Columna06.12.2009 | El proyecto era impresionante y tan grande que, juraban, se iba a ver desde la Luna. La visión del mapa del mundo en medio de tres palmeras, conformado por islas artificiales, iba a convertir a Dubai en el faro inmobiliario del mundo.
Hasta hace unos días sólo llegaban buenas noticias desde este paraíso, aun en medio de una crisis que conmovía al resto del mundo. Dubai tiene el único hotel siete estrellas del planeta, está construyendo el edificio más alto del globo y está creando un archipiélago que recreará a escala los cinco continentes. La mezcla perfecta y exótica del Islam, la ultramodernidad y la opulencia. No era una ciudad de otro mundo, aunque a veces lo parecía.
Pero hace dos semanas la ciudad-Estado que nos mostró maravillas como los complejos de esquí cubiertos, en medio del desierto caliente, se convirtió en un centro financiero más que no puede pagar sus deudas. Eso provocó el enojo de la comunidad financiera internacional, que sostiene que la ciudad los había engañado con respecto a sus intenciones sobre la gestión de la deuda.
Dubai siempre se promocionó como un modelo de ciudad global, en una región árabe atrasada que no fue capaz de solucionar sus conflictos o de satisfacer las aspiraciones de su población más joven. La biografía de su ambicioso gobernante, el Sheikh Mohammed bin Rashid al-Maktoum, muestra un hombre con una misión que cumplir en el renacimiento del mundo árabe.
Lo que nadie quería ver es que Dubai gestionó sus finanzas mediante la combinación de un Estado autocrático que se negaba a afrontar la realidad, y una empresa familiar impenetrable totalmente ajena al funcionamiento de los mercados mundiales.
Hoy resulta obvio que el emirato tardó demasiado tiempo en admitir que tenía problemas. Hace un año, cuando todo a su alrededor caía, la imagen que las aseguradoras de riesgo nos daban era la de un emirato demasiado fuerte como para verse afectado por las turbulencias.
Hace apenas unos meses, Nakheel, la promotora inmobiliaria de Dubai World, hoy en el ojo del huracán, reveló sus planes para edificar la torre más alta de Dubai. Las autoridades insistían en que Dubai sabía cómo aprovechar las desgracias de otros. En un clima violento e inestable, se veían como un imán para la gente y el dinero que huía de la volatilidad de otros centros mundiales. Ése era el modelo de Dubai, su milagro.
Pero entonces la tormenta llegó desde el desierto. El primer día de vacaciones por el Eid al Adha, la fiesta del sacrificio de Abraham, y cerca de la fiesta nacional de los emiratos que conmemora el 2 de diciembre de 1971 cumpleaños de las federaciones de los siete jeques, la Dubai World hizo público el estado financiero del coloso de la construcción: la sociedad pidió a los bancos que congelaran durante al menos seis meses el pago de las deudas que vencían y que alcanzaban en conjunto 59.000 millones de dólares.
El poderoso conglomerado estatal Dubai World no sólo solicitó una moratoria por seis meses hasta mayo de 2010 en el pago de sus vencimientos. También anunció planes para reestructurar su deuda por 59 mil millones de dólares, alrededor del 75 % de la deuda pública total del emirato árabe. En lo inmediato, la medida tendrá un impacto sobre los 3500 millones de dólares en bonos que Nakheel, la subsidiaria inmobiliaria de Dubai World, debía pagar durante diciembre. La reestructuración también alcanzará al Fondo de Apoyo Financiero, creado a partir de la crisis financiera internacional para “controlar” la abultada deuda en Dubai.
Si bien la prensa del emirato es muy benigna para con sus autoridades, quizás por amor, quizás por espanto, la situación se intuía desde hacía tiempo. De las tres palmeras que se tenían que hacer, se terminó sólo una. Del archipiélago con forma de mundo, ni noticias. Lo que mantenía la confianza de los inversores eran las cuentas bancarias infinitas de los jeques, no tanto sel de Dubai como las del de Abu Dabi. El emirato que es también la capital del Estado cuenta con los ingresos que le garantizan el crudo que extrae y la familia que lo gobierna, los Al Nahayan, que ya habían intervenido con anterioridad para sanear las alegres cuentas de Dubai.
No faltan quienes afirman que el precio de la ayuda de Abu Dabi para los negocios faraónicos de Dubai es una exigencia para incrementar el conservadurismo religioso, al que la familia reinante de Dubai es alérgica.
Pero a pesar del miedo que provocaron las primeras noticias, la tormenta de arena perdió fuerza antes de golpear a Wall Street, ya que ese lunes era feriado en Estados Unidos y para el martes siguiente los vientos soplaban más tranquilos. Las bolsas europeas se vieron afectadas en la primera jornada luego del anuncio, debido a que los bancos de ese continente poseen una exposición estimada de 40.000 millones de dólares en Dubai; pero también para ellos el martes fue más tranquilo.
Ante los problemas de Dubai para pagar su deuda, en los mercados asiáticos los bancos podrían ser los más afectados, entre ellos los londinenses HSBC Holdings y Standard Chartered, con pérdidas de 611 millones de dólares y 177 millones de dólares respectivamente. Ambos bancos tienen invertidos recursos importantes en el Medio Oriente.
De acuerdo a un estudio realizado por la consultora Dealogic, la suma prestada a Dubai World por los diez principales bancos del mundo alcanza los 31.297 millones de dólares. El documento detalla que las entidades más afectadas son los cuatro bancos británicos de mayor relevancia: Barclays, HSBC, Lloyds Banking Group y Royal Bank of Scotland (RBS).
También los bancos estadounidenses Citi y Goldman Sachs, el alemán Deutsche Bank, el francés BNP Paribas, el suizo Credit Suisse, el holandés ING, entre otros. Se confirmó también la presencia de varias entidades asiáticas como las japonesas Mitsubishi UFJ Financial Group, Sumitomo Mitsui Banking Corp, Nomuro y Mizuho, al igual que China Development Bank Corp.
Pero Dubai World no caerá así nomás: el holding estatal de inversiones del emirato cuenta con multimillonarias inversiones en bienes tangibles, que le reportan más de 30.000 millones de dólares al año. Tiene intereses en infraestructuras, es el tercer operador portuario del mundo; posee propiedades inmobiliarias, transporte y logística, servicios financieros y recursos naturales.
Si somos justos, los planes de Dubai para reestructurar sus empresas e invertir recursos en los activos más viables podrían ser sensatos. Pero dado que los detalles sobre cualquier estrategia a seguir se consideran secreto nacional, y que las decisiones se toman a través de las intrigas de palacio en un estilo muy árabe, a la ciudad y al resto del mundo no les queda más remedio que decidir en base a rumores y especulaciones.
¿Por qué se tardó tanto en reconocer el problema? Porque el orgulloso Sheikh Mohammed se negaba a ser rescatado por su vecino más rico, posiblemente por miedo a que eso dañara la imagen de Dubai y limitara su independencia. Pero nada es gratis, ni siquiera en el paraíso.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.