Noticias & Protagonisas

99.9 Radio Mar del plata
JUE 02 Septiembre 2010 | Mar del Plata

CUENTOS

Cartas de un judío a la Nada

Gilbar, 467
Oráculos y adivinos han existido siempre. Su arte se basa en el discurso impreciso y en el conocimiento profundo del corazón de los hombres. Es un género complicado, que consiste en realizar anuncios capaces de describir todas las posibilidades que albergue el futuro, sin importar cuál sea ese futuro.

El problema es cuando las predicciones se vuelven demasiado precisas. Porque, o bien allí hay magia, o el oráculo actúa sobre la realidad de forma que se aseguren sus resultados.
Es sencillo: el oráculo predice la muerte de alguien, y esa persona muere. O bien la pitonisa ha podido ver de verdad el futuro, o sus acólitos han asesinado a alguien. Esa clase de sospechas eran las que atormentaban día y noche a León de Constantinopla, y por eso me hizo llamar.
- En las montañas que se alzan al norte y al oriente, hay una pequeña aldea, casi desconocida, llamada Gilbar. La construcción que más se destaca allí es un templo emplazado en las alturas de un monte, donde un grupo de sacerdotes conserva las antiguas tradiciones de Delfos. Tienen allí, como era antaño, una pitonisa capaz de realizar predicciones; y han estado ganando una gran fortuna. Esto me inquieta por muchos motivos. En primer lugar, quiero que el oráculo sea anulado antes de que gane demasiada fama o poder. Y en segundo lugar, quiero descartar un posible fraude. Quiero que investigues sus costumbres, su forma de predecir y que me digas si se tratan de visiones genuinas o de un elaborado engaño. De todas formas, sea como sea, el oráculo debe ser anulado. Espero que puedas cumplir con esta tarea.
- Como siempre – le dije - depende de lo que haya a cambio. Quiero que el emperador me otorgue, de su propia flota, un barco mercante con tripulantes y mercancías suficientes como para trabajar la mar durante cinco años. A partir de allí, correré yo con los gastos.
- Me parece bien. Te acompañarán cien soldados fieles y silenciosos. Hazle saber a mis consejeros cuando hayas cumplido con mis órdenes.
Partí al amanecer hacia el oriente. Los montes estaban en una zona poco transitada, al norte de la antigua Persia, bajo una cadena de montañas que para cada pueblo tenía un nombre distinto y que pocos habían atravesado alguna vez. Gilbar era una aldea inmunda, metida en el barro y sumida en una profunda pobreza. Su humildad contrastaba fuertemente con el templo que la dominaba desde las alturas. Era una construcción realizada a la usanza de los antiguos, con columnas y enormes estatuas pintadas al natural. Me enteré más tarde que la colonia había sido fundada por un grupo de griegos hacía más de cien años, cuando Teodosio cerró el oráculo de Delfos para combatir el paganismo. Los responsables de Delfos que seguían en actividad se desplazaron hasta una zona fronteriza donde fueran poco molestados, y allí hicieron resurgir su templo.
Como todos estos sitios, el oráculo de Gilbar era ante todo un negocio. Soborné con sólido oro a los sacerdotes y me aseguré una cita privado con la pitonisa. Cuando entré al aditon, me quedé sorprendido. Era un espacio amplio. En el centro estaba el trípode donde la mujer se sentaba a hacer sus predicciones, precedido por un sitio muy cómodo, con alfombras y cojines y una mesa repleta de manjares. Detrás, oculto por un velo transparente, había un cómodo y amplio lecho con muebles y enseres donde la pitonisa dormía y pasaba su vida. La mujer era bellísima y me recibió completamente desnuda. Sin mediar palabra comenzó a acariciarme y besarme, pero yo me aparté con brusquedad.
- No me engañas – me dijo. – Sólo hay un motivo por el cual un hombre pagaría tanto dinero para verme a solas: la pitonisa sabe hacer dos cosas, predecir y fornicar. De seguro te llegó la noticia de mi belleza y hace meses que no puedes dormir pensando cómo sería disfrutar de un cuerpo como el mío. Aquí me tienes, puedes hacerme tuya. No me importa.
- ¿Te obligan a prostituirte? – le pregunté, perplejo.
- Soy una esclava de los sacerdotes, ellos hacen conmigo lo que quieren. Hace muchos años que es así. Llegaron desde occidente, cargados de oro y armas, y sometieron a nuestro pueblo. Nos obligaron a levantar columnas, a esculpir figuras humanas en la piedra y a preparar este lugar. Entonces, buscaron a la más bonita entre nosotras y la esclavizaron. Esa fue la primera de las pitonisas de Gilbar. Hacemos pocas predicciones, siempre en secreto, siempre para hombres poderosos y ricos. Está prohibido hablar demasiado sobre el oráculo, porque los sacerdotes saben que si se vuelve demasiado famoso alguien querrá destruirlo. La pitonisa predice, y cuando no predice es como una puta más. Muchos hombres pagan más caro el privilegio de acostarse con una adivina que lo que pagarían por sus palabras. Sólo una vez en la vida nos permiten llegar a término con un embarazo, siempre y cuando se hayan asegurado de que nacerá una niña. Entonces se la llevan, la crían en secreto en lo profundo de la montaña hasta que se afirmen sus formas y aflore su belleza. Entonces matan a la pitonisa, ya vieja y fea, y la reemplazan por su hija. Así ha sido durante años, así seguirá siendo siempre.
- Podrías irte, venir conmigo a occidente. He venido a destruir este lugar. Te doy la posibilidad de tener otra vida, si quieres.
- Iré, si me llevas con mi hija. ¿Le harás la guerra a los sacerdotes, sólo para salvar a dos prostitutas?
- Le haré la guerra a los sacerdotes para que dejen de adueñarse de nuestro futuro, y de la vida de los tuyos. Tengo hombres armados a mi disposición. Ven conmigo, y en pocas horas el fuego arrasará con este lugar.
Desenvainé mi espada y recorrí, junto con la pitonisa, los tortuosos recovecos que se internaban en la montaña. Encontramos a la niña sana y salva, cuidada por unas venerables ancianas que no opusieron resistencia. Entonces hice sonar tres veces mi cuerno de guerra, que era la señal pactada para el ataque. Para cuando volvíamos, los soldados habían comenzado la masacre. Corrían a los sacerdotes con sus armas y los mataban ahí donde los hallaban. Después derribaron las columnas ayudados por bueyes y prendieron fuego a las ruinas.

Cuando quise darme cuenta, la pitonisa y su hija se habían ido. Eran, al fin, libres.

Nemuel Delam
El judío errante

Soleado 10,3º
Soleado
ST 8,7° H 99%
Mandanos tus fotos
Fotos

Más inconvenientes en la terminal nueva

Por Marcela Damico Siguiendo con la saga de inoperancia en la ciudad, mire como los vehículos de vialidad, los coches naranjas, están sin hacer nada desde el sábado, parados dentro de la estación nueva. ¿Para que están? En este caso hay seis, por supuesto los ...

Más Cuentos

ver Archivo

Bandoleros

Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.

por José Luís Jacobo

Labilidad moral

Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.

  ver Archivo

Entrevistas

02.09.2010

Bruno Anastasía

Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.

ver Archivo

Ingrese su e-mail y reciba las últimas noticias.

Noticias y Protagonistas es una publicación de Editoral NyP
© Copyright 2010 - Todos los derechos reservados.
Osmosis Diseño y Comunicación