Columna31.01.2010 | Celebro el compromiso político de quienes no pertenecen al círculo vicioso de los aparatos partidarios que reciclan fracasados que se presentan a sí mismos como si nunca hubiera tenido responsabilidad alguna en nuestros pesares. Felicito a los que deciden intentar un cambio necesario. Pero un cambio. No más de lo mismo con otro nombre.
Respeto a la persona y al profesional del arte que hay en Pino Solanas. Creo incluso compartir algunos (no todos) de sus postulados. Y reconozco que no pocas de sus denuncias, por lo general fílmicas y documentales, tienen un contenido que merece mayor difusión e investigación por parte de las autoridades públicas. Es saludable ver cómo desde una edad y posición en la que podría vivir con relativa tranquilidad, asume compromisos personales que pueden ser costosos en dinero y salud. Es notable apreciar la fuerza con la que consigue que la juventud, al menos dos generaciones debajo de la suya, lo siguen como referente. Todo eso es un capital importante, que tuvo sorpresiva expresión en las últimas elecciones, donde quizás ni él mismo esperó el caudal de votos obtenidos en Capital Federal. Es bueno, incluso, que intente ampliar su propuesta, federalizarla, lo que ha sido también uno de sus caballitos de batalla.
Ahora, ¿qué necesidad hay de arriesgar ese incipiente espacio poniéndose a la cabeza de una causa que no sólo transita vía muerta, sino que “él sabe, o debe saber” que es así? Si lo sabe, está aprovechando un discurso efectista pero no efectivo, y con eso cae en los mismos vicios que quienes dice querer desplazar. Si no lo sabe, debería saberlo y comenzar por cambiar a algunos de sus asesores, porque lo están llevando a hacer y prometer en la misma ineficaz medida de lo que critica.
La deuda externa argentina será ilegítima; no se lo discuto. Pero esa misma deuda externa argentina fue legitimada, que no es lo mismo. Y sobre ese error de cálculo hemos navegado desde 1983 hasta acá, sin posibilidades de revertirlo aunque sí es posible abrir otros caminos de negociación. No sirve, Pino, con todo respeto, no sirve el discurso petardista sobre una base equivocada. Porque puede ocurrir lo peor: transformar en descreídos a su mejor capital, al mejor capital del país que es la juventud que, por ahora, lo sigue… Porque le cree. Aprovéchelo, hombre, no lo dilapide.
Las “deudas ilegítimas” en el Derecho Internacional están contempladas en la Doctrina de las Deudas Odiosas, de Alexander Sack (jurista ruso). Cuando EEUU le gana la guerra a España por la posesión de Cuba, la isla “debía” dinero a la Corona. EEUU argumentó que esa deuda no tenía sustento legal y moral, porque "fue impuesta al pueblo de Cuba sin su consentimiento", el argumento de Solanas y Cafiero. Fueron deudas creadas por los españoles para su beneficio y por sus agentes, por lo tanto no podían considerarse "cubanas" ni recaer sobre otro Estado sucesor. La clave era que se contrajo con propósitos ilegítimos y por contratantes ilegítimos.
Ese fue el origen de las llamadas “deudas odiosas", desarrolladas en una etapa de cambios donde desaparecían colonias, surgían nuevas naciones y se corrían fronteras. Sack sostenía que la responsabilidad por la deuda pública debía permanecer intacta, pero que, cuando las deudas no habían sido generadas en interés del Estado, no estaban comprendidas por esta regla general. "Esta deuda -afirmaba- no es obligatoria para la Nación, es una deuda del régimen, una deuda personal del poder que la ha contraído, y en consecuencia cae con el derrumbe de ese poder". EEUU adoptó la idea y la aplicó a sí mismo: se “hizo cargo” de Cuba y desconoció la deuda con España.
