Es
martes 9 de setiembre. Me siento
en la computadora y comienzo a golpetear
las teclas en busca de respuestas.
La música clásica me ayuda a generar
un ámbito creativo en mi confundida
mente. Sucede que hoy el tema del
día con cuanto amigo me encontré
fue la negociación de la deuda externa.
De hecho, cuando esto se publique
-o sea el domingo- ya se conocerán
los resultados de las tratativas.
Lo cierto es que los encontronazos
de opinión estuvieron al orden del
día. Todos opinan, pero de soluciones,
ni pizca.
-"Hay
que pagar la deuda... el país debe
cumplir sus obligaciones...",
fue la acalorada respuesta que me
dio un hombre de más de setenta
años, sumergido en su educación
sistemática de respeto a las instituciones.
Entiendo su posición, pero no la
comparto. Se generaliza diciendo
que "el país" debe, cuando
se debería personalizar la
deuda, porque tiene nombres y apellidos
que la determinan, no solamente
la imagen etérea de "un país".
De hecho, mi hijo de 5 años hoy
debe no sé bien cuántos dólares,
pero me consta que sus chupetes
y pañales fueron pagados y jamás
recibió ni un céntimo del FMI. Pero
debe, al igual que el colectivo
nacional, cifras poco claras pero,
por lo visto, "exigibles".
Ya
muchas veces me definí a través
de este espacio en Noticias &
Protagonistas como un improvisado
con los conocimientos justos como
para discutir opciones y no un dueño
absoluto de ninguna verdad, aunque
sí de la mía, a la que defiendo
con dientes y uñas. Podré estar
equivocado, posibilidad concreta
para cualquier ser humano que piense
e interprete, pero de algo sí estoy
seguro: elaboro mis opiniones y
las emito con absoluta responsabilidad,
haciéndome cargo de las consecuencias
que mis palabras produzcan.
El
dichoso dinero
Lo
usamos. Morimos por él. Engañamos,
sufrimos, nos volvemos locos...
en definitiva, somos capaces de
cualquier cosa por poseerlo. No
importa el costo: el dinero es el
combustible que moviliza esta Humanidad.
Y la fuente de poder y atracción
más fuerte que por estos días domina
al mundo. Verdades de Perogrullo,
pero verdades al fin.
Alvin
Toffler, en su libro "El cambio
del poder" expresa al respecto:
"La
mayoría de nosotros oímos el crujido
del papel cuando pensamos en las
pesetas, los dólares, los francos,
los yenes, los rublos o lo marcos
alemanes. Sin embargo, nada parecería
más extraño a los tatarabuelos de
nuestros tatarabuelos si, por un
milagro, pudieran viajar en el tiempo
y situarse en el presente. Por nada
del mundo aceptarían unos papeles
"inútiles" en pago de
una pieza de paño, que servía pare
vestir, o de un saco de maíz, que
servía para comer..."
"A
lo largo de la era agrícola... el
dinero consistía en alguna sustancia
material con un valor intrínseco.
Como el oro o la plata, por ejemplo.
Pero también la sal, el tabaco,
el coral, los tejidos de algodón,
el cobre y las conchas de cauri".
El
papel, qué ironía, tenía un uso
muy limitado en la vida cotidiana
antes de la generalización de la
capacidad de lectura y escritura
y, por lo tanto, rara vez sirvió
como dinero, si es que eso ocurrió,
en algún momento.
"Fueron
los colonizadores de Norteamérica,
al haberles prohibido los británicos
la acuñación de monedas de oro o
plata, los que, por primera vez
en el mundo occidental, empezaron
a imprimir papel moneda".
"Este
cambio de un bien inherentemente
valioso como el oro o el tabaco
o las pieles a un papel que, de
hecho, no valía nada, requirió una
ingente cantidad de confianza por
parte de los usuarios. Porque, a
menos que una persona creyera que
otras aceptarían el papel y le entregarían
mercancías a cambio de él, el billete
carecía en absoluto de valor. El
papel moneda se basaba casi por
entero en la confianza. Y el papel
moneda dominó la sociedad industrial..."
"Hoy
en día, a medida que emerge una
economía más avanzada... el papel
moneda se enfrenta a una obsolescencia
casi total. Ahora está harto claro
que el papel moneda, como las cadenas
de montaje y las chimeneas de las
fábricas, es un artefacto de la
agonizante era industrial. Excepto
en países económicamente atrasados
y usos secundarios, el papel moneda
seguirá el mismo camino que la moneda
de conchas de coral o los brazaletes
de cobre".
Mientras
tanto, empresarios ambiciosos y
cómplices, juntamente con gobernantes
corruptos, consideran que nuestro
peso moneda nacional posee un valor
tres veces inferior al dólar y apuestan
a su ganancia en desmedro de la
economía nacional... Y todos debemos
ser mudos testigos de esa degradación
a beneficio de unos pocos. Porque
en realidad, el valor del dinero
depende de su credibilidad, como
bien lo expresó Alvin Toffler. Estos
individuos, como muchos argentinos
que especulan ahorrando dólares,
ven en la moneda norteamericana
la panacea de su futuro. Y por ahora
no se equivocan... solamente por
ahora.
