El equilibrista

El juez Pablo Porzio está a punto de enfrentar un jury que podría resultar la antesala misma de su destitución, en virtud de que se compruebe que el magistrado se habría enriquecido ilícitamente en una suma que rondaría, en principio, los dos millones y medio de dólares. Investigadores de la Suprema Corte de Justicia habrían hallado material suficiente para sentar a Porzio en el banquillo de los acusados.

El pasado 5 de septiembre, el procurador general de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Matías de la Cruz, recibió en su despacho el pedido de jury de enjuiciamiento contra el titular del Juzgado Civil y Comercial 8 de nuestra ciudad, Pablo Porzio.

En sede tribunalicia circulaban, desde hacía tiempo, rumores que indicaban que el rápido enriquecimiento y el vertiginoso ascenso en la carrera judicial del ex secretario del juez Víctor Scoccimarro se debían a manejos poco claros de éste en los expedientes de quiebras de las empresas pesqueras más reconocidas de la ciudad durante la década pasada. Con sólo 33 años, Porzio había accedido al cargo de magistrado, cargo que la inmensa mayoría de los abogados de la matrícula con carrera en los tribunales tardan casi una vida en lograr, y acumulado, por un breve período, un patrimonio casi inexplicable para un funcionario provincial con un sueldo no mayor a los $ 5.000 por mes.

Los informes que este medio ha publicado sobre la fortuna de Porzio, aparecidos en la edición del 9 de junio de 2002 bajo el título "De heladero a millonario", y del 7 de julio del mismo año, "Pablito el aceitoso", fueron el disparador para una investigación judicial que derivó en el pedido de procesamiento de una comisión especial integrada por los agentes fiscales Pablo Poggetto, Gustavo Fissore y Aldo Carnevale, actuando  como fiscales de Delitos Económicos en la causa 145.016 que iniciara el empresario Mario Alberto Pafundi por la quiebra de Marexport SRL.

En la actualidad, el pedido de jury se encuentra en la oficina del Procurador, que deberá resolver qué hace con dicho requerimiento. Los fiscales locales han actuado con la seriedad y el rigor del caso, lo que ha provocado que el juez sospechado esté a punto de comparecer ante la justicia a tenor del cumplimiento del artículo 308 del Código de Procedimiento Penal. Claro que antes deberá ser suspendido en sus funciones de magistrado, dato no menor si se tiene en cuenta que Porzio habría prometido "llevarse puesto a unos cuantos", en caso de que se lo pusiera en el banquillo de los acusados.

El poder de la evidencia

Desde que Noticias & Protagonistas dejara al descubierto no sólo la cifra acumulada en cuentas bancarias por Porzio sino la operatoria para hacerse de ella, se abocó al tema en la ciudad una comisión de investigadores que gozan de gran prestigio entre los integrantes del sistema de administración de justicia. Ese cuerpo de pesquisas relevó importante información basada, especialmente, en la recopilación de datos testimoniales de personas que comparecieron ante ellos dando detalles del accionar del juez. También comprobaron la existencia de varias cuentas bancarias en las que los Porzio (el padre del juez, un hermano y él) tienen depositados sus "ahorros".

Los investigadores volvieron a La Plata asombrados por la claridad de los hechos que fueron el motivo de su llegada a la ciudad, y comprobaron que no era falso que el juez poseía cuentas en el Citibank y en el Banco Provincia sucursal Tribunales. Según datos propios de la investigación, repartidos en no menos de diez cuentas, los Porzio tendrían depósitos en dólares por 1.600.000; en pesos por 45.000 y acciones y bonos por un total de $2.200.000. Esos datos no contienen las propiedades muebles e inmuebles de la familia, pero contrastan de lleno con la declaración jurada del magistrado al inicio de su carrera judicial, allá por el año 1989, cuando decía poseer un patrimonio de u$s 2.300.

Al juez se lo acusa formalmente de enriquecimiento ilícito, falsedad ideológica de documento público y falsas declaraciones juradas. El primero de los tres ilícitos es el más grave, al punto que el acusado deberá justificar como amasó tan importante fortuna en tan poco tiempo. En los pasillos del edificio de Tribunales se oye, con absoluta normalidad, que "Porzio está en la cuerda floja". El magistrado de las quiebras más suculentas está cercano a tener que explicar cada una de las contundentes evidencias que obran en su contra, y se encuentra haciendo equilibrio entre uno y otro lado de la justicia.

