Columna29.11.2009 | Hace pocos días el mundo celebró -no es para menos- el final de una obra ignominiosa como fue el levantamiento de un muro para partir en dos a Berlín, a las familias, a los amigos, a las instituciones, a las ideas, casi diría que al mundo. La filtración húngara, la fortaleza polaca, el visto bueno austríaco, el fervor alemán, el entusiasmo de Occidente, lograron derribarlo. Lástima que tan buen ejemplo sea eso: sólo uno, habiendo otros.
Es curioso -¿o debería decir “cínico”?- que muchos de los que consideraron una “Fiesta de la Libertad” a lo ocurrido hace veinte años, hayan transcurrido este tiempo no sólo ignorando la existencia de contextos similares sino a veces alentando o directamente construyendo nuevos muros de separación, de aislamiento, de segregación, de intolerancia. Y si no construyendo, si no alentando, seguramente callando ante la persistencia del problema.
Durante 28 años, 2 meses y 27 días los alemanes “de allá” quedaron separados de los “de acá” con riesgo de muerte en caso de pretender reunirse. De hecho, más de 700 perecieron en el intento y otros 3.000 fueron encarcelados bajo un régimen opresivo. Tanto los antecedentes (el gueto de Varsovia, por citar sólo uno) como este caso particular bastarían para considerar que todo muro es políticamente perverso y humanamente abominable. Pero los sigue habiendo, con su carga de disgregación y temor.
En el mundo se celebró unánimemente el final del Muro de Berlín: EEUU, India, Brasil, Irlanda, Israel, Chipre, España, Arabia Saudita, Corea del Sur, Uzbekistán, todos ellos recordaron la fecha con entusiasmo. Entusiasmo que sería bueno trasladaran a su interior, siendo todos ellos autores de un fenómeno similar: bloquear el ingreso del “indeseable”, que no lo es por sus acciones sino por su pertenencia étnica, racial o ideológica.
Porque EEUU celebra con los alemanes, pero no se priva de la barrera kilométrica que levantó en la frontera con México, alguna vez propuesta por el ex senador Republicano Pat Buchanan y considerada “delirante”; hoy es una realidad con alta tecnología aplicada que ofende a todos. Porque la India, que también se solidariza con el festejo germano, tampoco dudó en levantar paredones, alambradas y fortificaciones en casi la mitad de los 2.900 kilómetros que la separan de Pakistán. Los primeros quieren evitar el paso de inmigrantes ilegales, los segundos pretenden bloquear al “terrorismo pakistaní”. Única y común decisión, la misma que le criticaron a Moscú (por las dudas, India también comenzó a levantar barreras con Bangla Desh para evitar contrabando).
Porque Brasil, al que no dudamos en elogiar en esta página, también tiene lo suyo en técnicas de “apartamiento”. En su caso son las favelas, alrededor de las cuales se levantaron muros con la frágil excusa de que las construcciones precarias y desordenadas destruyen la urbanización buscada y provocan temor en el turismo. Porque Irlanda no le va en zaga, aunque lo disimule en el discurso: las suyas son “Líneas de Paz” (¿?) construidas alguna vez en Belfast para evitar los enfrentamientos entre católicos (republicanos) y protestantes (Orden de Orange). Supuestamente eran “por un tiempo”; llevan más de 30 años y nadie habla de erradicarlas definitivamente, sólo unos pocos tramos han desaparecido desde 1970 hasta hoy.
¿Y qué decir de Israel? Cuando en 1967 ocupó -entre otras tierras- la Cisjordania palestina, Naciones Unidas fue terminante: tendría que devolver inmediatamente lo ocupado. “Inmediatamente” debe querer decir otra cosa en Tel Aviv, porque van 42 años y no cumplieron. Peor aún, pese a haber sido un pueblo -el judío- que sufrió detrás de barreras criminales, ahora se vuelve victimario levantando un muro que no sólo ha sido declarado ilegal por la Corte Internacional de Justicia de la ONU (a la que ignoran) sino que además lo hacen corriendo la línea “verde”, es decir, apoderándose de más y mejores tierras palestinas. Hasta ahora el 58,3% está construido; y para cuando se complete, el 85% del muro estará dentro del territorio cisjordano original. Sensores, barreras de arena, puestos de observación artillados, carros blindados de patrullaje se aseguran de que hasta los escolares tengan problemas para atravesarlo. Por supuesto que al gobierno de Netanyahu le pareció fantástica la celebración alemana por la caída de un muro tan vergonzoso como el que él mismo levanta.
Si de paredones viejos hablamos, no podríamos olvidar el de la pequeña Chipre que desde 1974 separó a turcos y griegos con alambres de púa y toneladas de concreto. Hasta hubo una zona de exclusión, tierra de nadie monitoreada por la ONU (hubo contingentes argentinos) para evitar más conflictos. En 2003 se permitieron cruces, pero no se derribaron las vallas. Ahora, si quiere otro nuevo, el que la democrática España comenzó a construir en Ceuta y Melilla, ciudades autónomas en suelo africano, puerta de entrada de la migración magrebí. Seis metros de altura, difusores de gas lacrimógeno, cámaras que filman incluso de noche, así de amable es el español anfitrión, olvidado de lo que fue su condición de visita a tiempo completo.
Otro que envió dignatarios a Berlín para estar presente en el magno aniversario: Arabia Saudita. Ni “mu” dijeron de la barrera de concreto, tuberías y sacos de arena (obvio) de largos kilómetros en la frontera con Yemen, vecino pobre del que desconfían históricamente. Y a no olvidarse de lo que Clinton describió como “el lugar más espantoso del mundo”: la valla de seguridad de 240 kilómetros entre las dos Coreas, creada en 1953 después del alto el fuego. Como en el caso chipriota, hace pocos años se ha permitido el reencuentro familiar… a cuentagotas y con las barreras en pie. La del Norte no dijo nada por Berlín (por cuestiones ideológicas); el Sur adhirió a la algarabía mundial.
No se salva Uzbekistán, alambrada y custodiada fieramente para evitar que los militantes del Movimiento Islámico de Kirguistán (su vecino) hagan pie en su territorio. Paranoicos los uzbekos, también alambraron la franja sur con Afganistán y sembraron minas antipersonales en el reducido límite con Tayikistán. Pero vamos, que hay más: el paso por tierra está bloqueado entre Marruecos y la población originaria saharaui. Botswana y Zimbabwe, que harían mejor en juntarse para resolver gravísimos problemas comunes. Pero prefirieron cercar la frontera: Botswana acusó que pasaba ganado con aftosa, pero la realidad es que no quiere el aluvión de vecinos hambreados hasta la desesperación. Los iraníes andan en algo parecido: levantan un muro en Beluchistán, frontera con Pakistán, para detener -dicen- el tráfico de droga. Que les pregunten opinión a las familias beluchis que quedaron a ambos lados de la pared.
En su momento, allá por fines de los ´80, los alemanes de Berlín Oriental clamaban “somos el pueblo” para hacer llegar su reclamo a Gorbachov. Aquella noche de 1989 cambiaron el grito por otro más simbólico: “somos un pueblo”, abrazados a sus hermanos de Occidente. Bien, mal o más o menos, están unidos. Son uno, y está bien. La barrera cayó. Quedan otras, diferentes, claro, pero tan vergonzosas como aquella que cayó y por la que festejó el mundo.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.