Columna08.11.2009 | Didí, Amarildo, Garrincha, Pelé y Gerson. O si no, podríamos decir Carlos Alberto, Sócrates, Tostao, Clodoaldo y Rivelinho. ¿Quiere más?, hay: Cafú, Roberto Carlos, Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho. Otra: Proyecto, Política de Estado, Nacionalismo bien entendido, Alegría y Convicción. Brasil. O mais grande
No se puede salir campeón del mundo por casualidad ni por favoritismo arbitral, por lo menos no tantas veces. No se puede ganar, goleando y gustando, si no se tiene con qué y “con quién”. Tampoco se puede ser un compañero de reparto y pasar a estrella rutilante si no hay algo especial: un trabajo previo, una decisión, un andar tembloroso pero confiado al subir al escenario, vuelto paso firme a medida que la obra avanza para terminar siendo el más ovacionado por la tribuna o la platea, póngale usted el escenario que más le agrade.
No se puede, insisto, sin esa magia que combina destino manifiesto con desenfado natural, firmeza industrial con sambódromo descontrolado. Eso los hizo campeones del mundo, jugando, divirtiendo y divirtiéndose. Eso los hizo punto de mira de norteamericanos, de indios, de chinos, de rusos, de todos los grandes del sistema. No fue casualidad, ni el favor del juez de línea; no fue Havelange, ni una racha goleadora. Hacen lo que saben hacer disfrutándolo y convencidos. Claro, semejantes resultados convencen a cualquiera.
Mientras los colombianos estudian cómo manejar "todo" el territorio, mientras Venezuela está socialmente partida, mientras Ecuador duda de su futuro, mientras Paraguay aguanta a los arañazos, mientras Argentina vive piqueteada, mientras Chile debate continuidad si o no, Brasil sigue. Y sigue. Y sigue avanzando.
Sencillo y contundente. Sin que los árboles tapen el bosque. Porque tuvo y tiene un gran objetivo: la reducción de enormes disparidades sociales y las formas extremas de pobreza, sin perder su lugar de preeminencia sudamericana. Porque reconoce que hay un problema: cómo conciliar en la práctica las tres aspiraciones, eficiencia productiva, libertades individuales para todos, y reducción sostenida de la pobreza y la desigualdad. Porque sabe que las respuestas son varias, estructurales, macro y microeconómicas, que no se interrumpen demasiado desde 1994 (híper y llegada del Real) hasta el día de hoy. Por aquella época Brasil aspiraba a ser hegemón, en medio de una crisis del MERCOSUR visible. Hoy ni siquiera podemos hablar de "aquél" MERCOSUR. Es otro, son otros los personajes… Y también es otro este Brasil, que ya entró en las Grandes Ligas.
Hacia dentro, Brasil está empeñado en alcanzar la estabilidad fiscal, que exigió incluso reformar la Administración Pública, el Régimen de Previdencia Social y la aprobación de la Ley de Responsabilidad Fiscal; y unificar 27 legislaciones estatales (una por Estado). También exigió mejorar la balanza de pagos (la relación con la Argentina fue "dada vuelta", de deficitaria a superavitaria), estimulando las exportaciones brasileñas a partir de una producción nacional competitiva, gambeteando incluso el aumento del 80% de los precios del petróleo en ese periodo. Por eso, la situación actual no debe ser vista como de imposible resolución. De hecho, los nuevos programas nucleares van en ese sentido. La tercera cuestión macro fue el aumento en el ahorro privado nacional que permitiera inversiones a mediano y largo plazo.
Lo primero en microeconomía fue aumentar la eficacia del Estado (les salió bien), la calidad del gasto público alcanzando la eficiencia en el uso de recursos escasos (les fue regular), y la mayor transparencia (relativamente mal). Por supuesto que la otra cara es la eficiencia privada en producción, costos, competitividad (bien), desarrollo científico tecnológico (regular, aunque en buen camino), sin desatender obligaciones sociales (aprueba raspando). Y sí, así son: la defensa a veces es floja, pero de contragolpe te matan.
En otro plano, con igual nivel de importancia, vienen los temas de infraestructura. Porque "las ventajas competitivas dependen no sólo del stock de activos acumulados por inversiones públicas y privadas, sino también de la eficacia para romper los puntos de estrangulamiento, incorporar nuevas tecnologías y construir una cadena logística que contribuya al aumento de la productividad media de la economía". Es el paradigma que surge del documento oficial "Brasil en el siglo XXI", iniciado en 1999 y actualizado cada dos años, heredero del proyecto "Avança Brasil" (1996-99) y padre de sucesivos Programas Pluiranuales de Acción de ministros y funcionarios (tanto de F. H. Cardoso como de Lula). Política de Estado, de la que muchos deberían (deberíamos) tomar nota.