Las cartas

Ni Pafundi, denunciante de Porzio en la quiebra de Marexport SRL, ni sus representantes se quedaron quietos. Desde hace nueve meses, cuando iniciara sus presentaciones, trajinan impenitentemente por sede judicial pidiendo acciones concretas contra el juez. De hecho, Pafundi elevó varias cartas a los más encumbrados órganos con responsabilidad y que pudieran entender en el caso: al ministro de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, Alfredo Meckievi, le hizo llegar la causa, con copia de documentación incriminatoria contra Porzio. Al gobernador Felipe Solá y titular de la Procuración General les envió material que respalda su pedido de pronta justicia.

Este accionar rápido y certero del denunciante hizo que la investigación no se derrumbara y que la justicia pusiera especial atención en el caso de marras. No obstante, en una carta enviada el pasado 9 de junio por Pafundi al titular del Colegio de Abogados Gerónimo Granel, el damnificado advierte al colegio de la falta de tareas de investigación en la Unidad Fiscal 10 a cargo del agente fiscal Osvaldo Cruz. En el texto puede leerse: "Tal como suponía, nada relevante se ha realizado". Cabe aquí destacar que todas las denuncias de Pafundi contra Porzio descansan en el despacho de Cruz: la causa 119.599 por "Estafa, prevaricato e incumplimiento de los deberes de funcionario público"; y la 121.741 por "Administración fraudulenta, abuso de autoridad, violación de los deberes de funcionario público, prevaricato y retardo y/o denegación de justicia".

Telarañas

En el caso Porzio hay, como mínimo, dos escenarios por develar. El primero de ellos está dado en el plano de lo formal. El juez fue investigado por los fiscales locales y por un equipo de pesquisas platenses que recopilaron información suficiente para que el procurador decida sobre la posibilidad de un jury al magistrado. Esa acción de esclarecimiento es peticionada, además, por los fiscales Poggetto, Fissore y Carnevale y originó una nota enviada a Solá, firmada por setenta abogados locales, en la que se solicita "se imprima al caso la mayor premura que las circunstancias exigen", en función de "dejar a salvo el honor del mencionado magistrado o bien para someterlo a debido proceso de enjuiciamiento para su remoción". Entre los firmantes hay un nutrido grupo de letrados de renombre y prestigio en la ciudad como Wenceslao Tejerina, Roberto Loustaunau, Patricia Perelló, Eduardo Hooft, Luis Games, Hugo D'Angelo, Federico Alvarez Larrondo y Carlos Brun, entre otros.

El segundo escenario se plantea en una telaraña de relaciones personales entre el magistrado y otros funcionarios del Departamento Judicial Mar del Plata y de la misma Suprema Corte. En función de ello es posible explicar el por qué de la mora de la investigación en las causas iniciadas por Pafundi y alojadas en la UFIJE 10 a cargo de Cruz. No son pocos los que sospechan que el cambio realizado por el fiscal general Fabián Uriel Fernández Garello, a principios de este año, en la estructura del ministerio fiscal local, obedece a contener algunas causas que eran inconvenientes para él y su núcleo más cercano, entre las que se encuentran las denuncias contra Porzio que, en un principio, recayeron en la fiscalía de la Dra. Susana Kluka y luego fueron trasladadas a la de Cruz.

Ahora, puede decirse que la suerte de Porzio está echada. Aquel muchachito que vendía helados en el verano para pagarse los estudios de abogado, que se destacara por su obsecuencia para con los propietarios de la empresa donde trabajaba, no parecería, a tenor de las denuncias, haber tenido la misma dedicación en honrar su cargo público y apegarse a la ley que juró hacer cumplir. El procurador Eduardo Matías de la Cruz es quien tiene en sus manos  la facultad y la posibilidad de hacer que el juez comparezca ante la Justicia y explique cómo se volvió un hombre rico en pocos años, con un sueldo que jamás lo permitiría y sin herencias a la vista. Además, deberá dar cuentas de cómo obró en las causas vinculadas a las quiebras de las empresas portuarias. Si De la Cruz habilita el jury, Porzio tendrá que hacer gala de las dotes de equilibrista que le permitieron usufructuar de un cargo y unos beneficios que otros, legítimamente, no consiguen en toda su vida. De ello no sólo dependerá su carrera judicial sino, y no subsidiariamente, que el agua de borrajas en la que hoy se encuentra sumergida la administración de justicia, comience a asentarse y dejar ver el fondo.