Columna03.01.2010 | Estábamos todos, y llegó Duhalde. Y tras cartón, Menem anunció que también se presentará como candidato a presidente en 2011. Kirchner, como era de esperar, ya avisó que habrá, otra vez, pingüino o pingüina en la próxima elección. ¿Qué más se puede pedir? Si esto no es una muestra contundente de la renovación política de la Argentina, ¿qué es?
La respuesta a la última pregunta de la bajada del título de esta columna ha barruntado respuestas cuya semántica no ha logrado incorporarse al lenguaje castellano, aún. Por cierto, el vocabulario soez está de moda en buena parte del periodismo “cool”, pero en este caso la imaginación se basta para evitarlo. Duhalde, Kirchner y Menem. Es la oferta que, por ahora, el peronismo tiene para el resto de los argentinos. Por supuesto, podrán sumárseles algunos otros. Pero estos candidatos acaparan por ahora la atención y la mayor parte de los votos del movimiento pendular que fundara un militar de derechas, como dirían los españoles. Y que ha virado, después de sucesivos retorcijones, en esta seudo izquierda nac&pop que seduce a muchos cincuentones y sesentones trashumantes que creen estar viviendo una remake del descenso de la Sierra Maestra.
Por cierto, Duhalde ha conseguido sacar de la modorra estival a unos cuantos bucólicos peronistas que, como el de Lomas de Zamora, creen que nuestro frustrante país está condenado inexorablemente al éxito. Aunque, por cierto, todos ellos se cuidan de no aclarar si ese glorioso día llegará en el recién comenzado milenio, o cuando quienes transitamos la tierra de estos días ya ni tan siquiera sirvamos para dar verde a los pinos y amarillo a las genistas. Es más, sería realmente asombroso que el alboroto periodístico que por unos días creó el ex vicepresidente de Menem mantenga el interés de la ciudadanía por mucho tiempo más.
Es que Duhalde, que hizo el amago de retirarse de la política durante un lustro, no ha tomado conciencia de que ha sido efectivamente pasado a retiro por la opinión pública. Por cierto, en el deporte, el arte y hasta en la política, cada tanto se da un exitoso retorno de protagonistas que habían dejado de estar en el candelero por bastante tiempo. Últimamente varios deportistas volvieron del retiro para intentar el retorno a los primeros planos. Cada tanto vemos actores y actrices a los que les habíamos perdido el rastro en alguna película exitosa. Y aun en política hemos visto cómo políticos como Alan García han logrado retornar al poder, como en su tiempo lo hiciera el mismo Perón.
Sin embargo, son excepciones a la regla.
Duhalde representa a la política “rosquera”, críptica y corrupta que domina la escena desde hace por lo menos cuarenta años. Representa como nadie los aparatos clientelares que se aprovechan de la cada vez más diseminada pobreza, para convertirla en carne de cañón de proyectos de poder sin proyecto de país.
Claro que hay otra faceta de la candidatura de Duhalde, más patética aun que las ya comentadas. Fuera del alcance de los micrófonos, el caudillo bonaerense le dice a todo el mundo que él se ocupará de llevarse al “loco” -a veces usa un término más duro- que trajo. Es decir, él, Duhalde, parece, decidió que Kirchner sea presidente de la Argentina. Y ahora, cambio de parecer mediante, ha decidido que ya debe dejar de serlo. ¿Cómo hay que tomar una declaración de este tipo? ¿Es Duhalde un delirante que se cree con poderes divinos, o ciertamente tiene -o tuvo- tanto poder como para decidir, por las suyas, quién debe ser en cada situación el dueño del poder en el país?
El poder embriaga, ciertamente. Y ello, sumado a la afección por las teorías conspirativas que tenemos los argentinos, hizo el resto.
A Kirchner lo elegimos entre todos. De hecho, lo elegimos dos veces. Y en la segunda, cabe recordar, aun cuando lo hayamos hecho por interpósita persona -su mujer-, teníamos la experiencia de haberlo tenido ejerciendo el cargo durante cuatro años. Es decir, somos nosotros mismos los que necesitamos cargar nuestro error sobre las espaldas de alguien.
No es la primera vez que actuamos de esta forma. De hecho, este es nuestro comportamiento habitual. Basta recordar la algarabía con que la enorme mayoría de la población recibió al gobierno militar que encabezaron Videla, Massera y Agosti; para luego, amparados en la impunidad que da el anonimato, negar el error.
Es posible que Duhalde haya tenido en el pasado un poder territorial lo suficientemente grande como para poder desestabilizar a un gobierno. De hecho, no son pocos los que lo señalan como el organizador de las movilizaciones del conurbano bonaerense previas a la caída del gobierno de De la Rua; posibilidad que no exime de culpas al radical por su ineficaz gobierno. Sin embargo, incluso cuando eso pudo ocurrir en el pasado reciente, mucha agua ha corrido bajo el puente del peronismo de la provincia de Buenos Aires como para pensar que Duhalde sigue siendo, allí, el patrón de estancia que era.
Por suerte, el corolario de este intento desesperado de retorno es que no parece despertar demasiadas expectativas en casi nadie. Son muchos los que verían con agrado que la pesadilla kirchnerista termine cuanto antes. Y de entre esos muchos, los que militan en el peronismo desean fervientemente que el partido se deshaga cuanto antes del matrimonio que hoy lo controla. Pero parece mucho más probable que, de caer, Kirchner lo haga por lo que ha hecho en estos años y no porque su otrora padrino lo retire de la política.
Hay quienes dicen, también, que esta candidatura en realidad no es más que la forma en que Duhalde cree poder apurar los movimientos internos que desea dentro del justicialismo, antes de que Kirchner tenga alguna posibilidad -caja mediante, si como algunos piensan, una recuperación de la economía puede ayudarlo- de crear una suerte de blindaje. Algo que, si bien no le serviría para reconquistar el favor popular que lo acompañó durante la mayor parte de su presidencia, por lo menos le serviría para retener el control del partido peronista. Y con eso, para tener el salvoconducto necesario como para llegar a las elecciones del 2011 en las mejores condiciones posibles.
Por último, queda la posibilidad de que Duhalde tenga en la opinión pública un concepto distinto del que cree el cronista. Y que tenga reales posibilidades de llegar a la presidencia.
¿Usted qué cree?
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.