Columna10.01.2010 | Existen modas extrañas. La de vender a la India como una exitosa nación colmada de clase media, es una de ellas. He leído y escuchado a más de una persona que habla de ese subcontinente como un modelo exitoso, sin tener en cuenta que sigue siendo uno de los países con mayores niveles de pobreza del mundo.
La India es un subcontinente con más de 1.100 millones de habitantes. Todo es gigante; sus éxitos y sus fracasos, también. Y como todo país enorme, encierra en su interior grandes contrastes. Pero ante tantas loas y felicitaciones busqué cifras significativas, y las encontré. Mediciones internacionales totalmente objetivas me sirven para comparar a la maravillosa India, no con Suiza ni con Alemania, sino con nuestro maltrecho país. Y he aquí lo que encontré.
La esperanza de vida al nacer en Argentina es de 75 años; en la India es de 65, diez años menos. La mortalidad materna, uno de los cinco objetivos del milenio, es de 82 mujeres cada 100.000 nacimientos en nuestro país; en India, de 540 mujeres cada 100.000 partos. La mortalidad de niños menores de 5 años es de 18 cada 1000 por aquí, y de 85 cada 1000 en India. La malnutrición infantil es de un 47% en India contra el 8% en Argentina, aunque sospecho que en esta medición de nuestro país los datos de la ONU se quedaron un poco cortos.
India se vende como un polo de turismo médico. Pacientes del primer mundo realizan su viaje con tratamiento odontológico o de cirugía plástica incluido. Pero la realidad para el pueblo indio es que cuentan con 51 médicos cada 100.000 habitantes; a diferencia de nosotros, que contamos con 301 médicos para la misma cantidad de pacientes.
La tasa de alfabetización en Argentina es del 97%, tanto en hombres como mujeres. En la India, para los hombres es del 73%, pero entre las mujeres es del 48%. Cuentan con 83 televisores cada 1000 habitantes, contra 326 nuestros. Y además, el 34,7% de su población vive con menos de 1 dólar por día, contra 8% de nuestra población que también lo hace. Y podría seguir indefinidamente.
Que la India ha mejorado con respecto a las décadas anteriores, es innegable. Pero que me la quieran vender con moño incluido, como uno de los grandes éxitos de las democracias de mercado a la que hay que imitar, pues mejor busquen por otro lado, porque por acá no tendrán tanta suerte como con los miles de turistas que viajan y vuelven embelezados con el 1% de la realidad que les permitieron ver. Que hay más ricos y más clase media que acá en números absolutos, eso es innegable: son 1.100 millones contra 40. Pero que, en porcentaje, la pobreza sea infinitamente superior y mucho más denigrante, ni lo duden.
La India tradicionalmente pierde sus mejores enfermeros y técnicos a manos de Occidente. Padece de una aguda escasez de trabajadores de la salud, incluyendo 600.000 doctores, 200.000 cirujanos dentales, 1 millón de enfermeras; además de radiólogos, higienistas dentales, fisioterapeutas y técnicos de laboratorio. En India hay una enfermera por cada 1.000 pacientes, comparado con las 11 enfermeras que hay por cada 1.000 pacientes en Europa.
En algunos países las muertes producto de enfermedades evitables están aumentando y la expectativa de vida está cayendo, sostienen varios de sus funcionarios. Las consecuencias de esta "fuga de cerebros" son graves porque dejan enormes vacíos en los sistemas de salud de estos países, donde enfermedades como el Sida, la tuberculosis y la malaria proliferan y los niños mueren a diario de diarrea.
En India, que tiene el tercer lugar en casos de VIH del mundo, los pacientes pueden pasar días haciendo la fila para ser atendidos o recibir medicamentos en los hospitales de Nueva Delhi; simplemente, no hay suficientes doctores y enfermeras para atenderlos a todos.
En este país el sueldo que se les paga a los médicos es muy bajo, y muy a menudo llega con meses de retraso. Por su dominio del idioma inglés, son contratados para trabajar en las zonas rurales de Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y Australia, donde los nacidos allí no quieren ir; lo mismo sucede con las enfermeras. Los países del Primer Mundo llenan los vacíos con profesionales provenientes de países pobres, cuya formación no les salió un dólar. El resultado es que países pobres como India o algunos del continente africano subsidian la medicina de países poderosos económicamente hablando.
La mortalidad materna en India es 16 veces más alta que la de Rusia y 10 veces más que la de China, según un informe divulgado por la organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW), con sede en Nueva York.
Además, en muchas partes de este vasto país la situación empeora, pese a los diversos programas y planes del gobierno. Unas 80.000 embarazadas o parturientas mueren cada año por causas evitables como hemorragia, eclampsia, sepsis y anemia, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
Entre las principales causas de la gran mortalidad materna, el documento menciona la discriminación de castas, la falta de responsabilidad y el acceso restringido a los servicios de emergencia.
El informe de HRW no llamó para nada la atención. La cruel realidad es que el sistema de salud pública de la India, que fuera un pilar en la asistencia de más del 75 por ciento de la población, fue privatizado y descuidado, y se disminuyó su presupuesto en poco más del uno por ciento del producto interno bruto.
De todos modos, en miles de aldeas indias la solución a los problemas de salud no pasa por los médicos. Millones de indios nacen, viven y mueren sin haber visto un doctor jamás. Los pocos médicos del país, como en todo el mundo, se quedan en las grandes ciudades.
Por eso se hace hincapié en la necesidad de inculcar en la población medidas preventivas. En algunos Estados de la India se capacita a pobladores de las aldeas como agentes sanitarios. Estas personas terminan atendiendo el 80% de los problemas de salud de la aldea en la que viven, porque casi todos se relacionan con la malnutrición y la mala situación del medio ambiente.
La alta mortalidad infantil tiene su raíz en tres elementos: el hambre crónica, la diarrea y las infecciones respiratorias. Para ninguno de los tres es imprescindible un médico. Los problemas rurales son sencillos de solucionar en India; agua potable, educación y reducción de la pobreza contribuyen más a la promoción de la salud que pruebas diagnósticas y fármacos, asegura la Dra. Raj Arole.
Las mujeres que se forman para ser agentes sanitarios cuentan con el respaldo de un grupo móvil formado por enfermeras, paramédicos y en muy contadas ocasiones un médico, que trata de pasar por las aldeas cada dos semanas, al menos en principio. Atienden los casos más difíciles y, a la vez, refuerzan la autoridad de la agente de salud de la aldea ante la superstición y la falta de confianza, sobre todo de los miembros de castas superiores a las de la agente.
Este sistema, en los Estados que lo practican, está dando resultados en el incremento de los niños vacunados, en la atención en los partos y en la mejor nutrición de los bebés. Pero todavía queda muchísimo por hacer en este fascinante país, donde aún hoy muchos jóvenes con educación aseguran que ante una picadura de serpiente llevarían a la víctima a un templo en lugar del hospital más cercano.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.