Pagando, pagando, la miseria viene llegando
Privatizar el dinero
Por Julio Archet

No es cuestión de fórmulas mágicas. Tampoco debemos enfrentarnos con dureza a la insensatez colectiva. Mucho menos, intentar convencer de lo supuestamente imposible a ningún genio de la economía. Simplemente, hay que demostrar sabiduría y ser creativos en la forma de salir de este atolladero llamado deuda externa. No es fácil... pero se puede. El poder político privatizó la economía, nosotros privatizamos el dinero.


Es martes 9 de setiembre. Me siento en la computadora y comienzo a golpetear las teclas en busca de respuestas. La música clásica me ayuda a generar un ámbito creativo en mi confundida mente. Sucede que hoy el tema del día con cuanto amigo me encontré fue la negociación de la deuda externa. De hecho, cuando esto se publique -o sea el domingo- ya se conocerán los resultados de las tratativas. Lo cierto es que los encontronazos de opinión estuvieron al orden del día. Todos opinan, pero de soluciones, ni pizca.

-"Hay que pagar la deuda... el país debe cumplir sus obligaciones...", fue la acalorada respuesta que me dio un hombre de más de setenta años, sumergido en su educación sistemática de respeto a las instituciones. Entiendo su posición, pero no la comparto. Se generaliza diciendo que "el país" debe, cuando se debería personalizar la deuda, porque tiene nombres y apellidos que la determinan, no solamente la imagen etérea de "un país". De hecho, mi hijo de 5 años hoy debe no sé bien cuántos dólares, pero me consta que sus chupetes y pañales fueron pagados y jamás recibió ni un céntimo del FMI. Pero debe, al igual que el colectivo nacional, cifras poco claras pero, por lo visto, "exigibles".

Ya muchas veces me definí a través de este espacio en Noticias & Protagonistas como un improvisado con los conocimientos justos como para discutir opciones y no un dueño absoluto de ninguna verdad, aunque sí de la mía, a la que defiendo con dientes y uñas. Podré estar equivocado, posibilidad concreta para cualquier ser humano que piense e interprete, pero de algo sí estoy seguro: elaboro mis opiniones y las emito con absoluta responsabilidad, haciéndome cargo de las consecuencias que mis palabras produzcan.

El dichoso dinero

Lo usamos. Morimos por él. Engañamos, sufrimos, nos volvemos locos... en definitiva, somos capaces de cualquier cosa por poseerlo. No importa el costo: el dinero es el combustible que moviliza esta Humanidad. Y la fuente de poder y atracción más fuerte que por estos días domina al mundo. Verdades de Perogrullo, pero verdades al fin.

Alvin Toffler, en su libro "El cambio del poder" expresa al respecto:

"La mayoría de nosotros oímos el crujido del papel cuando pensamos en las pesetas, los dólares, los francos, los yenes, los rublos o lo marcos alemanes. Sin embargo, nada parecería más extraño a los tatarabuelos de nuestros tatarabuelos si, por un milagro, pudieran viajar en el tiempo y situarse en el presente. Por nada del mundo aceptarían unos papeles "inútiles" en pago de una pieza de paño, que servía pare vestir, o de un saco de maíz, que servía para comer..."

"A lo largo de la era agrícola... el dinero consistía en alguna sustancia material con un valor intrínseco. Como el oro o la plata, por ejemplo. Pero también la sal, el tabaco, el coral, los tejidos de algodón, el cobre y las conchas de cauri".

El papel, qué ironía, tenía un uso muy limitado en la vida cotidiana antes de la generalización de la capacidad de lectura y escritura y, por lo tanto, rara vez sirvió como dinero, si es que eso ocurrió, en algún momento.

"Fueron los colonizadores de Norteamérica, al haberles prohibido los británicos la acuñación de monedas de oro o plata, los que, por primera vez en el mundo occidental, empezaron a imprimir papel moneda".

"Este cambio de un bien inherentemente valioso como el oro o el tabaco o las pieles a un papel que, de hecho, no valía nada, requirió una ingente cantidad de confianza por parte de los usuarios. Porque, a menos que una persona creyera que otras aceptarían el papel y le entregarían mercancías a cambio de él, el billete carecía en absoluto de valor. El papel moneda se basaba casi por entero en la confianza. Y el papel moneda dominó la sociedad industrial..."

"Hoy en día, a medida que emerge una economía más avanzada... el papel moneda se enfrenta a una obsolescencia casi total. Ahora está harto claro que el papel moneda, como las cadenas de montaje y las chimeneas de las fábricas, es un artefacto de la agonizante era industrial. Excepto en países económicamente atrasados y usos secundarios, el papel moneda seguirá el mismo camino que la moneda de conchas de coral o los brazaletes de cobre".

