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JUE 02 Septiembre 2010 | Mar del Plata

Columna
De Enzo Prestileo

Actualidad

Echen los fideos

03.01.2010 | Estábamos todos, y llegó Duhalde. Y tras cartón, Menem anunció que también se presentará como candidato a presidente en 2011. Kirchner, como era de esperar, ya avisó que habrá, otra vez, pingüino o pingüina en la próxima elección. ¿Qué más se puede pedir? Si esto no es una muestra contundente de la renovación política de la Argentina, ¿qué es?

La respuesta a la última pregunta de la bajada del título de esta columna ha barruntado respuestas cuya semántica no ha logrado incorporarse al lenguaje castellano, aún. Por cierto, el vocabulario soez está de moda en buena parte del periodismo “cool”, pero en este caso la imaginación se basta para evitarlo. Duhalde, Kirchner y Menem. Es la oferta que, por ahora, el peronismo tiene para el resto de los argentinos. Por supuesto, podrán sumárseles algunos otros. Pero estos candidatos acaparan por ahora la atención y la mayor parte de los votos del movimiento pendular que fundara un militar de derechas, como dirían los españoles. Y que ha virado, después de sucesivos retorcijones, en esta seudo izquierda nac&pop que seduce a muchos cincuentones y sesentones trashumantes que creen estar viviendo una remake del descenso de la Sierra Maestra.
Por cierto, Duhalde ha conseguido sacar de la modorra estival a unos cuantos bucólicos peronistas que, como el de Lomas de Zamora, creen que nuestro frustrante país está condenado inexorablemente al éxito. Aunque, por cierto, todos ellos se cuidan de no aclarar si ese glorioso día llegará en el recién comenzado milenio, o cuando quienes transitamos la tierra de estos días ya ni tan siquiera sirvamos para dar verde a los pinos y amarillo a las genistas. Es más, sería realmente asombroso que el alboroto periodístico que por unos días creó el ex vicepresidente de Menem mantenga el interés de la ciudadanía por mucho tiempo más.
Es que Duhalde, que hizo el amago de retirarse de la política durante un lustro, no ha tomado conciencia de que ha sido efectivamente pasado a retiro por la opinión pública. Por cierto, en el deporte, el arte y hasta en la política, cada tanto se da un exitoso retorno de protagonistas que habían dejado de estar en el candelero por bastante tiempo. Últimamente varios deportistas volvieron del retiro para intentar el retorno a los primeros planos. Cada tanto vemos actores y actrices a los que les habíamos perdido el rastro en alguna película exitosa. Y aun en política hemos visto cómo políticos como Alan García han logrado retornar al poder, como en su tiempo lo hiciera el mismo Perón.
Sin embargo, son excepciones a la regla.
Duhalde representa a la política “rosquera”, críptica y corrupta que domina la escena desde hace por lo menos cuarenta años. Representa como nadie los aparatos clientelares que se aprovechan de la cada vez más diseminada pobreza, para convertirla en carne de cañón de proyectos de poder sin proyecto de país.
Claro que hay otra faceta de la candidatura de Duhalde, más patética aun que las ya comentadas. Fuera del alcance de los micrófonos, el caudillo bonaerense le dice a todo el mundo que él se ocupará de llevarse al “loco” -a veces usa un término más duro- que trajo. Es decir, él, Duhalde, parece, decidió que Kirchner sea presidente de la Argentina. Y ahora, cambio de parecer mediante, ha decidido que ya debe dejar de serlo. ¿Cómo hay que tomar una declaración de este tipo? ¿Es Duhalde un delirante que se cree con poderes divinos, o ciertamente tiene -o tuvo- tanto poder como para decidir, por las suyas, quién debe ser en cada situación el dueño del poder en el país?
El poder embriaga, ciertamente. Y ello, sumado a la afección por las teorías conspirativas que tenemos los argentinos, hizo el resto.
A Kirchner lo elegimos entre todos. De hecho, lo elegimos dos veces. Y en la segunda, cabe recordar, aun cuando lo hayamos hecho por interpósita persona -su mujer-, teníamos la experiencia de haberlo tenido ejerciendo el cargo durante cuatro años. Es decir, somos nosotros mismos los que necesitamos cargar nuestro error sobre las espaldas de alguien.
No es la primera vez que actuamos de esta forma. De hecho, este es nuestro comportamiento habitual. Basta recordar la algarabía con que la enorme mayoría de la población recibió al gobierno militar que encabezaron Videla, Massera y Agosti; para luego, amparados en la impunidad que da el anonimato, negar el error.
Es posible que Duhalde haya tenido en el pasado un poder territorial lo suficientemente grande como para poder desestabilizar a un gobierno. De hecho, no son pocos los que lo señalan como el organizador de las movilizaciones del conurbano bonaerense previas a la caída del gobierno de De la Rua; posibilidad  que no exime de culpas al radical por su ineficaz gobierno. Sin embargo, incluso cuando eso pudo ocurrir en el pasado reciente, mucha agua ha corrido bajo el puente del peronismo de la provincia de Buenos Aires como para pensar que Duhalde sigue siendo, allí, el patrón de estancia que era.
Por suerte, el corolario de este intento desesperado de retorno es que no parece despertar demasiadas expectativas en casi nadie. Son muchos los que verían con agrado que la pesadilla kirchnerista termine cuanto antes. Y de entre esos muchos, los que militan en el peronismo desean fervientemente que el partido se deshaga cuanto antes del matrimonio que hoy lo controla. Pero parece mucho más probable que, de caer, Kirchner lo haga por lo que ha hecho en estos años y no porque su otrora padrino lo retire de la política.
Hay quienes dicen, también, que esta candidatura en realidad no es más que la forma en que Duhalde cree poder apurar los movimientos internos que desea dentro del justicialismo, antes de que Kirchner tenga alguna posibilidad -caja mediante, si como algunos piensan, una recuperación de la economía puede ayudarlo- de crear una suerte de blindaje. Algo que, si bien no le serviría para reconquistar el favor popular que lo acompañó durante la mayor parte de su presidencia, por lo menos le serviría para retener el control del partido peronista. Y con eso, para tener el salvoconducto necesario como para llegar a las elecciones del 2011 en las mejores condiciones posibles.
Por último, queda la posibilidad de que Duhalde tenga en la opinión pública un concepto distinto del que cree el cronista. Y que tenga reales posibilidades de llegar a la presidencia.
¿Usted qué cree?

