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A
diferencia de las elecciones de
2001, en este comicio se advierte
un cambio en la gente respecto de
cómo afrontar su excursión por las
urnas. No hay desesperanza manifiesta
como hace dos años, y los marplatenses
se disponen a votar de manera positiva.
Hay elementos para creer que el
próximo intendente gobernará con
apoyo popular, y no es un dato menor:
conlleva a un reverdecer de la ilusión,
un volver a creer en que se puede
estar mejor.
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Hace
dos años polemizábamos con Viviana
Hernández, nuestra secretaria de Redacción,
sobre este mismo tema. Yo escribí un artículo
que titulé "Algo bueno va a salir",
mientras que ella publicó otro con el título
"Veintiún balcones y ninguna flor".
Recuerdo, estimado lector, que en aquellos
trabajos periodísticos relevamos la poca
esperanza que se advertía en la gente respecto
de las elecciones que se llevarían a cabo
por aquel entonces. Y también tengo presente
que no tardaron en llegarme las críticas
provenientes de sectores politizados respecto
de esa nota, en la clásica afirmación absurda
de que uno "opera" para que las cosas se concreten. Lamentablemente,
los sucesos del 19 y 20 de diciembre me
dieron la razón, como a otros colegas que
advertíamos que la sociedad estaba desesperanzada
con la política.
Luego
de que los argentinos canalizamos esa decepción
general en el famoso "que se vayan todos", la sensación
que se percibe es diferente a la de los
tiempos previos a las elecciones de 2001.
La elección de Néstor
Kirchner como presidente y su actitud
frente a los problemas, ha dejado en los
ciudadanos la sensación de que desde la
política se pueden cambiar las cosas. Quizá
no sea mucho lo que Kirchner cambió en estos
cuatro meses de gobierno, pero sí logró
algo que no había conseguido Fernando
De la Rúa: modificar el humor de la
sociedad.
En el pago chico
En
la ciudad sucede algo parecido al plano
nacional. Cuando hace dos años escribí aquel
artículo, lo hice porque de las más de veinte
candidaturas que se presentaban con aspiraciones
a asumir el 10 de diciembre de 2001 en el
Concejo Deliberante, no se veía que transmitieran
algo diferente respecto de lo que había.
El ex intendente Blas
Aprile venía de revalidar su imagen
en una elección en la que había renovado
su acceso a otra gestión con más de la mitad
de los votos en su favor, y eso le daba
políticamente – en su particular interpretación-
un poder casi omnímodo, que ejercía con
total desparpajo.
Pero
las urnas le dieron un revés a Aprile y
a la clase política local. La Alianza sacó
apenas el 16% de los sufragios en una elección
extraña, donde más de 100.000 personas votaron
disconformes con la conducción política
local expresando el llamado “voto bronca”,
puesto de manifiesto en la rotura de boletas
y apariciones de imágenes raras como Clemente, Bin Laden y cartas
ofensivas para los políticos.
En
esa elección quedó claro que nadie tiene
los votos comprados y que la realidad confronta
con la teoría. Por entonces, Aprile sostenía
que tenía las encuestas a favor de su lista,
pero luego pudo comprobar que no era así.
Recuerdo, también, que cuando desde esta
columna dije que la gente estaba disconforme
con la política de entonces y que habría
gran nivel de ausentismo en las urnas, se
trató de desacreditar lo escrito en círculos
políticos de la ciudad, pero luego quienes
no creían aquello y aseguraban que eran
"operaciones de la derecha" debieron rendirse ante la evidencia
de las urnas del domingo por la noche.
Otro cantar
La
realidad nos muestra una situación diferente
hoy. Aunque todavía hay ciudadanos que no
están conformes con el trabajo de los políticos,
disminuyó el rechazo que éstos generaban
en las charlas de café o en las reuniones
familiares y con amigos. No se advierte
esa repulsa automática que existió durante
todo el proceso de campaña anterior, y ni
por asomo se puede uno imaginar que habrá
un gran ausentismo.
Es
que estamos en un contexto diferente. Nos
acostumbramos a vivir con lo nuestro, y
ése fue el gran mérito de Eduardo
Duhalde durante su interinato como presidente:
nos hizo entender que la Argentina tenía
que salir de la crisis sin financiamiento
externo, porque no lo había. Ahora, las
propuestas electorales también transmiten
un aire de esperanza en los argentinos.
Puede el elector simpatizar más o menos
con los candidatos, y esto se advierte en
la mayoría de las encuestas que se realizaron
antes del comicio. Pero lo que no se desprende
de ellas es que exista odio o espanto respecto
de los dirigentes.
¿Qué se vota?
En
este acto electoral, cuando vayamos a las
urnas encontraremos casi una veintena de
boletas diferentes, dentro de las cuales
deberemos elegir intendente, concejales
y consejeros escolares para el partido de
General Pueyrredon. Pero también habrá tres
listas más que estarán en el comicio, como
son las de diputados provinciales, gobernador
y vice, y diputados nacionales.
