En el barrio Santa Rosa, uno de
sus comedores recibe subsidio por
más del doble de las personas a las
que da de comer. La denuncia, realizada
en Desarrollo Social por una de las
trabajadoras del plan Jefas y Jefes
de Familia, lejos de conducir al inicio
de un expediente, derivó en un consejo
de un pseudo funcionario del área
para la denunciante: que no expusiera
el caso ante abogados, porque él lo
solucionaría. |
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Las irregularidades en los planes
Jefes y Jefas son una constante. Evangelina,
beneficiaria de un plan, denunció que en
el Comedor Santa Rosa la titular del mismo,
Rosa Torales, cobraría un subsidio
del estado nacional por un monto varias
veces superior al que corresponde, ya que
allí no brindan el servicio a la cantidad
de personas que tienen registradas en el
ámbito nacional.
La vecina intentó dejar constancia
de la situación ante el área de Desarrollo
Social de la comuna, pero allí le indicaron
que la dependencia no tiene injerencia en
los subsidios FOPAR que distribuye el gobierno
nacional. No obstante, y tras solicitar
una entrevista con la titular del área Vilma
Baragiola, ésta la derivó a un colaborador
suyo, Gonzalo Quevedo, quien le pidió
que "no coloque abogado y no le
comentara a nadie que había mantenido un
encuentro con él", aun cuando la
situación revestía la gravedad suficiente
para iniciar una investigación.
La situación es por demás curiosa:
Quevedo no es funcionario de Desarrollo
Social pero Baragiola lo respalda, argumentando
que “colabora ad honorem” con su
gestión. Es más: le otorga responsabilidades
específicas como la de recibir una denuncia.
Obviamente, el colaborador tiene poder suficiente
para "filtrar" lo que considera
conveniente o no para la gestión que lo
cobija.
El caos en Santa Rosa
El comedor Santa Rosa, de Rosa Torales,
está ubicado en Tripulantes del Fournier
3338. Allí, supuestamente, se daría asistencia
alimenticia a unas 450 personas, según consta
en los registros del FOPAR. En virtud de
ello es que el estado nacional subsidia
la actividad de dicho centro. Sin embargo,
en la práctica no son más de un centenar
los vecinos que allí almuerzan, por lo que
se estarían entregando tres veces y media
más los recursos que corresponden, mientras
otros comedores tardan meses en conseguir
el apoyo del gobierno nacional.
En Santa Rosa también suceden otras
cosas de extrema seriedad. Las raciones
de comida se componen de alimentos que están
en mal estado. Evangelina manifestó que
a los beneficiarios del almuerzo suele dárseles
pan con musgo, mayonesa agria y salchichas
en dudoso estado. Si a ello se le suma el
calor propio de esta época del año, la combinación
podría ser fatal.
Otro dato importante es que quienes
realizan tareas en el comedor son beneficiarios
del Plan Jefes y Jefas de Familia. Meses
atrás, estaban registrados en ese centro
una treintena de trabajadores, de los cuales
veinte realizaban las labores requeridas,
mientras que las diez restantes serían amigos
y familiares de la titular del comedor,
que no trabajaban pero cobraban. En la actualidad
no quedan más que seis personas, ya que
la mayoría renunció por los malos tratos
que recibían.
En un pasaje de la entrevista, Evangelina
relató haber sido obligada por Torales y
su capataz José María a presentarse a trabajar
aun con amenaza de aborto incipiente. La
beneficiaria cursa su sexto mes de embarazo
y, al elevar un certificado médico ante
las autoridades de la ex secretaría de Calidad
de Vida, donde constaba que la gestación
estaba en peligro, Torales la reprendió
con actitud intolerante: "A mí me
sirven tus manos, no los certificados".
Además, la amenazó con borrarla del
beneficio del plan si no concurría al comedor.
Otras mujeres que eran parte de
la tarea de elaboración de la comida y limpieza,
también se marcharon. No podían llevar a
sus hijos durante las horas de trabajo -que
siempre se extendían a más de diez- y estaban
obligadas a concurrir también los sábados
y domingos. El descontento general creció
y terminó en la desvinculación de la mayor
parte de los beneficiarios de planes al
comedor Santa Rosa. Por si faltara algo,
el centro fue asimismo denunciado también
ante Desarrollo Social en los últimos días
por amenazas a los chicos que gritan o juegan
a la hora del almuerzo con una suspensión
de "tres días sin comer".
Como Pilatos: bien limpitas
Vilma Baragiola estaba en conocimiento
de las denuncias de Evangelina e indicó
que viajó a Capital Federal para llevar
el caso a las oficinas del área de la Mujer
del gobierno de Néstor Kirchner,
de donde provienen los subsidios del FOPAR.
No obstante, dejó constancia de que "no
tiene injerencia en nada de lo que provenga
del estado nacional, porque no existe coordinación
ni mucho menos articulación de programas
con esa jurisdicción".
Según sostuvo Baragiola, en Mar
del Plata se registran más irregularidades
con los subsidios del FOPAR, pero aclaró
que “lo único que ella puede hacer al
respecto es señalarle a los denunciantes
el camino para que realicen los reclamos
en Capital Federal”.