Otros posibles motivos

Las especulaciones acerca de otros propósitos verdaderos escondidos detrás de la candidatura presidencial muestran, tácitamente, que Eduardo Duhalde no tiene reales posibilidades de llegar demasiado lejos.
¿Habrá habido algún guiño hacia Cobos? Algunos cree que el odio hacia Kirchner ha hecho que el marido de “Chiche” haya elucubrado una estrategia para que quien hoy se presenta como el enemigo más odiado por Néstor Kirchner, sea quien lo desaloje del poder y, de ser posible, lo arroje a los brazos de la Justicia. Una Justicia que, para ese entonces, hará con toda probabilidad toda la leña posible del árbol caído.
No ha faltado por estos días quien afirmara que Duhalde hasta consultó con Cobos su opinión acerca de su lanzamiento. Y éste le habría infundido coraje para que se arroje a esa pileta, asegurándole que estaba llena de agua hasta el tope. Ni es imaginable que uno consultara, ni que el otro recomendara.
Sí parecen tener más asidero las versiones que indican que tanto Duhalde como su esposa han intentado forzar a Carlos Reutemann a que públicamente reconozca que será candidato a presidente en el 2011. Infructuosamente, como se ve. Paradójicamente, lo mismo había intentado el ex presidente antes de las elecciones de 2003; y ante la negativa del ex piloto de Fórmula Uno, terminó ungiendo con el óleo sagrado a quien ahora se ha convertido en el objeto central de su aversión política.
Por último, la enésima especulación acerca del hecho político de los últimos días del año que recién sepultamos, es la que sugiere que, en realidad, Duhalde es consciente de que no goza de la mínima aceptación necesaria como para que su postulación no sea más que una bomba de estruendo sin verdadero poder. Y que lo que en realidad está buscando es un aglutinamiento de un peronismo al que imagina, casi con resignación, como opositor al próximo gobierno nacional. Gobierno que, según cree, quedará en manos de lo que hoy se conoce como el “panradicalismo”; a menos que sus máximas figuras cometan errores inimaginables.
Como se ve, la gama de especulaciones acerca de los verdaderos motivos de la candidatura de Duhalde es muy amplia. No es de descartar que incluso aparezcan otras. Paradójicamente, la que menos fuerza tiene es la que surge de la simple lectura de la noticia: Eduardo Duhalde se ha lanzado a la candidatura presidencial por el peronismo.

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