Mientras tanto, empresarios ambiciosos y cómplices, juntamente con gobernantes corruptos, consideran que nuestro peso moneda nacional posee un valor tres veces inferior al dólar y apuestan a su ganancia en desmedro de la economía nacional... Y todos debemos ser mudos testigos de esa degradación a beneficio de unos pocos. Porque en realidad, el valor del dinero depende de su credibilidad, como bien lo expresó Alvin Toffler. Estos individuos, como muchos argentinos que especulan ahorrando dólares, ven en la moneda norteamericana la panacea de su futuro. Y por ahora no se equivocan... solamente por ahora.

Crisis... siempre crisis...

Aunque sea una verdad de perogrullo, vivimos en un país en crisis. Y la crisis no es una mera casualidad, tiene, por supuesto, causas y efectos.

En primera instancia, consideremos que hemos sido tomados como "país reserva" para los habitantes del norte del Ecuador. Somos la reserva de agua para el futuro del mundo, además de un espacio absoluto pleno de riquezas para ser ocupado y aprovechado por los dueños de la economía global. Lo triste es que nos cambian territorio por papelitos (léase dólares) ansiados por aquellos que aún consideran su tenencia como un factor de poder.

Mientras tanto, un sufrido pueblo sigue como simple espectador estas elucubraciones colonizantes.

Hoy, creer que uno es de extrema izquierda cuando expresa conceptos como el más arriba expuesto, es creer todavía en los Reyes Magos. La famosa dicotomía entre izquierda y derecha ya no existe. Es más, se han confundido en un engendro híbrido en el que se encuentran exponentes de ambas formas de pensamiento mixados casi irresponsablemente, pero de manera muy peligrosa. Los límites han desaparecido y hoy la serpiente se come su propia cola.

Perspectivas que cambian

Recordemos por un momento que el Banco Mundial se llama (aunque hoy nos cueste creerlo) Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y que, con su compañero el Fondo Monetario Internacional, tenían como objetivo reconstruir un mundo vivible para el conjunto de naciones afectadas por la guerra...

En el curso de la enésima vuelta de tuerca, de los costosos ensayos y horrores de los organismos financieros internacionales y sus gobiernos nacionales cómplices, son las personas las que empiezan a interpretar mejor el valor de las desregulaciones a ultranza y las privatizaciones fuera de control... cuando deciden, silenciosa y pacientemente, privatizar el dinero. 

Actualmente encontramos distintas experiencias de intercambio compensado en varias formas: monedas paralelas, locales, complementarias, moneda social o bonus de intercambio, en Canadá, Estados Unidos, Europa, México, Japón, Tailandia, Indonesia y Senegal. En cada latitud se pueden encontrar iniciativas de las "bases" desahuciadas que intentan escapar del control irremediablemente ineficiente de las instancias supracomunitarias.

Hay que empujar cambios

El dinero no es condición de satisfacción de nuestras necesidades; la solidaridad y la reciprocidad son capaces de generar la confianza necesaria para que cualquier papel utilizado por nosotros reemplace al dinero en nuestros intercambios; cuando tales condiciones se dan, es posible privatizar el elemento de intercambio de bienes y servicios, en otra palabra, se genera moneda social.

Calidad de vida tiene poco que ver con cantidad de cosas y mucho que ver con calidad de las relaciones entre las personas.

Permanentemente, en este orden nuevo que estamos construyendo, hay muchas ideas poco probadas y dogmas que revisar, si queremos avanzar. ¿Por qué no tomarnos el tiempo y coraje para seguir inventando las formas que nos permitan salir de esta encrucijada?

¿Por qué no tomar esta oportunidad de creatividad y transferencia de poder a las personas como un espacio de crear justicia social y equidad en esta sociedad que tanto lo necesita?

Un organismo vivo

Intentando conseguir claridad en mis ideas, la comparación entre la sociedad y el organismo humano me ofrece herramientas que ayudan la comprensión, aunque más no sea por mera comparación. Sin ir más lejos, los organismos gubernamentales no son otra cosa que los órganos que cumplen funciones en un sistema que, de no estar enfermo, reacciona con vida.

Pero es el aparato circulatorio el que me da más herramientas al momento de establecer parangones. Siempre comparo la sangre con el dinero. El corazón es el sistema bancario. Los pulmones, la productividad. La sangre oxigenada (plena de productividad) egresa del corazón y comienza su recorrido por el organismo, cumpliendo su función revitalizadora en todos los órganos a los que llega. Existe un volumen de sangre ideal para el correcto funcionamiento del sistema, el que no puede ser aumentado ni disminuido, sin provocar serios daños al mismo. Es lo que ocurre con las alzas y bajas de presión, tan peligrosas y que acercan al borde de la muerte a muchos desprevenidos.

Luego de su circuito, la sangre ingresa a los pulmones y vuelve a ser remitida al corazón renovada por el sano oxígeno. Y la tournée recomienza...

