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JUE 02 Septiembre 2010 | Mar del Plata

Columna
De Federico Strileski

Caperucita versus el lobo

14.01.2009 | El estado de la Justicia y sus actores en la Argentina es un proceso que merece la mayor de las atenciones. Se avecinan cambios, algunos muy demorados y otros que ameritarían análisis y debate. ¿De qué lado estamos?

La Argentina, el país de las contradicciones. El mismo funcionario que habla de emergencia económica para aumentar impuestos afirma que su gestión es exitosa; el ministro que ayer defendía una medida la destruye hoy al cambiar de cuadro político... Podría seguir, pero prefiero centrarme en las contradicciones, los grises de la Justicia argentina. Hay encuestas, reflexiones, diagnósticos en los que se intenta dirimir cuál es el principal problema de nuestro país. Personalmente, soy de lo que consideran que todo lo que signifique no vivir en un Estado de Derecho debe ser tenido en cuenta. ¿De qué sirve tener un trabajo si las leyes que protegen el empleo no se aplican? ¿Para qué hay ordenanzas si no se hacen efectivas?
Podemos hablar de situaciones poco claras o que, como mínimo, ameritan una explicación, en la mayoría de los tribunales. En ese sentido, pocos fallos son más escrutados que los de la Suprema Corte de Justicia, dado que muchas de sus decisiones marcan el camino que luego tomarán los tribunales locales o provinciales.
Lejos quedó la mayoría automática menemista y, aunque el temor de ser reemplazada por un símil K estuvo latente, se respira un aire de mayor independencia. Por más que nuestra democracia consagre la independencia de poderes, siempre se intentará ir más allá de las atribuciones. Lo importante es que tengan criterio propio y no que estemos frente a una escribanía. Lo pasado, pisado. Así, aunque parezca una paradoja, cuando un juez decide sobre un hecho del pasado, su dictamen es muchísimo más determinante hacia adelante, a futuro. El pasado no se puede cambiar, definitivamente.

Disyuntiva

La sociedad enfrenta una encrucijada de varias aristas en términos jurídicos. Las generalizaciones son siempre erróneas, pero dan una idea. A grandes rasgos, observamos agrupaciones vecinalistas y manifestaciones espontáneas que claman por medidas más severas. En los estratos intelectuales, colocan al delincuente como víctima. Eric Calcagno, por ejemplo, califica como reaccionarios a quienes critican la mano dura por autoritaria y, a su vez, atacan al garantismo porque los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra. En tiempos electorales, la gran mayoría de los candidatos se acogen a la primera. Los medios varían su perspectiva según el humor popular, siendo la regla general el amarillismo y en algunos casos la transmisión de un mensaje paranoico-alarmista, con ribetes en los que pinta el lagrimón. Todo bien novelero.
Hay reclamos, solicitudes, recolección de firmas, cadenas de mails, artículos, una enorme cantidad de visiones sobre el tema. He seleccionado una para intentar captar la esencia de cómo analiza el tema una parte de la sociedad. La siguiente es una metáfora, una parábola, personajes y hechos que uno no imagina juntos compartiendo una historia. En este caso, los elegidos son Eugenio Zaffaroni y... Caperucita Roja.

Caso "ejemplar"

Titulado como "Fallo de Caperucita y el Lobo", este correo electrónico da la "Versión de la Justicia argentina" en relación al desenlace del cuento infantil con las "mejoras" del proyecto de Reforma del Código Penal. Los paréntesis son mis comentarios:
Visto y considerando:
Que Caperucita no desconocía que podía encontrarse con el Lobo.
Que si hubiera ofrecido la cesta de la merienda para que el Lobo calme su hambre, no habrían ocurrido los sucesos referidos. (?).
Que el Lobo no ataca a Caperucita de inmediato, y que hay evidencias de que primero conversa con ella. (Cualquier coincidencia con algún fallo real no es casualidad).
Que la anciana es inimputable ya que confunde a su nieta con el Lobo. (La inimputabilidad, qué punto tan escabroso)
Que el hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita demuestra lo poco que iba a visitarla, hecho que tipificaría un abandono de persona por parte de la joven Caperucita. (Aquí recuerdo el fallo de un juez que dio curso a una demanda por daños presentada por un ladrón, que había sido atacado por un perro Rottweiler cuando intentaba robar una casa).
Que el Lobo, con preguntas simples y directas, quiere desesperadamente alertar a Caperucita sobre su posible conducta.
Que el Lobo ataca, pero tal hecho corresponde a su propia naturaleza y a su instinto natural y animal, exacerbados por la conducta de la susodicha Caperucita. (Sin comentarios).
Párrafo aparte merece la madre de Caperucita, quien exhibe culpabilidad por no acompañar a su hija.
Por todo lo dicho, se revoca el fallo de Cámara, absolviéndose al Señor Lobo y se dispone además:
Apercibir a la familia de Caperucita, imponiendo a la abuela presentarse en hospital a designar, para su observación gerontológica.
A la madre apercibirla para que cumpla correctamente con sus deberes de madre y
A Caperucita destinarla a realizar trabajo comunitario en el Zoológico Local para conocer acabadamente la naturaleza y el instinto animal.
Aclárase asimismo en el presente fallo que este proceso no afecta el buen nombre y honor del Señor Lobo.
El firmante de este "fallo" es Eugenio Raúl Zaffaroni.
Hay chistes que nos pueden sacar una sonrisa. O generar una reflexión, una conclusión. Otros, como éste, no me hacen ninguna gracia. Más bien me preocupan.
Hay quien dice que en nuestro país faltan leyes. Primero sería interesante cumplir las vigentes. Estado de Derecho, como quien dice.

Hora pico

Como en escasos momentos de su historia, la acción o falta de ella de la Corte Suprema de Justicia es seguida casi diariamente por los medios de comunicación, y el público en general acompaña dicha cobertura. Cada tema candente conllevará numerosas ramificaciones, implicando cambios muy grandes. De las buenas y de las otras.
Tomemos el caso del aborto. La Ley Argentina afirma que la vida comienza desde el momento de la concepción. No es nada más un dogma religioso. Modificar esto implica una reforma de la Carta Magna. ¿Se apoyaría masivamente un cambio de esta magnitud en las urnas?
Los menores que cometen delitos son otra vena abierta para la Justicia Argentina. Es interesante enterarse que Carmen Argibay sepa que el menor no nace delincuente, que un adulto le pone un arma en la mano. La pregunta del millón es, entonces, ¿qué hace la Justicia Argentina con ése delincuente?
O cuando se pone el acento en las culpas de la sociedad y no en la persona que comete delitos por no haber contado con oportunidades. En esa categoría, definitivamente, no entran los grupos comando que cometen robos a gran escala o quienes planifican un secuestro Express, que manejan una logística que se equipara a las de las fuerzas del orden del primer mundo o que en algunos casos mutilan a su víctima para presentar una prueba de vida.
Es posible que lo que diga parezca una obviedad o hasta ingenuo, pero hay gente mala y gente buena. Ni todos los delincuentes son h de p sociópatas ni tampoco nos hallamos frente a una totalidad de mártires que han caído en desgracia tras una vida propia de un mártir (que los hay).
Ni puerta giratoria ni silla eléctrica. Justicia ciega, equitativa, coherente e imparcial. Que cumpla y haga cumplir la Ley. Y que no sea un chiste.

 

 

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