tras temporada, adhieren al ritual criollo de las responsabilidades ausentes y las soluciones frágiles.
El verano de 2008 comenzó con un sistema desbordado que dejó a cien mil cordobeses sin luz, y una seguidilla de cortes de al menos una hora de duración que tuvieron como excusa el excesivo calor y la saturación en el sistema por la demanda extrema de los usuarios. El de 2009 fue similar, con un sistema ya no saturado sino en estado crítico, con tramos que quedaron fuera de uso tras más de 40 años de descuido; como mínimo ejemplo, baste decir que los cortes prolongados y fuera de lo previsto dejaron sin luz al microcentro cordobés hasta trece horas corridas. Por entonces, no fueron los culpables los usuarios, sino la pesificación y el congelamiento de las tarifas que, según se dijo, no permitieron la llegada de fondos para el recambio de cables de baja y media tensión con cuatro décadas de abandono. Nuestro ya instalado Juan, que por aquellos meses ya gobernaba firmemente a lo largo y ancho de su tierra de promesas, asumió el compromiso público de que sería la última temporada con cortes de luz.
Sin embargo, la temporada de este 2010 arrancó con dificultades aún más graves. De todos los veranos que cualquier cordobés recuerde, el que vamos transitando ahora es indudablemente el peor. Así como ha sido y continúa siendo de grave la crisis hídrica en la provincia, la crisis energética parece estar llegando a una situación inaudita. Ya no hay pesificación ni falta de fondos que lo justifique, pues los elevados reajustes tarifarios aplicados al costo del servicio permitieron el ingreso forzado de fondos en viaje directo del bolsillo de los usuarios hacia las cajas de EPEC y sus empresas subsidiarias. Así que, mientras dura esta nueva edición del ritual cordobés de la vela, EPEC culpa a su distribuidora Transener SA, quien a su vez culpa a EPEC, que responsabiliza al Gobierno provincial, también culpado por la oposición política y la opinión pública; Gobierno provincial que, en tanto, mientras vuelve a prometer que esta vez sí será la última temporada sin cortes, levanta el teléfono y pide ayuda a la Nación para que le envíe generadores, en tanto se sacude y apunta las culpas un poco para cada costado.
Pero lo cierto y lo real es que, por fuera de esta fábula de la responsabilidad ausente, al día de hoy más de un millón de cordobeses están siendo afectados de diferentes formas por cortes en el suministro de energía eléctrica por seis horas diarias, y así será por lo menos hasta el 18 de febrero. El primer apagón del año ocurrió cuando el por estos días famoso transformador de Malvinas Argentinas dejó de funcionar; lisa y llanamente, se fundió. Se trata de uno de los cuatro transformadores de su tipo que distribuyen energía eléctrica a toda la provincia; los restantes y por ahora funcionando se encuentran en la localidad de Almafuerte, en la central nuclear de Embalse, y en Río Grande. El de Malvinas Argentinas, propiedad de Transener SA, además de viejo y agotado, era un transformador sobre el que ya se había alertado hace cuatro años respecto al riesgo de que dejase de funcionar de un momento a otro. Hasta que sucedió, y Córdoba se apagó.
La respuesta, más parecida a una de esas típicas y absurdas comedias de enredos al estilo Buster Keaton que a una solución genuina, fue echar mano a un reemplazo que debió viajar 200 kilómetros desde Arroyo Cabral en un tiempo récord de tres días a paso de hombre por zonas urbanas llenas de obstáculos. En el camino, un operario debió ser hospitalizado por sufrir numerosas picaduras de abejas cuando removía cartelería de las calles para permitir el paso del aparato. Paradójicamente, en un tramo del angustioso viaje hubo que hacer cortes de luz porque un cable de alta tensión también impedía el paso. Y como el desmontaje del transformador en desuso y la conexión del nuevo pueden demorar hasta 20 días, los cortes de luz programados se pusieron a la orden del día.
Pocos saben el motivo de las fallas y los cortes. Pues entre los usos y costumbres de por aquí también se incluye el desconcierto y el desorden en la difusión de los hechos por parte de los voceros de turno. Lo mismo aplica a los cronogramas sobre los que informan: es habitual que los cortes programados para las 8 de la mañana comiencen más de una hora tarde y culminen aún más tarde.
Lo cierto es que, para que la energía eléctrica llegue a donde precisa ser utilizada, necesita de una red de transporte y distribución; función, en gran medida, a cargo de Transener SA, entre cuyos mayores accionistas se cuenta Electroingeniería SA… Ahora bien, la energía eléctrica “en crudo” que se produce lejos de pueblos y ciudades a 13,8 kilowatios, se eleva a 500kw para ser transportada a los transformadores que, como el de Malvinas Argentinas, se encargan de reducir la tensión a 132kw para trasladar y finalmente entregar la energía a lo largo de amplias redes de cables de alta, media y baja tensión. La Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC), a través de sus centrales hidroeléctricas y termoeléctricas, produce la mitad de la energía eléctrica que se consume aquí. La otra mitad se compra en el mercado eléctrico mayorista (sí, existe algo así).
Los cortes y la falta de energía no están afectando sólo a la capital cordobesa. Gran parte del interior provincial recibe daños y consecuencias similares, o a veces peores; excepto las localidades turísticas de las sierras, a salvo del apagón para no complicarles la temporada alta. La Docta va de apagón en apagón según los cálculos de un cronograma que se cumple más bien sobre la marcha. En el interior, los cortes ocurren azarosamente, sin previsión ni preavisos, según la oferta energética disponible y la demanda del momento. En Río Cuarto, el imperio no sólo se quedó sin luz igual o peor que la capital, sino que también sufre graves problemas en la provisión de agua.
Así como se acumulan cortes, se acumulan quejas que caen en saco roto, casos de personas atrapadas en ascensores, caos en el tránsito por falta de semáforos, comercios obligados contabilizar pérdidas por tener que tirar mercadería, modificar sus horarios de trabajo o cerrar. Por supuesto, las preocupaciones de algunos son muy diferentes. Antonio Caro, directivo de Transener SA, afirmó: “los aparatos tienen una baja tasa de falla, pero fallan, en todos lados del mundo. Nuestros índices de calidad son excelentes. Tenemos la obligación de reponer el transformador en 60 días; si no, podemos perder la concesión”.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.