Cuando uno habla de circulante en el sistema económico, se refiere a cuestiones similares. El dinero ingresa en el mercado cargado de posibilidades productivas. Es utilizado por los diferentes órganos sociales, sean estos públicos o privados. Se modifica por la aparición de las tasas de interés, que aumentan su densidad al agregar más circulante del necesario para mantener el equilibrio. Todos sabemos que cuando aumenta la demanda, la oferta reacciona aumentando también los valores. Lo opuesto ocurre cuando la oferta está plena y la demanda desinflada por la ausencia de "circulante". Es en esta situación donde los valores están bajos, dado que se han retraído las ventas, pero, y a pesar de esas ventajas comerciales, no se reactiva el mercado por la falta de dinero en los bolsillos de los consumidores. Esto frena la productividad, puesto que los stocks exceden la oferta comercial y las fábricas deben detener su maquinaria productiva a fin de evitar un sobredimensionamiento peligroso del mercado, ya que más producción aumenta la crisis. Es como si un torniquete hubiera detenido la circulación sanguínea, produciendo el adormecimiento de un miembro, el que queda inutilizado.

Pero más grave es aún cuando una "sangría" irresponsable produce la pérdida de litros y litros de sangre de nuestro organismo. Allí estamos al borde de una verdadera catástrofe vita y, parangonando, si alguien quita dinero "circulante" del sistema financiero, una situación de agonía económica invade el organismo social.

Es en esos momentos cuando se espera ansioso una "transfusión" (léase transferencia) de fondos (léase sangre) desde el Banco de Sangre (FMI) que regula la llegada del fluido elemento financiero según su análisis del organismo en cuestión. Si desea que éste llegue hasta las últimas consecuencias en su crisis, lo deja al borde de la hemofilia económica, a sabiendas que va a responder a sus exigencias por mera sobrevivencia.

Evidentemente, es una situación nefasta para cualquier organismo, más aún teniendo en cuenta que los años no pasan en vano y el cuerpo ya no responde con la rapidez del vigoroso sano, puesto que tantas enfermedades sociales lo han debilitado en el tiempo. Eso agrava su riesgo de desaparición, circunstancia aprovechada por los "reguladores" de la presión económica para dar a cuentagotas lo necesario en cantidades mayores.

En este ejemplo puntual no agrego los "chupasangre" porque sería tan extenso el artículo que me saldría de los límites del semanario.

Es el momento de actuar

Muchos "tontos improvisados" en esto de la economía, como el que esto escribe, comienzan a tomar el blanco papel y dibujar garabatos audaces, apuntando al Norte de las elucubraciones sensatas. No somos técnicos avezados en micro, macro o mega economía, pero intentamos trabajar de lo que sabemos y nos gusta, comer todos los días, mantener sanas y vivas a nuestras familias y, como colofón, encima demostramos un espíritu de innovación, producto de nuestro afán de supervivencia. Lo que se dice, unos "peligros" andantes, más aún aquellos que contamos con medios de difusión para exponer nuestras ideas y descubrimientos.

La búsqueda, a veces desprolija, pero inmersa en un voluntarismo ejemplar, generalmente acerca a objetivos deseados y, muchas otras, a hallazgos trascendentes.

Es aquí donde la luz del descubrimiento ilumina la oscuridad de las dudas: hay que privatizar el dinero.

Sí... ya sé que lee esto y cree que estoy  listo para el manicomio, pero piense por un instante si, cuando de credibilidad se habla, usted no estaría más seguro de utilizar una moneda de cambio generada en el trabajo y la confianza mutua y no, como ahora, en a especulación y la injusticia social.

Piénselo... por ahí eso de crear "moneda social" nos saca definitivamente de este círculo vicioso en el que el FMI nos ha sumergido a instancias de sus intereses desmedidos de poder y la complicidad de los "amantes del dinero".

Cuando pusimos en funcionamiento la Red Global de Trueque se nos reían en la cara. A los 7 años, 12 millones de argentinos comían y se vestían inmersos en este sistema "arcaico" para algunos "genios" de la economía tradicional.

Hasta hoy no se explican cómo pudimos llegar a semejante cifra, pero la realidad indica que no es por mérito propio solamente, sino porque el sistema económico había llegado a su punto más álgido de degradación. Y "los utópicos soñadores" creímos en nuestra moneda de intercambio porque veíamos de dónde provenía y quiénes la usaban. Y fue posible romper el paradigma.

Luego, las ambiciones políticas y la estupidez colectiva hicieron lo suyo. Hoy, parecemos extinguidos, pero aviso por este medio que aún existen retoños vivos de este bosque incendiado... y están creciendo... y creciendo... Tan solo falta un poco más de tiempo, y las raíces afirmadas sosteniendo un erguido tronco harán visible ese árbol que, sin ninguna duda, dará sus frutos.

Y volveremos a privatizar la esperanza, para que no nos vendan más buzones y los tengamos que pagar de por vida