Columna03.01.2010 | Si usted nunca ha dicho en su vida que “todo es relativo”, amigo, aún no ha nacido y no se ha notificado. Porque, lugar común por lugar común, nada más cierto y verificable en la contemporaneidad que nos toca embatir. Al menos, a fin de conseguir un poco menos de relatividad y un cacho más de equidad.
Es difícil ser petiso. El ingenio burlón está a la orden del día con los breves desde el momento en que queda revelado y expuesto que se encuentran visiblemente alejados del promedio. La cuestión es numérica e inversamente proporcional para el corto: cuanto más apartado está un sujeto de ese índice estándar que supone la “normalidad”, más gozan los demás de esa emergencia existencial. Y menos el que lo sufre.
El petiso resulta siempre primero en aquello que nadie quiere ni persigue serlo: el primero de la fila en el colegio; el aparentemente más vulnerable y por eso el preferido de la maestra; el que siempre sale parado y tieso en las fotos olvidables, resguardado por los torsos de la línea de atrás y por los cancheros arrodillados a la misma altura que él de pie… No hay cosa más denigrante que anteponerse a todos en un sitio en el que nadie quiere estar.
Claro que el fiel de la balanza requiere de sobrepeso al otro lado para darle al tema un cierto equilibrio, cuestión elemental para que el mundo haga como que sigue andando: está el tío de la otra punta, al que le sobran extremidades y vergüenza por todo el cuerpo. Todo le queda pequeño, achaparrado, minúsculo. Él le resulta excesivo al mundo, y el mundo siempre pasa factura de los excesos, sean cuales fueren. Complicado ser alto antes de apuntarles todos los cañones del destino al básquet, al vóley, al modelaje o a la resignación. La opción es encorvarse o resistir en soledad en las alturas, al menos hasta que aparezca en escena un Pancho Dotto o similar.
Parecería, entonces, que cierta alegría adecentada pasa por ser más o menos igual al resto, sobre todo cuando no se es nadie. Para que después te machaquen el resto de tu vida con que más vale ser distinto y disfrutar, que igual y padecer. Relatividad número 1, don Einstein.
¿Rulos o lacio? Depende, todo depende, dice Jarabe de Palo. ¿De qué? Si es mujer la portante de tal estandarte de la relatividad más absoluta, pues entonces de casi todo: del viento, de la humedad ambiente, de si hay que ir a la playa, o nieva; de si ir o no a correr, que transpirás; o estar 24 horas frente a una computadora, que también transpirás. De si hay mucha gente en la peluquería, o nadie. De la moda y sus tiranías, de los iones de la planchita, de si sos hábil o no con la buclera. De si te vino. De si no te vino. De lo que dijo una amiga y de lo que no dicen las buenas amigas. De la mirada absorta de un marido y de la falta de mirada de un hombre que no es marido. En fin, verá usted: no hay condición en el planeta que no relativice cómo uno quisiera llevar el pelo. Y jamás lo lleva. O sea que lo que se vuelve relativo más tarde no es el peinado sino el carácter, ya que el pelo es algo de lo que no nos podemos desprender a menos que medie una catástrofe de salud.
¿Qué dice la relatividad moral de un individuo corrupto de otro que no lo es? Que es un gil. ¿Y uno que está dispuesto a ser un gil, de su par corrupto? Que más gil será tu abuela, porque yo duermo y vos no. Mm, sugiere la simple observación que los dos duermen, comen y dedican tiempo y espacio a todas las actividades innegociables de la existencia, así que parece que ese no es el punto de tanta discordancia relativa. Tal vez la diferencia sea meramente semántica, y es que no hayan acordado sobre el significado de la palabra gil. A falta de un actualizado diccionario de lunfardo argentino, que no es tan fácil de hallar en cualquier librería de a la vuelta de la esquina. Bueno, también es relativo: depende de qué esquina, qué vuelta y, básicamente, qué librería. Que las hay y muy completas, depende de las ganas que tenga cada uno de encontrarlas.
2009, ¿año fatídico o fabuloso? A ver: imagino que debe de haber tantas opiniones como relatividades de cada ojo, oído y corazón. Depende de si habías sembrado el yuyito K y te agarró el diluvio en Carmen de Areco, o el granizo en Junín. También puede ser que hayas cazado los verdes de la última cosecha de trigo, los pusiste a laburar en una de esas moneditas que siempre andan pum para arriba, y te sentás ahora al fresco a reírte de lo relativamente cargadas que están esas nubecitas que trae el viento norte.
Si en una noche de tragos, ente otras iliquideces, te tragaste una curva, descarto que si sobreviviste arrancarás de cuajo el año completo, no sólo de la agenda, sino de tu vida. Así que jamás te habrás casado, no te fuiste de luna de miel, no te compraste la casa de tus sueños y mucho menos te hipotecaste hasta el caracú para pagar todos esos bonitos momentos. Distinto es si en la misma noche beoda, ya de madrugada, pasaste por una agencia de lotería, se te dio por jugarle al numerito de los años de la niñita que te acompañó en esos desvaríos nocturnos, y acertaste un paquete. Ya ni te acordarás que a los ocho mese de casarte te despidieron del laburo, que te deprimiste y empezaste a chupar, que por eso tu mujer se fue con tu mejor amigo y hasta se llevó al perro, tu más fiel guardián y compañero. Qué te puede importar, si para lo que te queda de hígado y juventud, con el paquetito te alcanza, y ya nadie te va a recordar, hoy poderoso propietario de bolsillo abultado, que solías ser el primero de la fila en el cole, más tarde un aprendiz de corrupto que nunca llegó a ser tal por falta de coraje, y que te planchaste el pelo hasta ayer nomás. Es que los billetes tienen esas propiedades relativas también, no nominales pero sí efectivas: incluso alacian odiados frizés. Relatividades que hay que ver para creer.
La lista es interminable, pero el año recién arranca. Ni se imagina la de relatividades que usted, yo y nuestros buenos vecinos tendremos que atravesar en los próximos 365 días. Apúntese a alguna relatividad interesante y a las otras, déjelas pasar. Que de todos modos, todo pasará. Como el año. Relativamente parecido a todos los demás. Bueno, depende, siempre depende, insisto, dice Jarabe de Palo.
Buen año y a tirar pa’lante.
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
Persona travesti al que la Justicia de Córdoba le otorgó la guarda de dos pequeños que eran maltratados por sus padres.