Crisis...
siempre crisis...
Aunque
sea una verdad de perogrullo, vivimos
en un país en crisis. Y la crisis
no es una mera casualidad, tiene,
por supuesto, causas y efectos.
En
primera instancia, consideremos
que hemos sido tomados como "país
reserva" para los habitantes
del norte del Ecuador. Somos la
reserva de agua para el futuro del
mundo, además de un espacio absoluto
pleno de riquezas para ser ocupado
y aprovechado por los dueños de
la economía global. Lo triste es
que nos cambian territorio por papelitos
(léase dólares) ansiados
por aquellos que aún consideran
su tenencia como un factor de poder.
Mientras
tanto, un sufrido pueblo sigue como
simple espectador estas elucubraciones
colonizantes.
Hoy,
creer que uno es de extrema izquierda
cuando expresa conceptos como el
más arriba expuesto, es creer todavía
en los Reyes Magos. La famosa dicotomía
entre izquierda y derecha ya
no existe. Es más, se han confundido
en un engendro híbrido en el que
se encuentran exponentes de ambas
formas de pensamiento mixados casi
irresponsablemente, pero de manera
muy peligrosa. Los límites han desaparecido
y hoy la serpiente se come su propia
cola.
Perspectivas
que cambian
Recordemos
por un momento que el Banco Mundial
se llama (aunque hoy nos cueste
creerlo) Banco Internacional
de Reconstrucción y Fomento
y que, con su compañero el Fondo
Monetario Internacional, tenían
como objetivo reconstruir un
mundo vivible para el conjunto de
naciones afectadas por la guerra...
En
el curso de la enésima vuelta de
tuerca, de los costosos ensayos
y horrores de los organismos financieros
internacionales y sus gobiernos
nacionales cómplices, son las personas
las que empiezan a interpretar mejor
el valor de las desregulaciones
a ultranza y las privatizaciones
fuera de control... cuando deciden,
silenciosa y pacientemente, privatizar
el dinero.
Actualmente
encontramos distintas experiencias
de intercambio compensado
en varias formas: monedas
paralelas, locales, complementarias,
moneda social o bonus de intercambio,
en Canadá, Estados Unidos, Europa,
México, Japón, Tailandia, Indonesia
y Senegal. En cada latitud se pueden
encontrar iniciativas de las "bases"
desahuciadas que intentan escapar
del control irremediablemente ineficiente
de las instancias supracomunitarias.
Hay
que empujar cambios
El
dinero no es condición de
satisfacción de nuestras necesidades;
la solidaridad y la reciprocidad
son capaces de generar la confianza
necesaria para que cualquier papel
utilizado por nosotros reemplace
al dinero en nuestros intercambios;
cuando tales condiciones se dan,
es posible privatizar el elemento
de intercambio de bienes y servicios,
en otra palabra, se genera moneda
social.
Calidad
de vida tiene poco que ver con cantidad
de cosas y mucho que ver con calidad
de las relaciones entre las personas.
Permanentemente,
en este orden nuevo que estamos
construyendo, hay muchas ideas poco
probadas y dogmas que revisar, si
queremos avanzar. ¿Por qué no tomarnos
el tiempo y coraje para seguir inventando
las formas que nos permitan salir
de esta encrucijada?
¿Por
qué no tomar esta oportunidad de
creatividad y transferencia de poder
a las personas como un espacio de
crear justicia social y equidad
en esta sociedad que tanto lo necesita?
Un
organismo vivo
Intentando
conseguir claridad en mis ideas,
la comparación entre la sociedad
y el organismo humano me ofrece
herramientas que ayudan la comprensión,
aunque más no sea por mera comparación.
Sin ir más lejos, los organismos
gubernamentales no son otra
cosa que los órganos que
cumplen funciones en un sistema
que, de no estar enfermo, reacciona
con vida.
Pero
es el aparato circulatorio el
que me da más herramientas al momento
de establecer parangones. Siempre
comparo la sangre con el dinero.
El corazón es el sistema bancario.
Los pulmones, la productividad.
La sangre oxigenada (plena de productividad)
egresa del corazón y comienza su
recorrido por el organismo, cumpliendo
su función revitalizadora en todos
los órganos a los que llega. Existe
un volumen de sangre ideal para
el correcto funcionamiento del sistema,
el que no puede ser aumentado ni
disminuido, sin provocar serios
daños al mismo. Es lo que ocurre
con las alzas y bajas de presión,
tan peligrosas y que acercan al
borde de la muerte a muchos desprevenidos.
Luego
de su circuito, la sangre ingresa
a los pulmones y vuelve a ser remitida
al corazón renovada por el sano
oxígeno. Y la tournée recomienza...
