Columna05.04.2009 | Muchos se llenan la boca hablando de las bondades del fútbol, que es el deporte más popular del mundo, hasta lo califican como el más hermoso. Personalmente, creo que está en decadencia. Sobran las señales.
Uno quiere creer que el fútbol es pasión, sentimientos, amores y odios, la belleza de un gol y el camino épico hacia la victoria. Obviamente, esto ya no es así, salvo en la mente y el corazón de algún romántico. El deporte, y en especial el profesional, es negocio, marketing, ingresos publicitarios, ganancias: entretenimiento. Este último es el término con el que tenemos que referirnos a las disciplinas masivas. El rating pesa más que la gloria. Miren lo que ocurre, por ejemplo, en la NBA: los New York Knicks no han logrado quedar entre los 16 mejores equipos (sobre 30) en los últimos años, han perdido un caso de acoso sexual y se habla de ellos como una de las peores franquicias de la historia. Pero están primeros en el ranking que “más importa”, es decir, es el equipo que más ganancias genera en la Bolsa y en los listados de Forbes. Algo similar ocurre con el Real Madrid o el Barcelona, que obtienen grandes dividendos sólo por presentarse, incluso sin jugar, en China.
En sus escritos, Alejandro Dolina se refiere a que la radio y la televisión mataron al fútbol, dado que deformaron su esencia, exagerando y modificando la forma de observar este deporte. Esta visión romántica / fatalista podrá sonar exagerada, aunque algo de razón tiene.
Hoy estoy raro
Actualmente, la mayoría de las disciplinas deportivas poseen un denominador común: lo físico está por encima del talento. Mayor velocidad, más decisiones en menos tiempo, mucha preparación, llamativos casos de destreza física (llámese fantasma del doping) y, no es de extrañar, un mayor número de torneos y compromisos para sus protagonistas. Conferencias de prensa, publicidades, eventos sociales, sesiones de fotos, entrevistas… aquellos jugadores que cuentan con cierta popularidad pasan a ser estrellas, más propias de Hollywood que del ambiente futbolístico, con hordas de fans, seguidores que imitan actitudes y cortes de pelos, que los defienden por sobre cualquier cosa. Podemos recordar el flequillo de Martín Palermo, el mechón de Maradona, por citar sólo algunos.
Y está el aspecto del entretenimiento, del “juego bonito” o fútbol champagne. Ahí radica el mayor problema. La fuerza deja de lado al talento, cuidar el arco propio es mil veces más importante que acercarse a la valla rival. ¿Qué genera esto? Que un equipo limitado y muy poco vistoso como Grecia haya logrado alzarse con una Eurocopa. Y batiendo a Portugal, que aunque no se haya caracterizado por sus logros internacionales, es reconocido históricamente por su escuela de buen fútbol. Pero no. Los “picapiedras” que merecían ser apodados grecorromanos (Ndr: en honor a estilo de lucha) lograron un título que, aún hoy, sorprende a propios y extraños.
Por la permanencia
La decadencia está a la vuelta de la esquina. La gente quiere goles, entretenimiento, volver a la cancha y no sólo estar atento a que los barrabravas se maten. A continuación, mi propuesta de cómo salvar al fútbol:
Primero, permitir más sustituciones. Si hay que correr más, ¿por qué no permitir que los equipos roten más? Segundo, analizar medidas que eviten diferencias desproporcionadas, como un tope salarial, mínimo de juveniles… algo hay que hacer. Los torneos deben ser mínimamente parejos, genera hartazgo que ‘siempre ganen los mismos’.
Los siguientes puntos buscarían dinamismo, espectáculo y, por sobre todo, aumentar el aspecto vistoso del deporte. En tercer lugar, entiendo que es hora de sancionar muchísimo más duramente las faltas defensivas y las agresiones denominadas “tácticas”. Hay que cuidar a los Messi. El reglamento aprobado por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) estipula que falta cometida desde atrás es tarjeta roja directa: expulsión. La realidad muestra otra cosa, con algunos defensores que parecen contar con licencia para matar.
La idea de que las victorias valgan tres puntos en vez de dos fue genial, aunque hace falta más. Muchos criticaron esa propuesta, hoy no se visualiza otra posibilidad. Los dos puntos posteriores serían polémicos. Uno, entiendo que es hora de agrandar los arcos. Si el arquero y los defensores la tienen más difícil, mejor. Hay que facilitar los goles, uno quiere ver festejos, no defensas férreas. Dos, y creo que aquí no cabe discusión, hay que castigar el aburrimiento. Si un partido sale cero a cero, ¿por qué premiar a ambos equipos con un punto? Si no hubo anotación, ese partido no debió llevarse a cabo. En consecuencia, si en el resultado no se modifica el 0, ningún equipo suma. Ergo, cero puntos para ambos.
Y la lista puede seguir. Que los árbitros puedan utilizar herramientas tecnológicas para corroborar sus fallos; que jueces y jugadores porten micrófonos, para tener otro ángulo de la acción.
Siempre se puede mejorar. Respecto a lo que hay tomar más medidas es contra la violencia y el racismo, problemáticas que afectan al fútbol en todo el mundo. Se puede hablar mucho, cambiar en numerosos aspectos y evolucionar en mil sentidos. No obstante, mientras que el ambiente que rodee a un encuentro se asimile a un circo romano o a una zona liberada, mientras que no se entienda que es un espectáculo, la pelota seguirá manchada.
Algunas veces con sangre.
La ciudad está al borde del quebranto económico, y el Intendente pretende tapar el enorme agujero negro con una desmedida suba de tasas impositivas. El gasto en sueldos se triplicó, pero las cuentas dependen hoy en día de los favores que hacen la Provincia y la Nación a esta administración. Una vergüenza que esconder bajo la alfombra.
Hace unos días, los marplatenses fuimos sorprendidos por una importante pegatina en la vía pública con el rostro de Florencio Aldrey Iglesias y la leyenda Aldrey + Otero = Mafia. Lástima que esta clase de verdades se vuelquen de manera anónima, lo cual le resta impacto y verosimilitud al asunto. El tema fue recogido por distintos medios de comunicación, que reprodujeron el libelo, continuidad de una volanteada que, con la misma foto, se había desparramado anteriormente por toda la ciudad con otra leyenda: “Gallego, dejá de robar”.
Pide a la UCR aceptar el nombramiento de Mercedes Marcó del Pont como titular del Banco Central.