La mayor fuente de generación de
divisas de nuestro país, la soja,
aun puede duplicar el rendimiento
actual. Los productores sostienen
que el boom sojero no es fruto de
la política de estado del ex presidente
Carlos Menem sino de una sociedad
que se adecuó a los cambios de la
década pasada y que, en muchas ocasiones,
debió luchar con los problemas de
su actividad y soportar la incapacidad
de los gobernantes.
El creador de la Asociación de Siembra
Directa (APRESID), Víctor Trucco,
señaló sin ambigüedades que la evolución
de la producción sojera no es fruto
de las políticas de la administración
menemista, sino por el contrario,
“es un fenómeno de la gente que,
durante los noventa, soportó la
incapacidad de muchos gobernantes".
Al respecto, Trucco señaló que la
muestra de ello es que el ex presidente
nunca incorporó al cereal en sus
discursos.
El lanzamiento de APRESID, en 1989,
contó con la presencia del ahora
gobernador de la provincia de Buenos
Aires, Felipe Solá, que en
aquel entonces estaba al frente
de la secretaría de Agricultura,
Ganadería y Pesca de la Nación.
En una conversación en aquellos
años, Solá dijo no entender la necesidad
de los productores por agruparse:
"Ustedes no saben que más
hacer, ahora inventan una asociación
de siembra", en obvia alusión
a su desconcierto y a que suponía
que el flamante nucleamiento respondía
a intereses políticos de los productores,
que buscaban posicionarse mejor
ante el gobierno de cara a futuros
reclamos.
La realidad, la única verdad
Años más tarde, las circunstancias
han variado significativamente:
miles de productores argentinos
se asocian entre sí para formar
pequeñas Pymes, que son la fuerza
que motoriza el país a través del
ingreso de divisas como consecuencia
de la liquidación de exportaciones
de soja. Ingenieros agrónomos, propietarios
de pequeños campos, vendedores de
agroquímicos, fumigadores y peones
son los actores principales de esta
nueva forma de entender la producción,
que los llevó a reunirse y a que
cada uno aporte su conocimiento
y trabajo, en un sistema que les
permite ganar a todos en proporción
a sus tareas y responsabilidades.
Esta nueva plataforma de despegue
de la Argentina es uno de los casos
más atractivos de los investigadores
relacionados con el sector agrícola
internacional. Incluso han sido
invitados a la prestigiosa universidad
estadounidense de Harvard para exponer
el "fenómeno argentino",
ya que en el resto del mundo no
encuentran explicación lógica al
resurgimiento de nuestra economía
desde la consolidación de las pequeñas
unidades de negocios: las Pymes
agrarias.
Consultado sobre el origen del éxito
sojero, Trucco consideró que "no
se trata de la expansión de los
terratenientes argentinos sino de
la proyección de chacareros que
tienen 6.000 hectáreas distribuidas
en veinte sociedades diferentes,
pero que, en realidad, quizá sean
dueños sólo de cien". Para
él, lo importante es que este fenómeno
de Pymes exportadoras es el más
grande de la Argentina, porque la
fortaleza está en la asociatividad
de los productores, lo que les permite
exportar por un valor de u$s7.000.000.000
al año mediante compañías más grandes,
que son las que pueden hacer su
entrada a los grandes mercados del
mundo. Trucco sostiene: "necesitamos
de las grandes firmas, porque a
China no se ingresa con un camión
de cereal".
Una actividad noble y castigada
Una de las facultades de la soja
es que se produce en el interior
del país, lo cual permitió una recuperación
económica desde las ciudades más
recónditas hacia la Capital Federal.
Trucco sostiene que cuando un productor
siembra soja le aporta valor agregado
al campo, ya que por cada hectárea
invierte $2.000, que luego permite
realizar exportaciones y motorizar
el mercado interno en función de
la cosecha del cereal.
Pese a ello, el directivo se quejó
de las altas retenciones que el
gobierno le aplica a la actividad:
"Nos expropian un 20% de
nuestras exportaciones, y encima
nos critican diciendo que transformamos
las tierras en un desierto. Este
es el único país en el mundo donde
sucede algo por el estilo; pero
igual vamos a seguir colaborando
hasta que salgamos de la crisis,
porque gracias a esto se ponen en
marcha muchas fuentes de trabajo".
En cuanto a las ganancias de los
productores, cabe ilustrar que hace
15 años se podía obtener 18 quintales
por hectárea, mientras que hoy se
están obteniendo casi 30; el máximo
que la tierra puede producir es
de 60, lo cual habla de un potencial
de duplicar las ganancias. Por ello,
Trucco no duda en argumentar que
pese a que el valor de la soja en
el mundo puede disminuir, Argentina
tiene posibilidades de no perder
divisas, elevando el rendimiento
de los campos.