Ahora, un buen técnico no lo es todo: necesita jugadores que entiendan la música. Por eso quizás el principal activo de que dispone un país es su población. La inversión (eficaz) en educación, cualificación y entrenamiento de su capital humano es la de más alta tasa social de recuperación. Existe una apuesta presupuestaria importante para mejorar la calidad educativa, tanto en la base (96% de escolarización) como en la especialización universitaria, que mejora día a día. Hasta los sectores más combativos (Movimiento Sin Tierra) ponen en esta variable todo su esfuerzo.
Todos los proyectos dependen, siempre, de la calidad de las instituciones y de su funcionamiento, más que de liderazgos (otros, en Sudamérica, apuestan todo al carisma personal). La infraestructura político-institucional brasileña está todavía en construcción, pero se discute, se trabaja en el tema, con visión de mediano a largo plazo, incluyendo la faceta administrativa-burocrática y especialmente la jurídica. Porque "existe una clara interacción entre eficiencia en la llamada ‘gestión de la cosa pública’ por parte del ejecutivo y la eficiencia, presteza y calidad de las decisiones judiciales que afectan al trabajo del ejecutivo" (Pablo Marán, ex ministro de Hacienda y referente habitual)
También el sistema financiero ha tenido modificaciones, tendientes a aumentar la eficacia del sistema y ampliar el crédito (es bajo en relación al PBI). Hoy se está expandiendo al interior -San Pablo siempre fue una aspiradora-, baja el interés y el Banco Central moderó sus exigencias para poder abordar estos problemas macro, micro y estructurales.
Pero hay más por hacer. Primero que nada, asumir la situación actual y futura en relación al pasado ("aunque sea para rechazarlo", diría Hobsbawm). Sin noción del pasado, no habría sentido de futuro. Pero eso se ha logrado: el "Pra frente, Brasil" se escucha desde la más humilde favela carioca hasta el centro industrial paulista más poderoso. Más allá de eventuales diferencias (que las hay) los brasileños saben muy bien de dónde vienen, a dónde están y hacia dónde dirigirse. Muchos en la región pretenden olvidar el pasado, se regocijan con un presente cortoplacista e imaginan futuros de ciencia ficción. El problema es cuando éstos quieren ser socios de aquéllos: las diferencias son de fondo.
En términos reales, la economía brasileña creció (neto) 50% en diez años; no son cifras "chinas", pero tampoco "haitianas". La tendencia no afloja, y es políticamente transversal. Como decía el ex gobernador del DF de Brasilia, Cristovam Buarque: "Tenemos que analizar la sociedad brasileña como una unidad, más allá de nuestras diferencias de clase, intereses y opiniones. Un nuevo camino surgirá de esta conciencia de unidad; un ‘nosotros’ hacia atrás y hacia delante, cuyo beneficiario no es uno u otro: es Brasil".
Estos tipos, acéptese, saben hacer muchas más cosas que jugar al fútbol. Dios (el árbitro), además y por las dudas, les regaló un penal sobre la hora: encontraron petróleo. De adorno, claro, porque ya venían ganando por goleada.
La ciudad está al borde del quebranto económico, y el Intendente pretende tapar el enorme agujero negro con una desmedida suba de tasas impositivas. El gasto en sueldos se triplicó, pero las cuentas dependen hoy en día de los favores que hacen la Provincia y la Nación a esta administración. Una vergüenza que esconder bajo la alfombra.
Hace unos días, los marplatenses fuimos sorprendidos por una importante pegatina en la vía pública con el rostro de Florencio Aldrey Iglesias y la leyenda Aldrey + Otero = Mafia. Lástima que esta clase de verdades se vuelquen de manera anónima, lo cual le resta impacto y verosimilitud al asunto. El tema fue recogido por distintos medios de comunicación, que reprodujeron el libelo, continuidad de una volanteada que, con la misma foto, se había desparramado anteriormente por toda la ciudad con otra leyenda: “Gallego, dejá de robar”.
Critica duramente a los senadores de la oposición por el desinterés de su presencia en el recinto.