Columna06.12.2009 | "Nada es más necesario que la verdad y, con relación a ella, todo lo demás no tiene más que un valor de segundo orden" (Federico Nietzsche). "La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio" (Marco Tulio Cicerón). Dos elecciones. Dos mundos diferentes: la cara de la democracia uruguaya, la patética careta hondureña.
Conste: esto va más allá de cualquier resultado y de cualquier ideología, porque no es ese el perfil de la nota. El tema es más conceptual, está mucho más ligado al deber ser del sentido de la Democracia, de la convivencia civilizada, del respeto a las mayorías, que a la pertinencia o no de ser amigo de Obama, de Chávez o de ninguno de los dos.
Fue poco menos que una paradoja de la historia la que vivimos hace apenas siete días, cuando el país con la democracia más vieja de Latinoamérica elegía presidente el mismo domingo que lo hacía el país con el gobierno de facto más nuevo del continente. Cara y ceca que deja -o debería dejar- lecciones para todos.
La cara…
Caso excepcional en el contexto político latinoamericano, recibe los máximos puntajes internacionales en materia democrática por parte de las instituciones calificadoras. La más conocida, “Freedom House”, puso a Uruguay al tope del respeto por los derechos políticos y las libertades civiles en Latinoamérica, muy por encima de sus pares (En “Latinobarómetro” comparte con Costa Rica). El BID lo ubica con el país centroamericano y con Chile en el mismo podio.
Esto no es ocasional, ni reciente. Es el resultado de una temprana implantación de la democracia, y de una cultura generada en derredor de ella. Formalmente puede decirse que la Constitución de 1918 es la que erige el sistema, pero lo cierto es que sus partidos políticos la anteceden largamente (desde la Batalla de Carpintería, donde los bandos se enfrentaban con cintas rojas unos, blancas los otros, en 1836).”Fusionistas” y “principistas”, “Caudillos” versus “Doctores” demostraron ser por más de siglo y medio la base estable, permanente y racional de la amalgama política de la sociedad uruguaya. Por eso sólo un golpe militar (1973-1984), que hasta por vergüenza ajena intentó disimularse a sí mismo instalando un civil -títere- como presidente. Un golpe en dos siglos. No me atrevo a comparar.
Por eso las elecciones fueron picantes pero no violentas. Por eso el ballotage se vivió como un trámite. Por eso un ex tupamaro (¡horror, amoroso!) comparte fórmula con un técnico “políticamente correcto” (Danilo Astori). Porque todo en Uruguay es así; porque, como el agua, tiende al equilibrio. Rara avis en estas latitudes.
Por eso “El Pepe” pidió a Blancos y Colorados que acompañen, por eso Lacalle le agradeció a Tabaré Vázquez (presidente opositor) toda su cordialidad y apoyo técnicamente neutral durante la campaña. Por eso votaron en masa, no alcanzando cifras récord porque el clima jugó una mala pasada. Por eso no hubo un ejército desplazado por las calles para custodiar nada que no pudiera hacerse en un marco de estricta normalidad. Por eso salieron a festejar -bajo la lluvia- sin que otros intentaran arruinar la fiesta. Por eso a Mujica lo reconocerán todos. Por eso Tabaré se va con la frente alta y el agradecimiento de las mayorías. Por eso los orientales están entre el 7 y el 9 en la escala de “Transparency International”.
Uruguay, la máscara sonriente (a imitar)
… y la careta
Dijo don Roberto Herrera Cáceres, referente político y jurídico de Honduras: “en el ejercicio de la Democracia debe estar siempre presente lo cierto, genuino y verdadero de la representación conferida, que es verificable por el contacto y las respuestas sistemáticas a las necesidades del pueblo como custodio de la soberanía del Estado, de la cual emanan los poderes públicos y su legitimidad”. ¿Eso es lo que ha ocurrido el domingo pasado en Honduras? ¿Ha sido el pueblo el custodio de la soberanía? ¿De él surge la legitimidad de quien ha ganado ese simulacro de elecciones?
