Ibiza, 1981
Hay semillas de mal en todos los corazones, es parte de la naturaleza humana. Nuestra parte animal puja por nuestro bienestar, por saciar nuestras necesidades, por dar rienda suelta a las pasiones e ir a la conquista de aquello que queremos; mientras nuestra parte civilizada se refrena por el posible castigo de parte de nuestros pares. Todo en esta vida es un decidir, y algunos deciden patear el tablero y recurrir a la violencia.
Ramiro era alto, de cabello morocho, mejillas redondas y nariz puntiaguda. Tenía buen físico y era bastante atractivo. Su actitud ante la vida era de una inmadurez espeluznante, pero trataba de disimularlo haciendo abuso de su inteligencia y sus conocimientos. Todo acto que realizaba era para intentar llamar la atención, y a veces llamaba la atención de forma violenta. Solía tener explosiones de ira aparentemente irracionales; golpeaba los muebles, gritaba y se le llenaban los ojos de lágrimas. Sus berrinches eran efectivos. Muchos pensaban que de verdad estaba enfermo, que soportaba sus dolencias con dignidad.
Cuando lo conocí fue desde lejos. Yo estaba en lo alto de un acantilado, y él y sus amigos jugaban a algún deporte de pelota en la playa allá abajo. Su cuerpo, poderoso y musculoso, se destacaba entre los demás. Hubo una discusión y Ramiro tuvo una de sus famosas reacciones violentas. En lo alto del acantilado, sentado junto a mí, había un viejo de barba y nariz ganchuda. Lo miró con los ojos húmedos, fatigados por las eras, y me dijo:
— Ese muchacho es la muerte. Pareciera una persona normal, pero no lo es. Recurre con demasiada frecuencia a su lado animal, es demasiado joven para saber soportar la humillación o la tristeza. El día que tenga una decepción grande, matará sin pensarlo. Es una tragedia, pero es inevitable. A nadie puede castigarse por lo que aún no ha hecho.
— Quizás alguien podría hablar con él, pedirle que se calme.
— Muchos lo han intentado, pero nunca sirve de nada. Es una fea trampa en la que Dios ha puesto a esa alma, porque es demasiado orgulloso como para aprender y va directo hacia su destrucción. Si alguien intentara intervenir y alterar su curso, sólo recibiría violencia a cambio. Se necesita una ternura infinita para llegar a ese corazón. Tanta, que no vale la pena. En la práctica, lo que sucede es que nadie lo enfrenta, porque le temen. Y así, su camino al infierno es cada vez más y más empinado.
Abajo, la discusión arreciaba; había gritos cara a cara, empujones, insultos. El clima previo a una pelea era cada vez más y más claro. Ramiro era inteligente y cobarde. Mientras afectaba indignación y furia, miraba de reojo alrededor buscando reacciones favorables. Se dio cuenta que tenía las de perder y dijo algo para que no pareciera que estaba acobardado, pero se retiró. Reinó el sentido común y nadie le dijo nada, pero Ramiro se sentía frustrado. Una muchacha, quizás enamorada de él, fue a su encuentro. El muchacho descubrió entonces una posible víctima para el altar de los sacrificios de su ego. Comenzó a discutir con ella por cualquier cosa, la humilló, a pesar de que ella pidió perdón; y cuando quiso escapar, la persiguió con argumentos y la arrinconó. Siguió acosándola, hasta que la pobre criatura tuvo la mala idea de reaccionar también con violencia y enfrentarlo, sólo para sacárselo de encima. Y entonces, él la golpeó.
Debía haber, al menos, un centenar de personas mirando la escena. Nadie reaccionó. Ramiro y su pobre víctima se metieron en el interior de un automóvil que desapareció detrás de una nube de polvo.
Esa noche, Ramiro salió de su casa camino al trabajo. Era cuidador en un estacionamiento de autos, un simple trabajo de verano con el que ganaba algo de dinero mientras esperaba que comenzaran las clases en la universidad. Siempre hacía el mismo camino, como me dijeron en el bar de la esquina. Tomaba un pequeño callejón entre dos edificios, y después bajaba por el muelle hasta la casa flotante donde vivía su compañero de trabajo. Desde allí, se iban juntos hasta el estacionamiento donde se quedaban toda la noche.
Lo abordé en el callejón. Me sentía absolutamente indignado por lo que había visto y no podía soportar tanta ira en mi interior. No intercambiamos ni una palabra. Él me vio, vio en mis ojos la muerte, vio en mi mano el destello del puñal y casi atinó a escapar, pero fui más rápido. Algunos se conectan demasiado con su lado animal, y son la muerte. Yo soy la muerte.
Nadie me vio, nadie sospechó nada. Me quedé por allí, para disimular. Fui al velatorio y al funeral. La muchacha que Ramiro había golpeado el día anterior lloraba desconsolada. El amor es caprichoso, y las mujeres bellas siempre aman al más idiota.
Ahora la culpa me ahoga, pero sé qué sucederá. Con el tiempo, otras angustias se sobrepondrán a ésta. En mil años, no recordaré a Ramiro, ni estas palabras que hoy escribo.
Lástima que el tiempo espera también a los que no tienen memoria.
Nemuel Delam
El judío errante
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
El fiscal relata la detención de la persona que podría ser el asesino de Franco Castro.