Columna24.01.2010 | La temporada de verano arrasó con los pronósticos de la mayoría. En poco tiempo, apenas quince días, unas 670.000 personas vinieron a la costa. En distintos sectores de la actividad comercial hay satisfacción. La mayoría coincide en que las ventas crecieron hasta un 20%.
Tal vez las temporadas de verano ya no son lo que eran cuando Mar del Plata existía como villa balnearia, donde la gente de alta alcurnia veraneaba durante dos meses en sus viejas casonas y dejaba en la ciudad buenas dotes de recursos. Ese tiempo ya pasó.
En la actualidad, el turismo es otro y las costumbres también. Hoy existe una alta rotación de visitantes que dejan sus recursos en distintos segmentos. La recreación es uno de ellos. Y tanto la playa como la noche se distribuyen una buena porción del dinero que traen los turistas.
A pesar de esta percepción cada día más confirmada por estudios estadísticos de distintas cámaras sectoriales y fundaciones locales, el alojamiento sigue teniendo un fuerte componente en la generación de ingresos para los marplatenses. Y este año fue importante la decisión de los martilleros de no tocar los precios obtenidos la temporada pasada. A esa postura se sumó el hecho de que los hoteles sólo incrementaron sus valores en un 8%, poniendo a nuestra ciudad en un excelente punto de partida para una competencia fuerte: las ciudades de la Costa Atlántica, Brasil y Uruguay.
Efecto logrado
El resultado obtenido fue bueno. En el recambio turístico, o transición de la primera quincena a la segunda, se pudo advertir que el saldo de los primeros quince días del año dejó muy buenos números. El presidente del EMTur, Pablo Fernández Abdala, dijo que “han arribado a Mar del Plata alrededor de 670.000 turistas. Es un número muy importante y está holgadamente por encima de los años anteriores”.
Y es así, aunque hay que señalar dos aspectos fundamentales. En enero de 2009 la temporada de verano casi ni existió, en plena ebullición de la crisis económica internacional la gente optó, en su mayoría, por no realizar grandes gastos. Mientras que en años anteriores, durante el calentamiento de la economía argentina de las temporadas de 2007 y 2008, muchos argentinos pudieron vacacionar fuera del país.
Con respecto a este último punto, los operadores inmobiliarios de Uruguay coinciden en que a Punta del Este le falta la presencia de turistas de nuestro país. Hay una razón lógica: los precios están muy caros. Un departamento de tres ambientes, en enero, se alquilaba allí entre u$s 20.000 y u$s 30.000. Algunos ofrecían locaciones que llegaban a los u$s 80.000 para el primer mes del año en La Mansa. Con esas tarifas, los turistas nacionales replantearon la situación; y aunque algunos continuaron con la tradición, varios desertaron y eligieron destinos de la Costa Atlántica, como Pinamar y Cariló. Al compás de ese corrimiento, otros que antes estaban en esas ciudades del litoral marítimo bonaerense se trasladaron a Mar del Plata.
Sin embargo, Mar del Plata también recibió turismo internacional en los primeros quince días del año. Desde el EMTur aseguraron que “como dato saliente, han arribado a la ciudad casi 8.000 turistas extranjeros, lo que supone un incremento muy importante, de casi el 50% respecto del año pasado”. Frente a esta situación, Fernández explicó que “es muy importante y pretendemos seguir trabajando en la internacionalización de la ciudad en todos sus aspectos y, por supuesto, el turístico”.
Tema pendiente
Uno de los aspectos críticos es cómo llega la gente a Mar del Plata. En primer lugar hay que decir que el 80% de los veraneantes lo hace en vehículos particulares. Esto produce una saturación de las cocheras, y por ende se genera un incremento en los precios de las unidades de locación. Por ejemplo, la hora de estacionamiento en el centro está entre $ 6 y $ 10, en tanto que la estadía arranca en los $ 40.
En las últimas horas, la Comuna ha manifestado su voluntad de recibir propuestas para la construcción de nuevas cocheras. Esto es fundamental, no sólo para atender la demanda de verano sino también para ordenar el tránsito durante el invierno.
El segundo aspecto a destacar tiene que ver con los servicios de colectivos de larga distancia y las condiciones laborales de los choferes. Un informe del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, realizado en la Terminal de nuestra ciudad y en el marco del Operativo Verano 2010, arrojó un resultado alarmante: el 90% de los choferes inspeccionados no había cumplido con las horas de descanso necesarias entre viajes.
En términos generales, es absolutamente grave. Porque la seguridad vial no solamente pasa porque los vehículos que circulan lo hagan cumpliendo la reglamentación técnica, sino que la persona que los maneja debe estar lista y preparada para poder guiar un vehículo.
Y cuando se trata de transportar personas, la responsabilidad debería ser mucho mayor; como también la sanción en caso de que no se cumpla con lo estipulado de antemano.
Mar del Plata está viviendo un enero como hacía tiempo no se registraba. Es de esperar que sirva como motorizador de una economía que necesita un envión fuerte para poder recuperar la dinámica de años anteriores.
La ciudad está al borde del quebranto económico, y el Intendente pretende tapar el enorme agujero negro con una desmedida suba de tasas impositivas. El gasto en sueldos se triplicó, pero las cuentas dependen hoy en día de los favores que hacen la Provincia y la Nación a esta administración. Una vergüenza que esconder bajo la alfombra.
Hace unos días, los marplatenses fuimos sorprendidos por una importante pegatina en la vía pública con el rostro de Florencio Aldrey Iglesias y la leyenda Aldrey + Otero = Mafia. Lástima que esta clase de verdades se vuelquen de manera anónima, lo cual le resta impacto y verosimilitud al asunto. El tema fue recogido por distintos medios de comunicación, que reprodujeron el libelo, continuidad de una volanteada que, con la misma foto, se había desparramado anteriormente por toda la ciudad con otra leyenda: “Gallego, dejá de robar”.
Persona travesti al que la Justicia de Córdoba le otorgó la guarda de dos pequeños que eran maltratados por sus padres.