En
el caso de las locales, los marplatenses
elegimos un intendente, 12 concejales y
cinco consejeros escolares. El actual intendente
Daniel Katz, que reemplazó al renunciante Aprile, tratará de ser ungido
por el voto popular por primera vez, ya
que está hoy en el despacho principal de
la comuna por una situación de emergencia
en la que el Concejo Deliberante debió hacerse
cargo de la acefalía provocada por Aprile
en el Departamento Ejecutivo.
Por
ese cargo se enfrentará al candidato peronista
Mario
Dell'Olio, aunque también prometieron
dar batalla el presidente del Concejo Deliberante,
Gustavo
Pulti, y el socialista Juan
Carlos Cordeu. Más lejos se encuentran
el ex comisario Carmelo Impari y el resto de las fuerzas políticas que tratan de sentar
a un concejal de sus filas en el recinto
deliberativo.
En
lo que hace a las elecciones seccionales,
por la Quinta se eligen 11 diputados. En
este caso, el peronismo pone en juego seis
de las bancas que tiene en la Legislatura
bonaerense y quien más podría perder hoy
es el radicalismo, que por haber sido parte
de la Alianza en las elecciones pasadas,
pone en juego tres lugares. Los otros dos
correspondían a fuerzas de lo que fuera
el Frepaso.
En
lo que tiene que ver con el Congreso de
la Nación, la provincia de Buenos Aires
es el distrito electoral que más escaños
coloca allí. Por eso, en esta elección se
renuevan 35 diputados nacionales. En ese
escenario, el que más probabilidades de
ganar tiene es el peronismo, ya que en igual
caso que en las legislativas, la Alianza
había incorporado legisladores que en esta
ocasión no conseguirán ni el radicalismo
ni las restantes fuerzas en las que se descompuso
la coalición que llevó a De la Rúa a la
Rosada.
En
cuanto a la renovación en el sillón de la
casa de gobierno provincial, el actual mandatario
Felipe
Solá está en una situación parecida
a la del intendente Katz. Debió asumir cuando
Carlos
Ruckauf dejó la gobernación para ser
canciller en el gobierno de Duhalde. Por
lo tanto, tratará de convencer a los bonaerenses
de que tiene fundamentos para conducir la
provincia por cuatro años.
A veinte años vista
En
1983 volvió la democracia. El 30 de octubre
de aquel año se realizaron los comicios
en los que Raúl
Alfonsín se impuso a Italo
Argentino Luder. En Mar del Plata, por
entonces, se presentaron 15 listas con candidatos
a intendentes entre los que recuerdo a Angel
Roig, luego triunfador de la elección,
Eduardo
Benedetti, Gustavo Demarchi, María del Carmen
Viñas, Juan Carlos Mantero, Roberto Bronzini
y Alfredo Battaglia, entre otros. De aquella
elección a esta pasaron muchas cosas en
la ciudad, y ya estamos por la sexta convocatoria
consecutiva, algo que a la vista de los
procesos políticos nacionales parece todo
un logro. En principio, creo que tenemos
que rescatar ese dato por sobre todos los
demás: estamos afianzando la democracia.
En
función de esto último, podemos decir que
la democracia se construye todos los días.
Que hay que cuidarla y alimentarla con actos
democráticos, y aunque esto parezca una
redundancia no lo es, porque hay quienes
son muy democráticos en épocas electorales
pero se olvidan que el resto de los días
también deberían serlo.
La
sociedad espera de sus dirigentes que conduzcan
los destinos de la ciudad en beneficio de
la mayor cantidad de gente posible, y no
de un sector determinado de vecinos. Y aunque
a muchos no les guste, todos aquellos que
miran de cerca de la política saben cuáles
propuestas representan eso y cuáles no.
En pos de la preservación del sistema democrático
como tal, sería sano que en el futuro los
candidatos dijeran cuáles son sus objetivos
de gobierno, sin disfrazarlos con propuestas
electorales que luego no pueden cumplir,
como ya sucediera.
En
estos comicios, los marplatenses iremos
a las urnas con la esperanza renovada de
que se puede construir una ciudad con mayor
calidad de vida para la gente, con trabajo,
seguridad, educación e igualdad. Y creo
que varios candidatos tratan de lograr eso
con diferentes programas por ejecutar.
Lo
que no tenemos que perder de vista es que
el sistema de participación se construye
diariamente. Quienes deseen comprometerse
con su ciudad deben trabajar a brazo partido
desde su rol para conseguir un escenario
mejor para Mar del Plata y el resto, alcanza
con que no bastardee esa construcción. Estoy
convencido, estimado lector, de que los
próximos comicios pueden darnos algo mejor
que los anteriores. Quizá sea tiempo de
ver cómo germina la semilla de la prosperidad
en la ciudad. ¿Por qué no? De hecho, algo
cambió: la gente volvió a creer en que se
puede estar mejor, y eso es muy importante
para salir adelante. 