Columna21.02.2010 | Sin saber para dónde mirar cuando nos dan los índices de inflación, los argentinos terminamos optando por el único indicador claro: el bolsillo. La batalla de estadísticas y la guerra fría de los números. ¿De cuánto es la inflación?
“El costo de la vida sube otra vez”, cantaba Juan Luis Guerra, en una descripción casi contestataria de lo que ocurría en su tierra natal años atrás. En Argentina, empieza a suceder lo mismo.
Sin embargo, los indicadores oficiales disimulan la situación y dejan de ser creíbles. Y cuando uno escucha a cinco consultores privados que miden diferentes niveles de inflación debería preguntarse por qué los cinco no coinciden, si hallar un dato estadístico debe ser algo más técnico que opinable.
A pesar de los dimes y diretes, de las camufladas cifras que arrojan el INDEC y las crudas estimaciones que aportan los privados, la gente tiene la sensación de que cuando va de compras algún precio se modificó fuertemente.
En efecto, hay inflación. La inflación se registra cuando se advierte estadísticamente una suba generalizada de precios. Ergo, aumentan los alimentos, los servicios públicos, los bienes durables, los salarios, entre los principales indicadores. Se puede notar que por lo menos los primeros dos cumplen con la premisa, los otros no tanto.
Los matices
También existe reacomodamiento de precios cuando un determinado bien sufre un retraso en su valor y se adecua a una nueva realidad. La carne es el caso. En Liniers, el novillo Lin. terminó en $ 6,19 el kilo vivo en pie durante la semana pasada. En diciembre estaba en la franja de los $ 3,45. Esto impulsó fuertemente los precios, buscando una realidad disimulada.
Pero el precio de la carne es una de las tantas ponderaciones que se realizan para poder llegar al índice inflacionario.
En este caso en particular, y sin negar que haya inflación, la carne debe ser analizada de manera diversa. Es evidente que no hay la misma cantidad de carne que en años anteriores. El volumen necesita 700 millones de toneladas para que los argentinos consumamos este año lo mismo que lo que comimos el año pasado. Como el negocio, para ser rentable, necesita un monto de dinero acorde a sus costos y rentabilidad, y hay 700 millones menos de carne para vender, es evidente que para llegar a ese monto "x" los operadores elevarán el precio del producto a fin de no perder.
Están a la vista los dos casos puntuales de inflación y reacomodamiento de precios. Y se puede concluir, entonces, que hay un incipiente proceso inflacionario que se va a concretar definitivamente si ocurren dos cosas más: si aumentan los servicios públicos -algo donde el Gobierno puede incidir absolutamente porque es quien fija las tarifas- y si se incrementan los salarios, más allá del equilibrio que la economía resistiría para mantener tanto circulante como bienes de cambio y servicios se pudieran adquirir con ese dinero. Si el circulante supera a los bienes, estaremos nuevamente en problemas.
La batalla de los datos
Los precios al consumidor mostraron en el arranque del año un incremento del 1,0%, según informó el oficial Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Los encuestadores privados habían dicho, a principio de semana, que la inflación de enero oscilaba entre el 2% y el 2,4%.
Según la ex funcionaria del INDEC, Graciela Bevacqua, lo que hay es una suba generalizada de los precios; y agregó que “no hay explicación para que todo suba en simultáneo, lo que hay es una generalización de la inflación”.
Desde su consultora Buenos Aires City, Bevacqua opinó que en la inflación de enero “no es todo estacional”, sino que los aumentos se dieron “fundamentalmente en alimentos” y estimó que “el piso (de inflación) para 2010 es de 18 a 20 por ciento”, por lo cual advirtió que hay “un escenario complejo”.
Esta semana, la Asociación de Consumidores Libres que encabeza Héctor Polino difundió su indicador basado en 38 productos de la canasta familiar. La progresión mensual de aumento de ese índice, desde el 1º al 31 de enero, fue del 2,04%.
Los economistas Jorge Todesca y Gonzalo Bernat, de la consultora Finsoport, advirtieron que “si se toma de manera acumulada el período 2008-2010, el registro de inflación suma el 65%".
El terreno estimado
Entre las estimaciones que realizan las consultoras privadas, los economistas ven un posible piso de 1,5% para este mes. Dicen que será impulsada por nuevas subas de precios de los alimentos y el arrastre de enero.
En el año, la inflación llegaría al 20%. Ese es el cálculo de las encuestadoras que se lanzaron a pronosticar el índice inflacionario para 2010, relevando un nivel del costo de vida superior al del 2009.
Ecolatina, la menos negativa de todas, anticipa un aumento inflacionario del 18%, mientras que Buenos Aires City pronostica un temerario 30%. En el medio aparece el IERAL, un centro de estudios perteneciente a la Fundación Mediterránea, que habla de un 24%.
De hecho, 15,2% aumentaron en los últimos seis meses (agosto 2009 a enero 2010) los precios de los alimentos, según la medición de Bevacqua. Para Artemio López, la proyección de los últimos tres meses arroja un 21% de inflación anual.
En este escenario, aparecen muchas preguntas. ¿Cómo haremos los marplatenses para tener una ciudad sustentable con una inminente caída en la recaudación, que ocurre naturalmente cuando aumenta la inflación? ¿De qué forma los comercios amortiguarán los precios y hasta cuándo podrán asumir una resignación de rentabilidad? ¿Cómo se equiparará el salario real a los costos, si no sólo se plantea una escalada en los alimentos sino que también los colectivos pretenden aumentar el boleto?
La Cámara Nacional de Apelaciones le dijo al fiscal general Daniel Adler que trabajó poco. Los jueces lo retan por escandaloso, y le dicen que ni siquiera se ocupó de precisar lo que quería decir. Esta vez no funcionaron las órdenes que el fiscal quiso dar desde arriba, ni sus métodos de trabajo tan poco ortodoxos. Aprieta a sus súbditos: los otros no se dejan.
La desfachatez con la que la clase dirigente se presenta ante la sociedad merecería un estudio sociológico profundo. Quienes nos representan, ¿son una proyección fiel de la sociedad? ¿O son una muestra esperpéntica del conjunto, que, merced a su falta de escrúpulos, puede actuar como lo que no es, la sociedad misma? Difícil pregunta, de compleja respuesta. Porque no es dable creer que Horacio Tettamanti, dueño de Servicios Portuarios Integrales (SPI), o Eduardo Tomás Pezzati, presidente del consorcio portuario y de todo consorcio o ente que haga falta para dar trasiego al dinero público, representen a la sociedad marplatense. Menos aún su jefe político Gustavo Arnaldo Pulti.
El titular de Zona Sanitaria VIII analiza cómo se presentó la gripe A este año comparado con el año pasado y confirma un caso de rubeola en un niño de 4 años en Necochea.