Definitivamente, no es así. Treinta mil hombres armados hasta los dientes (¿tiene idea de la magnitud de la cifra? La mitad de los que EEUU tiene en Afganistán). Ésos fueron los “custodios”, no la sociedad. ¿A qué le temía tanto el señor Micheletti?
¿Puede decirse que haya legitimidad partiendo de una base ilegítima? De una planta infectada, ¿pueden salir frutos impecables? El gobierno de facto logró su objetivo: estirar el proceso hasta llegar al 29 de noviembre para darle una mano de pintura barata a la ilegalidad, y ponerle un cartel de “democracia” con minúscula, ante la negativa ya cantada de varios presidentes -de todo el mundo- que no reconocerán lo operado.
No importa, por cierto, en tanto se pueda mantener el sistema tal y como viene operando desde hace cincuenta años: un país empobrecido con dirigentes y comerciantes ricos. La diputada hondureña Orfilia Carranza llegó a pedir, en el año 2004, el cierre de la Fiscalía de la Corrupción porque “se dedica a hacer show, o nada. No podría meter preso ni a Al Capone” (“El Heraldo”, Tegucigalpa, 21/05/04). No hizo más que ratificar lo planteado dos años atrás por el ex subsecretario de Finanzas, Danery Funes: “El monto de evasión fiscal del sector empresarial es de más de 10.000 millones de lempiras. Es enorme el número de empresarios que cobran Impuesto Sobre las Ventas a los clientes, pero no entregan lo recaudado al Estado” (mismo diario, 7/11/02). Clamaba en el 2006 Herrera Cáceres: “Señor embajador (de los EEUU), ayúdenos a mostrar la historia de Honduras en los últimos 50 años. Obligue a que la justicia sea pareja para todos”. El embajador (Anthony Ford) no operó en tal sentido. Pocos siguieron quedándose con lo de muchos. Y cuando se vieron en peligro volvieron a lo peor del pasado latinoamericano: el golpe
Claro, para esta clase de personajes basta que la Casa Blanca legitime, con esa particular manera que tiene de evaluar un mismo acontecimiento en dos lugares o con dos actores diferentes. Zelaya era un peligro para la democracia porque quería reformar la Constitución y ser reelecto. En cambio, Uribe (Colombia) es un garante de la democracia, y por eso es bueno que modifique la Constitución para ser reelecto.
Y bueno, por eso no hay nadie a quien “agradecerle”, porque quien está no fue electo, y es el padre putativo de una democracia que no es tal. Por eso hubo atentados incruentos en los días previos. Por eso la notable abstención ciudadana. Por eso el que “garantizó” fue un coronel (Jorge Hernández, de la Iº Brigada de Tegucigalpa). Por eso no todos salieron a festejar. Por eso a Lobo lo reconocerán pocos. Por eso Micheletti entrará ignominiosamente en la historia. ¡Ah!, perdón, casi lo olvido: por eso están en el puesto 126 de “Transparency International”.
Honduras, la máscara triste (de la que escapar)
La ciudad está al borde del quebranto económico, y el Intendente pretende tapar el enorme agujero negro con una desmedida suba de tasas impositivas. El gasto en sueldos se triplicó, pero las cuentas dependen hoy en día de los favores que hacen la Provincia y la Nación a esta administración. Una vergüenza que esconder bajo la alfombra.
Hace unos días, los marplatenses fuimos sorprendidos por una importante pegatina en la vía pública con el rostro de Florencio Aldrey Iglesias y la leyenda Aldrey + Otero = Mafia. Lástima que esta clase de verdades se vuelquen de manera anónima, lo cual le resta impacto y verosimilitud al asunto. El tema fue recogido por distintos medios de comunicación, que reprodujeron el libelo, continuidad de una volanteada que, con la misma foto, se había desparramado anteriormente por toda la ciudad con otra leyenda: “Gallego, dejá de robar”.
Persona travesti al que la Justicia de Córdoba le otorgó la guarda de dos pequeños que eran maltratados por sus padres.