Hasta ahí, hubiéramos caído perfectamente en ese esquema porque el grueso de nuestra deuda externa fue adoptada por un régimen militar, antidemocrático, a espaldas del pueblo y sus instituciones. Algo así argumentaron los alemanes al final de la Segunda Guerra, para evitar el pago de las obligaciones tomadas por Hitler (desde 1936); y de hecho, consiguió una importante quita del 50% entre capital e intereses.
Pero nosotros no lo hicimos. Terminado el proceso militar, el retorno a la democracia se hizo en un clima institucionalmente festivo pero económicamente comprometido. Alfonsín era un radical típico, de buena madera para las cuestiones políticas y el discurso principista, pero muy flojo de papeles en economía (un clásico en la historia de la UCR). La imagen argentina en el mundo era desastrosa no sólo por la brutalidad del régimen militar y su contrapartida de violencia de grupo, sino además por ese absurdo imperdonable que fue la guerra de Malvinas, donde perdimos en todos los frentes. La disyuntiva del nuevo gobierno democrático era: lavar un poco la maltrecha cara, o apostar doble denunciando la deuda como “odiosa” y discutir fuertemente el tema con los organismos financieros internacionales que, en aquél momento, estaban mucho más fuertes que hoy.
Alfonsín optó por mostrarse políticamente correcto, fortalecer la democracia, recuperar las instituciones… y sentarse a negociar la deuda en vez de plantarse y exigir la quita a la que jurídicamente podía apelar. En el mismo momento que habló de renegociar los pagos, legitimó lo que era ilegítimo. Prevaleció en él la vocación por levantar la alicaída Argentina en lo político, sin apreciar las consecuencias que traería mostrar los dientes donde había lugar para mostrarlos. Creyó en la “buena voluntad” de los acreedores, y seguro que Ud., Pino, Ud. Cafiero, recordarán aquella frase de “les hablamos con el corazón y nos contestaron con el bolsillo”. Los acreedores, en el sitio donde tenemos el corazón, tienen una calculadora.
Allí murió el derecho a proclamarla “deuda odiosa”. Quedamos fuera de los parámetros. Ni siquiera critico al gobierno radical, fue una evaluación política, que no comparto pero que democráticamente acepto. Fue priorizar una cosa sobre otra. Fue calcular mal la reacción de los interlocutores. Lo que sea. Pero lo indiscutible es que una muy buena puerta se cerró. Mejor dicho, nosotros la cerramos. Pino, juraría que Ud. lo sabe, pero si no lo sabe hable con sus asesores. Porque los chicos le creen, los chicos lo acompañan. Porque es bueno ver caras nuevas. Porque, le juro, aunque no esté de acuerdo en muchas cosas, valoro su compromiso. Cuídelo, porque si frustramos a la juventud, si le dibujamos la verdad, otra generación se va a perder y este país (tan rico, tan intacto aún) no se levanta más.
Hábleles claro, dígales que recuperaremos la pelea por el ajuste unilateral de intereses: lo hizo Dominicana en 1989 ante la ONU, lo hizo el Grupo de los 77 en 1995. Lo reclamó Perú dos años después, se volvió a plantear en la reunión del Parlamento Latinoamericano de Montevideo en el 2000. Nunca hubo suerte, pero la chance está vigente. La ilegitimidad de la deuda, no.
Y no argumenten sobre el juicio de Olmos-Ballesteros. Ese juicio es “interno”, su fallo no tiene validez jurídica internacional, y está destinado más bien a los sinvergüenzas que gestaron la deuda. Pero sinvergüenzas locales: M. de Hoz, Walter Klein y varias empresas que tomaron avales del Estado, dejaron de pagar y nos clavaron a todos.
Insisto Pino, con el máximo respeto: si va a abrir una puerta nueva, alternativa a los fracasados de siempre, enhorabuena. Le deseo todo el éxito. Pero así no. Con la verdad, con lo viable, con lo posible. No con lo efectista que eso vale para movilizar corazones ante una pantalla de cine, pero que “descorazona” a los que sueñan con algo nuevo y, si es posible, mejor.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.