Cuando
uno habla de circulante en
el sistema económico, se refiere
a cuestiones similares. El dinero
ingresa en el mercado cargado
de posibilidades productivas. Es
utilizado por los diferentes órganos
sociales, sean estos públicos
o privados. Se modifica por la aparición
de las tasas de interés,
que aumentan su densidad al agregar
más circulante del necesario para
mantener el equilibrio. Todos sabemos
que cuando aumenta la demanda, la
oferta reacciona aumentando también
los valores. Lo opuesto ocurre cuando
la oferta está plena y la demanda
desinflada por la ausencia de "circulante".
Es en esta situación donde los valores
están bajos, dado que se han retraído
las ventas, pero, y a pesar de esas
ventajas comerciales, no se reactiva
el mercado por la falta de dinero
en los bolsillos de los consumidores.
Esto frena la productividad, puesto
que los stocks exceden la oferta
comercial y las fábricas deben detener
su maquinaria productiva a fin de
evitar un sobredimensionamiento
peligroso del mercado, ya que más
producción aumenta la crisis. Es
como si un torniquete hubiera detenido
la circulación sanguínea, produciendo
el adormecimiento de un miembro,
el que queda inutilizado.
Pero
más grave es aún cuando una "sangría"
irresponsable produce la pérdida
de litros y litros de sangre de
nuestro organismo. Allí estamos
al borde de una verdadera catástrofe
vita y, parangonando, si alguien
quita dinero "circulante"
del sistema financiero, una situación
de agonía económica invade
el organismo social.
Es
en esos momentos cuando se espera
ansioso una "transfusión"
(léase transferencia) de fondos
(léase sangre) desde el Banco de
Sangre (FMI) que regula la llegada
del fluido elemento financiero según
su análisis del organismo en cuestión.
Si desea que éste llegue hasta las
últimas consecuencias en su crisis,
lo deja al borde de la hemofilia
económica, a sabiendas que va a
responder a sus exigencias por mera
sobrevivencia.
Evidentemente,
es una situación nefasta para cualquier
organismo, más aún teniendo en cuenta
que los años no pasan en vano y
el cuerpo ya no responde con la
rapidez del vigoroso sano, puesto
que tantas enfermedades sociales
lo han debilitado en el tiempo.
Eso agrava su riesgo de desaparición,
circunstancia aprovechada por los
"reguladores" de la presión
económica para dar a cuentagotas
lo necesario en cantidades mayores.
En
este ejemplo puntual no agrego los
"chupasangre" porque sería
tan extenso el artículo que me saldría
de los límites del semanario.
Es
el momento de actuar
Muchos
"tontos improvisados"
en esto de la economía, como el
que esto escribe, comienzan a tomar
el blanco papel y dibujar garabatos
audaces, apuntando al Norte de las
elucubraciones sensatas. No somos
técnicos avezados en micro, macro
o mega economía, pero intentamos
trabajar de lo que sabemos y nos
gusta, comer todos los días, mantener
sanas y vivas a nuestras familias
y, como colofón, encima demostramos
un espíritu de innovación, producto
de nuestro afán de supervivencia.
Lo que se dice, unos "peligros"
andantes, más aún aquellos que contamos
con medios de difusión para exponer
nuestras ideas y descubrimientos.
La
búsqueda, a veces desprolija, pero
inmersa en un voluntarismo ejemplar,
generalmente acerca a objetivos
deseados y, muchas otras, a hallazgos
trascendentes.
Es
aquí donde la luz del descubrimiento
ilumina la oscuridad de las dudas:
hay que privatizar el dinero.
Sí...
ya sé que lee esto y cree que estoy
listo para el manicomio, pero piense
por un instante si, cuando de credibilidad
se habla, usted no estaría más seguro
de utilizar una moneda de cambio
generada en el trabajo y la confianza
mutua y no, como ahora, en a especulación
y la injusticia social.
Piénselo...
por ahí eso de crear "moneda
social" nos saca definitivamente
de este círculo vicioso en el que
el FMI nos ha sumergido a instancias
de sus intereses desmedidos de poder
y la complicidad de los "amantes
del dinero".
Cuando
pusimos en funcionamiento la Red
Global de Trueque se nos reían
en la cara. A los 7 años, 12 millones
de argentinos comían y se vestían
inmersos en este sistema "arcaico"
para algunos "genios"
de la economía tradicional.
Hasta
hoy no se explican cómo pudimos
llegar a semejante cifra, pero la
realidad indica que no es por mérito
propio solamente, sino porque el
sistema económico había llegado
a su punto más álgido de degradación.
Y "los utópicos soñadores"
creímos en nuestra moneda de intercambio
porque veíamos de dónde provenía
y quiénes la usaban. Y fue posible
romper el paradigma.
Luego,
las ambiciones políticas y la estupidez
colectiva hicieron lo suyo. Hoy,
parecemos extinguidos, pero aviso
por este medio que aún existen retoños
vivos de este bosque incendiado...
y están creciendo... y creciendo...
Tan solo falta un poco más de tiempo,
y las raíces afirmadas sosteniendo
un erguido tronco harán visible
ese árbol que, sin ninguna duda,
dará sus frutos.
Y
volveremos a privatizar la esperanza,
para que no nos vendan más buzones
y los tengamos que pagar de por
vida