Elecciones 2003
Germina la esperanza

A diferencia de las elecciones de 2001, en este comicio se advierte un cambio en la gente respecto de cómo afrontar su excursión por las urnas. No hay desesperanza manifiesta como hace dos años, y los marplatenses se disponen a votar de manera positiva. Hay elementos para creer que el próximo intendente gobernará con apoyo popular, y no es un dato menor: conlleva a un reverdecer de la ilusión, un volver a creer en que se puede estar mejor.

Hace dos años polemizábamos con Viviana Hernández, nuestra secretaria de Redacción, sobre este mismo tema. Yo escribí un artículo que titulé "Algo bueno va a salir", mientras que ella publicó otro con el título "Veintiún balcones y ninguna flor". Recuerdo, estimado lector, que en aquellos trabajos periodísticos relevamos la poca esperanza que se advertía en la gente respecto de las elecciones que se llevarían a cabo por aquel entonces. Y también tengo presente que no tardaron en llegarme las críticas provenientes de sectores politizados respecto de esa nota, en la clásica afirmación absurda de que uno "opera" para que las cosas se concreten. Lamentablemente, los sucesos del 19 y 20 de diciembre me dieron la razón, como a otros colegas que advertíamos que la sociedad estaba desesperanzada con la política.

Luego de que los argentinos canalizamos esa decepción general en el famoso "que se vayan todos", la sensación que se percibe es diferente a la de los tiempos previos a las elecciones de 2001. La elección de Néstor Kirchner como presidente y su actitud frente a los problemas, ha dejado en los ciudadanos la sensación de que desde la política se pueden cambiar las cosas. Quizá no sea mucho lo que Kirchner cambió en estos cuatro meses de gobierno, pero sí logró algo que no había conseguido Fernando De la Rúa: modificar el humor de la sociedad.

 

En el pago chico

 

En la ciudad sucede algo parecido al plano nacional. Cuando hace dos años escribí aquel artículo, lo hice porque de las más de veinte candidaturas que se presentaban con aspiraciones a asumir el 10 de diciembre de 2001 en el Concejo Deliberante, no se veía que transmitieran algo diferente respecto de lo que había. El ex intendente Blas Aprile venía de revalidar su imagen en una elección en la que había renovado su acceso a otra gestión con más de la mitad de los votos en su favor, y eso le daba políticamente – en su particular interpretación- un poder casi omnímodo, que ejercía con total desparpajo.

Pero las urnas le dieron un revés a Aprile y a la clase política local. La Alianza sacó apenas el 16% de los sufragios en una elección extraña, donde más de 100.000 personas votaron disconformes con la conducción política local expresando el llamado “voto bronca”, puesto de manifiesto en la rotura de boletas y apariciones de imágenes raras como Clemente, Bin Laden y cartas ofensivas para los políticos.

En esa elección quedó claro que nadie tiene los votos comprados y que la realidad confronta con la teoría. Por entonces, Aprile sostenía que tenía las encuestas a favor de su lista, pero luego pudo comprobar que no era así. Recuerdo, también, que cuando desde esta columna dije que la gente estaba disconforme con la política de entonces y que habría gran nivel de ausentismo en las urnas, se trató de desacreditar lo escrito en círculos políticos de la ciudad, pero luego quienes no creían aquello y aseguraban que eran "operaciones de la derecha" debieron rendirse ante la evidencia de las urnas del domingo por la noche.

 

Otro cantar

 

La realidad nos muestra una situación diferente hoy. Aunque todavía hay ciudadanos que no están conformes con el trabajo de los políticos, disminuyó el rechazo que éstos generaban en las charlas de café o en las reuniones familiares y con amigos. No se advierte esa repulsa automática que existió durante todo el proceso de campaña anterior, y ni por asomo se puede uno imaginar que habrá un gran ausentismo.

Es que estamos en un contexto diferente. Nos acostumbramos a vivir con lo nuestro, y ése fue el gran mérito de Eduardo Duhalde durante su interinato como presidente: nos hizo entender que la Argentina tenía que salir de la crisis sin financiamiento externo, porque no lo había. Ahora, las propuestas electorales también transmiten un aire de esperanza en los argentinos. Puede el elector simpatizar más o menos con los candidatos, y esto se advierte en la mayoría de las encuestas que se realizaron antes del comicio. Pero lo que no se desprende de ellas es que exista odio o espanto respecto de los dirigentes.

 

¿Qué se vota?

 

En este acto electoral, cuando vayamos a las urnas encontraremos casi una veintena de boletas diferentes, dentro de las cuales deberemos elegir intendente, concejales y consejeros escolares para el partido de General Pueyrredon. Pero también habrá tres listas más que estarán en el comicio, como son las de diputados provinciales, gobernador y vice, y diputados nacionales.

