La
existencia de pactos políticos en
la ciudad perjudica, de manera directa,
a vecinos que quieren desarrollar
sus actividades de manera normal.
En un claro acto de denegación de
justicia, Silvia Petroni y su familia
no pueden trabajar porque la Fiscalía
General archivó una causa donde
denunciaban un delito de coacción,
impidiéndole la recuperación del
capital invertido en el comercio.
Las bandas en la zona de la Rambla
Casino siguen tan vigente como años
atrás. |
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A
Silvia Petroni y su familia, de buenas
a primeras, se les vino el mundo encima.
En el 2000, y luego de que su marido perdiera
el empleo que poseía en los "barcitos"
de la Rambla cuando el sector pasó a manos
de Florencio Aldrey Iglesias, emprendieron
con mucha ilusión un comercio en el área
del Casino en sociedad con Víctor Covey
y Jorge Cortéz, al parecer
intocables por contar con la protección
o el padrinazgo de Juan Garivoto.
Estos
hombres, conocidos en el sector del casino
como recaudadores del diputado provincial
y uno de ellos con antecedentes penales
-Covey estuvo alojado en la UP XV de Batán
por apuñalar a una vendedora ambulante
que se resistió a sus "aprietes"-,
no inspiraron desconfianza a Petroni al
inicio de la sociedad. Pero, pasado el
tiempo, le exigieron que le comprasen
su parte del comercio, libraron un recibo
por el pago de $5.000 y nunca más aceptaron
repetir el acto legal. Desde entonces,
se convirtieron en una amenaza para Petroni,
al punto de intimidar a su familia con
armas desde la puerta del local.
En
febrero de 2003, esta familia de trabajadores,
cansados del asedio de Covey/Cortéz,
enfrentó la situación y entregó las llaves
del comercio a Covey, bajo constancia
de una escribana que inventarió sus pertenencias
y las mercaderías existentes.
En
diálogo con Noticias & Protagonistas,
Silvia Petroni sólo atinó a describir
los sucesos y a pedir justicia, algo que
en el Ministerio Fiscal en Mar del Plata
le han negado sistemáticamente; un hecho
que los abogados de la ciudad consideran
una "arbitraria denegación de
justicia flagrante". En un pasaje
de la entrevista la damnificada comentó
que desde febrero de este año, y pese
a que hubo un expediente judicial en trámite
en el que se denunció coacción agravada,
"la fiscalía de la Dra. Andrea
Gómez no sólo no trabajó en él sino que
consideró que no había elementos necesarios
para darle curso a las tareas de investigación",
opinión que hizo que se archivara la causa
y que Petroni no recuperara nada de lo
que poseía en el local.
N&P:
- ¿Cómo es este compendio de episodios
que tan mal le han hecho a usted y su
familia cuando tenían, por fin, un medio
para poder trabajar?.
SP:
- En el año 2000, mi marido se quedó sin
trabajo y le pagaron, a modo de indemnización,
con útiles como para poner un bar. Hicimos
una sociedad, de palabra, con Víctor Covey
y Jorge Cortéz para explotar los locales
19 y 20 de la Rambla. Esa temporada transcurrió
normalmente, y en el 2002 nos obligaron
a quedarnos solos en el negocio. Allí
se hizo un recibo provisorio de la Dra.
Gómez, donde se registró un pago de
$5.000 y un cheque de $ 600 del HSBC.
Continuamos pagando sin que quisieran
entregarnos más recibos, y a fines de
enero de 2003, Cortéz nos empezó a amenazar
telefónicamente para que dejemos el local.
El 2 de febrero vinieron a desalojarnos
por la fuerza, pero fuimos a la comisaría
Casino mientras Covey y dos personas más
se exhibían, de manera intimidatoria,
con pistolas en la vereda del local.
N&P:
- ¿Qué hicieron entonces?
