Columna22.11.2009 | A estas alturas ya sabemos que le gusta presentarse como el primero en todo: el primer presidente norteamericano negro, el primer presidente de su país en ganar el Premio Nobel de la Paz estando en ejercicio. Y por estos días se presentó como el primer presidente norteamericano del “Pacífico”.
Lo cierto es que Barack Obama, en su viaje al Asia, optó por recordarles a sus anfitriones que él había crecido en Hawai e Indonesia: "como primer presidente norteamericano del Pacífico, prometo que esta nación del Pacífico reforzará y mantendrá su liderazgo en esta parte tan vitalmente importante del mundo", señaló en Tokio.
En su viaje elogió la creciente influencia de China en el panorama político mundial, y destacó que su país espera una mayor y más estrecha cooperación con la región asiática del Pacífico.
“Nosotros saludamos los esfuerzos de China por jugar un papel más importante en el mundo, un papel en el que el crecimiento económico sea acompañado por una creciente responsabilidad”, dijo Obama. La mayor influencia de un país no debe ocurrir a costa de otros estados, agregó. Claro, ahora piensan así porque no es Estados Unidos el que gana influencia; durante más de un siglo, crecer a costa de otros no fue algo que les molestara demasiado.
Pero lo cierto es que esta gira ha demostrado claramente la recomposición de las relaciones internacionales, y presenta sin duda alguna el final del dominio absoluto de Occidente que se había impuesto en la primera mitad del siglo XX. Esta es una realidad reconocida ya oficialmente, por ejemplo en Francia, donde en papeles oficiales como el “Libro Blanco sobre la defensa y la seguridad nacional”, aprobado por el gobierno de ése país en junio de 2008, se puede leer: “El mundo occidental, es decir, principalmente Europa y Estados Unidos, no es más el único poseedor de la iniciativa económica y estratégica en el sentido que todavía tenía en 1994”.
Estamos inmersos en un mundo que experimenta cada vez más un poder distribuido, en lugar de una vieja y conocida concentración de poder. Ningún gran Estado piensa en transigir con sus intereses nacionales. Cada uno pelea por el control de sus materias primas minerales, que se han convertido en más escasas y más caras, principalmente el petróleo y el gas. Todos pelean por proteger su capacidad de alimentar a su población con una producción agrícola insuficiente y amenazada por el recalentamiento climático; y protegen sus intereses geopolíticos basándose en su geografía y su historia: lo hace China con Taiwán y el Tibet, India y Pakistán en Cachemira, Serbia en Kosovo, Rusia en el Asia Central.
El continente asiático no es una zona fácil, es más bien históricamente peligrosa. Y la existencia de programas en general clandestinos, de armas nucleares, químicas y biológicas agrava este peligro. Los países de esta región adquieren, abiertamente o no, capacidades militares en gran cantidad, apoyadas en vectores aéreos y misilísticos.
Obama parece estar convencido de poder lograr la cooperación china en varios temas internacionales, como el cambio climático, la recuperación económica y la no proliferación nuclear. "Es difícil que triunfemos en nuestras metas sin trabajar juntos. Y ése es, creo, el propósito de la sociedad estratégica, y es por eso que el viaje a China es tan importante", dijo el mandatario estadounidense.
Obama elogió los aportes de China para impulsar la coyuntura económica, así como para mejorar la seguridad y la estabilidad en Afganistán y Pakistán. Pekín, subrayó, también tiene la responsabilidad de evitar la proliferación de las armas nucleares.
Desde el lado chino, los líderes comunistas están preocupados por el proteccionismo comercial mostrado por el mandatario estadounidense. Y los disidentes y activistas muestran desconfianza porque, desde que asumió, Barack Obama no ha condenado abiertamente el desempeño de Beijing en materia de Derechos Humanos, y ha mantenido silencio sobre las más que evidentes y persistentes violaciones a las libertades civiles.
Relaciones económicas entre EEUU y China
Al participar en la cumbre del foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), celebrada e Singapur, el presidente chino Hu Jintao afirmó que su país está trabajando duro para incrementar la demanda interna, y que esos esfuerzos contribuirían a reducir los efectos de la crisis internacional y a recuperar el crecimiento económico mundial. Y se anticipó a las críticas defendiendo su manejo de la crisis y cuestionando a Washington por su proteccionismo comercial.
Pero la verdad es que las economías de China y Estados Unidos están muy entrelazadas, y mucho más por el lado de las finanzas que por el del comercio bilateral. Durante la última crisis financiera los llamados desde Washington a Beijing eran constantes. Estados Unidos ya no puede decidir solo sobre las cuestiones financieras mundiales, porque durante décadas los países emergentes compensaron los déficit norteamericanos por medio de la compra de bonos del Tesoro, préstamos emitidos por Washington, tomados en un 80% o 90% en el extranjero.
Japón sigue siendo un fiel comprador de esos títulos. Pero Pekín posee la mayor cantidad de bonos americanos, lo que convierte a China no sólo en el “taller del mundo” sino también en el banquero de de Estados Unidos. Y si incluimos a los otros grandes de la región como Hong Kong, Corea del Sur y Singapur, vemos que Asia absorbe más de la mitad de la deuda estadounidense acumulada en el exterior. A ellos hay que sumar los países exportadores de petróleo, también importantes fuentes de suministros de fondos para la burbuja americana precrisis.
Y como bien dice el refrán, “el que paga al gaitero, marca el compás”. Es posible imaginar la conmoción que se produciría en Wall Street si China redujera su financiamiento, o pensara en dejar de comprar bonos del Tesoro.
Pero también es verdad que la ayuda de Beijín durante la crisis tuvo mucho de autoprotección. Si las cosas se complicaban más para el sector financiero de Estados Unidos, los capitales chinos estarían en problemas, porque la compra de bonos para financiar el déficit de la economía americana es sólo la punta el iceberg. China posee además la mayor reserva mundial de dólares, cerca del equivalente a dos tercios de un año de su producción; si un tsunami financiero arrastrara al dólar en su caída, esa fortuna que conserva el gobierno chino se desinflaría como un globo.
Cualquier caída del billete verde implicaría una suba del yuan, y sobre todo contribuiría a desvalorizar sus reservas; algo así como si en estos últimos años China hubiera cobrado sus bienes y servicios en moneda falsa.
La última crisis financiera provocó no pocas discusiones dentro del Partido Comunista Chino. Los debates dieron sus frutos: el gobierno chino se negó a rescatar algunos bancos estadounidenses. Los aportes chinos, según afirmó un responsable gubernamental, no deben ser considerados más como basurales para activos dudosos ni como sleeping partners, es decir, sin derecho a intervención.
Quizás el primer presidente norteamericano del Pacifico sea más conciente que le de Texas de que la situación internacional ya no da como para andar exigiendo lealtades sin brindar nada a cambio.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.