En el caso de las locales, los marplatenses elegimos un intendente, 12 concejales y cinco consejeros escolares. El actual intendente Daniel Katz, que reemplazó al renunciante Aprile, tratará de ser ungido por el voto popular por primera vez, ya que está hoy en el despacho principal de la comuna por una situación de emergencia en la que el Concejo Deliberante debió hacerse cargo de la acefalía provocada por Aprile en el Departamento Ejecutivo.

Por ese cargo se enfrentará al candidato peronista Mario Dell'Olio, aunque también prometieron dar batalla el presidente del Concejo Deliberante, Gustavo Pulti, y el socialista Juan Carlos Cordeu. Más lejos se encuentran el ex comisario Carmelo Impari y el resto de las fuerzas políticas que tratan de sentar a un concejal de sus filas en el recinto deliberativo.

En lo que hace a las elecciones seccionales, por la Quinta se eligen 11 diputados. En este caso, el peronismo pone en juego seis de las bancas que tiene en la Legislatura bonaerense y quien más podría perder hoy es el radicalismo, que por haber sido parte de la Alianza en las elecciones pasadas, pone en juego tres lugares. Los otros dos correspondían a fuerzas de lo que fuera el Frepaso.

En lo que tiene que ver con el Congreso de la Nación, la provincia de Buenos Aires es el distrito electoral que más escaños coloca allí. Por eso, en esta elección se renuevan 35 diputados nacionales. En ese escenario, el que más probabilidades de ganar tiene es el peronismo, ya que en igual caso que en las legislativas, la Alianza había incorporado legisladores que en esta ocasión no conseguirán ni el radicalismo ni las restantes fuerzas en las que se descompuso la coalición que llevó a De la Rúa a la Rosada.

En cuanto a la renovación en el sillón de la casa de gobierno provincial, el actual mandatario Felipe Solá está en una situación parecida a la del intendente Katz. Debió asumir cuando Carlos Ruckauf dejó la gobernación para ser canciller en el gobierno de Duhalde. Por lo tanto, tratará de convencer a los bonaerenses de que tiene fundamentos para conducir la provincia por cuatro años.

 

A veinte años vista

 

En 1983 volvió la democracia. El 30 de octubre de aquel año se realizaron los comicios en los que Raúl Alfonsín se impuso a Italo Argentino Luder. En Mar del Plata, por entonces, se presentaron 15 listas con candidatos a intendentes entre los que recuerdo a Angel Roig, luego triunfador de la elección, Eduardo Benedetti, Gustavo Demarchi, María del Carmen Viñas, Juan Carlos Mantero, Roberto Bronzini y Alfredo Battaglia, entre otros. De aquella elección a esta pasaron muchas cosas en la ciudad, y ya estamos por la sexta convocatoria consecutiva, algo que a la vista de los procesos políticos nacionales parece todo un logro. En principio, creo que tenemos que rescatar ese dato por sobre todos los demás: estamos afianzando la democracia.

En función de esto último, podemos decir que la democracia se construye todos los días. Que hay que cuidarla y alimentarla con actos democráticos, y aunque esto parezca una redundancia no lo es, porque hay quienes son muy democráticos en épocas electorales pero se olvidan que el resto de los días también deberían serlo.

La sociedad espera de sus dirigentes que conduzcan los destinos de la ciudad en beneficio de la mayor cantidad de gente posible, y no de un sector determinado de vecinos. Y aunque a muchos no les guste, todos aquellos que miran de cerca de la política saben cuáles propuestas representan eso y cuáles no. En pos de la preservación del sistema democrático como tal, sería sano que en el futuro los candidatos dijeran cuáles son sus objetivos de gobierno, sin disfrazarlos con propuestas electorales que luego no pueden cumplir, como ya sucediera.

En estos comicios, los marplatenses iremos a las urnas con la esperanza renovada de que se puede construir una ciudad con mayor calidad de vida para la gente, con trabajo, seguridad, educación e igualdad. Y creo que varios candidatos tratan de lograr eso con diferentes programas por ejecutar.

Lo que no tenemos que perder de vista es que el sistema de participación se construye diariamente. Quienes deseen comprometerse con su ciudad deben trabajar a brazo partido desde su rol para conseguir un escenario mejor para Mar del Plata y el resto, alcanza con que no bastardee esa construcción. Estoy convencido, estimado lector, de que los próximos comicios pueden darnos algo mejor que los anteriores. Quizá sea tiempo de ver cómo germina la semilla de la prosperidad en la ciudad. ¿Por qué no? De hecho, algo cambió: la gente volvió a creer en que se puede estar mejor, y eso es muy importante para salir adelante.