SP:
- Apostamos a la policía que nos custodió,
pero en lugar de detenerlos los dejaron
ir. Desde ahí comenzamos la lucha legal
para quedarnos en el local, porque lo
habíamos pagado. Buscamos un escribano
para que haga el inventario de lo nuestro,
y cuando le quisimos entregar la llave
del local a Covey, no las aceptó y las
tiró. Mientras tanto, en sede de la Fiscalía
General pedí una entrevista con los fiscales,
pero ni el Dr. Fabián Fernández Garello
ni la Dra. Andrea Gómez quisieron
atenderme, por lo tanto no tuve la oportunidad
de plantearle mi problema a la justicia.
Un
escenario mafioso
N&P:
- Su esposo trabajaba en los barcitos
de la Rambla Casino hasta que ese sector
pasó a manos de Aldrey Iglesias, y como
compensación le entregaron mobiliario
para que ponga su propio negocio. Pero,
¿cómo aparecen Víctor Covey y Jorge Cortéz
allí? ¿Cómo se hicieron de esos locales?.
SP:
- No tengo idea. Pero no sólo tenían esos
dos locales; también tenían el 12. Desconozco
quiénes son ellos, lo único que sé es
que Covey estaba en Batán y salió con
libertad condicional. Cuando me amenazaba,
me decía: "Podés hacer las denuncias
que quieras, pero fijate lo que le pasó
a la negrita que apuñalé el año pasado".
En febrero de 2002 había apuñalado a una
mujer, vendedora ambulante en la zona
de la Rambla, y a eso se refería cuando
me amenazaba para evitar que lleváramos
el caso a la justicia.
N&P:
- Toda esa zona está bajo el control de
una organización que nunca queda al descubierto
y que muchos le atribuyen su jefatura
a Juan Garivoto, pero nadie lo confirma.
Pero hay algo concreto: es una zona liberada
donde nadie interviene cuando pasa algo...
SP:
- Seguro, la Rambla Casino es una zona
liberada, incluso ellos decían en nuestra
propia cara que "su padrino es
Garivoto". Yo no puedo asegurar
nada de lo que no veo, pero ellos me lo
dijeron a boca de jarro. Además, en la
denuncia no fijaron domicilio, por eso
nunca se los investigó y a mí nadie me
llamó, ni siquiera para preguntarme si
mis hijos menores viven en el domicilio
donde yo denuncio las amenazas. Me cerraron
la causa sin devolverme nada. incluso
Cortéz dijo que "si puedo demostrar
lo que digo, que se lo lleven".
Pero el expediente pasó por cuatro fiscalías
y todo el mundo se abstuvo de tratarlo.
N&P:
- Usted en un momento nombró a la fiscal
Andrea Gómez. ¿Qué rol tiene ella en esto?
SP:
- En una primera instancia dijo que hubo
delito de coacción. Y cuando cerró la
causa, dijo que se trataba de un delito
socio-económico que no corresponde a la
fiscalía, y el 24 de abril archivó el
expediente. Al día siguiente me recibieron
un escrito donde pido que se me atienda,
pero la causa ya estaba archivada, por
eso no figura en ningún lado.
N&P:
- ¿Y qué cree usted que tiene que ver
Fernández Garello con toda esta situación
de la cual usted ha resultado perjudicada?
SP:
- Supongo que tiene parte de la responsabilidad.
Cuando la Dra. Gómez mandó el expediente
a la Fiscalía General, alegando que no
podía seguir con él y lo cerró, un empleado
me dijo que me iban a atender, pero eso
no pasó. Luego, otro me dijo que el Dr.
Fernández Garello, en persona, se iba
a ocupar de solucionar mi problema pero
nunca lo hizo. La única que me atendió
fue la Dra. María de los Ángeles Lorenzo,
que me explicó por qué ella pensaba tener
el expediente ahí, ya que veía que existían
hechos de coacción y que esperaba que
me fuera bien. Pero también me adelantó
que tenía que insistir para que se investigara,
algo que nunca logré que sucediera. Yo
pido que se reabra la causa porque no
es justo que se pierda lo que durante
años juntamos para trabajar. Perdimos
los comodatos de las cosas y el fiscal
Fernández Garello no me contesta nada,
ni siquiera sobre el destino de la mercadería
y si estoy a tiempo de recuperarla. Ellos
cierran las causas como si después de
eso no pasara más nada. Si ésta es
la justicia que tenemos, "que viva
la justicia". 