Londres, 1891
Creían los griegos que tres hermanas eran las tejedoras del Destino. En su particular visión del mundo, hasta los propios dioses estaban sometidos a los juicios y decisiones de éstas voluntades. Curioso es comprobar que los pueblos del norte creían algo parecido. Para ellos, las Nornas eran representantes del pasado, presente y futuro, y en la larga trama que tejían iban relatando el devenir del mundo. Un hilo cortado era la muerte, un nuevo hilo un nacimiento. Todo estaba predicho para ellos, incluso el Ragnarok: el fin del mundo y el ocaso de los dioses.
— Si el destino estuviera preestablecido — solía iniciar Ann sus intervenciones — y hubiera hombres capaces de conocer de antemano los hechos que irán a suceder, entonces utilizarían su poder para cambiar ese futuro. Por lo tanto, el futuro predicho jamás sucedería, la predicción se convertiría en inexactitud.
>> Por otro lado, si este futuro preestablecido fuera imposible de conocer anticipadamente, entonces lo mismo daría que exista o no. Si uno puede conocer su futuro, lo cambiará; y si no puede conocerlo, lo mismo da que sea uno u otro. Es por eso que las predicciones son inútiles.
>> Yo misma he soñado miles de veces con mi propia muerte. Estoy en una de las esquinas de esta ciudad y veo un perro negro salir de la puerta de un sótano. Al instante, un carruaje me lleva por delante y los cascos del caballo me rompen el cráneo. Cada vez que estoy en Londres a punto de cruzar una calle, miro cientos de veces, busco el carruaje y el perro negro y no cruzo hasta estar segura de que no hay peligro. Por lo tanto, ese futuro que predicen mis sueños no sucederá nunca. Sueño con un futuro que es falso.
Ann Willson era hija del célebre metafísico y filósofo James Willson. Siempre solía tener unas breves palabras, muy similares a las que acabo de transcribir, en cada conferencia que dictaba su padre. Recorrían el mundo presentándose en teatros, colegios, universidades y en todo espacio donde pudieran reunir a más de tres personas con ganas de escucharlos. Cobraban sus seminarios y presentaciones, estaban amasando una pequeña fortuna.
Las respuestas del público variaban de acuerdo al lugar donde se presentaban, el contenido de la charla, el costo de las entradas y el contenido de sus presentaciones. El asunto de las predicciones los obsesionaba. Sus opiniones solían variar con el tiempo, y a veces también en el transcurso de una misma presentación. Lo que hacían, en realidad, era debatir públicamente sus ideas, transmitir a los demás las cadenas de pensamiento que iban surgiendo en sus mentes mientras hablaban sobre el tema. A veces, el público reaccionaba bien, participaba del debate, contaba predicciones hechas por gurúes, chamanes o adivinadores de medio pelo y analizaban el efecto de esas pequeñas profecías en sus vidas. Los Willson iban documentando todos estos datos, llevaban estudios estadísticos y geográficos sobre el tema.
Para James, esta era una obsesión que había nacido con los sueños de su hija. Ella tenía tres años cuando pudo empezar a contar esa pesadilla que venía teniendo desde hace tiempo. La familia se espantó. No viajaron a Londres durante décadas, y cuando por fin Ann los convenció de que no habría ningún problema, porque ella estaría atenta a las señales, no la dejaban caminar sola por ningún lado. En el sueño ella no estaba acompañada, así que creían que la presencia de alguien más alcanzaba para alejar a los hados.
Poco a poco se iba asentando en el ánimo de todos la idea de que el destino de Ann era perfectamente evitable, y que sólo debían estar atentos a los signos que ofrecía la profecía soñada. Como en Londres circulaba buen dinero y tenían dos o tres lugares baratos para presentarse con asiduidad, empezaron a viajar allí cada año y a quedarse durante meses.
El público londinense era difícil, y la entrada era barata. A veces hacían sus presentaciones para una verdadera horda de borrachos más interesados en las formas del cuerpo de Ann que en los sesudos pensamientos de su padre. Siempre tenían algún problema; alguna intervención grosera, gente que hablaba al mismo tiempo que ellos, reclamos por el dinero o debates subidos de tono, seguidos de golpes e incidentes.
Cierta noche oscura de invierno, James se trabó en una discusión bastante áspera con un marinero ebrio. El hombre ganó el escenario a empujones, lo golpeó y lo mató. Al instante hubo una verdadera cacería humana, las pocas personas cuerdas en el público lograron apresar al asesino y presentarlo ante las autoridades. Los ajetreos de aquella noche, la muerte de su padre, el terror de haber podido morir ella también, dejaron a Ann en un estado calamitoso. Salió a caminar, distraída, y se internó por barrios que no conocía. En un momento, la distrajo la figura de un perro negro que salió de la puerta de un sótano. Al reconocer al perro como el mismo de su pesadilla, el terror la invadió y no escuchó el carro que se acercaba. Murió tal y como lo había soñado millones de veces.
Mientras asistía a su funeral, me di cuenta de que estas predicciones son dones que regala el Diablo. Si nunca hubiese soñado su muerte, su familia jamás la habría llevado a Londres.
Nemuel Delam
El judío errante
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.