Para
el momento en que esta nota llegue a
sus manos, habrá escuchado y leído hasta
el cansancio acerca de la Cumbre de
Monterrey; ruego disculpar, pero no
puedo hacerme el oso. Sobre todo por
dos razones fundamentales: lo ocurrido
me gratifica en varios aspectos, me
confirma algunas sospechas mediáticas,
y me obliga a mirar hacia atrás, al
origen de un encuentro previo que considero
que hará historia: el de Cancún.
Vamos
por partes. Debo decir que si bien sé
de la necesaria moderación que debe
predominar dadas las circunstancias,
me sumo a la caravana de muchos que
perciben un aroma diferente en la actualidad
argentina. Es real que no se trata de
tirar manteca al techo y pensar que
han comenzado cien años de gloria (Alfonsín
lo dijo, ¿recuerda?). Pero tampoco se
puede negar obstinadamente que la situación
no está planteada en los términos del
chabacano e impresentable Carlos Menem,
ni en los pseudo aristocráticos de De
la Rúa, ni en los poco confiables de
Eduardo Duhalde. Kirchner no es Caperucita;
pero juega, aparentemente, otro juego.
Tampoco
es para engañarse: no todo lo que salió
bastante bien es exclusivamente por
mérito propio, sino en buena medida
responde a necesidades ajenas. En efecto,
los Republicanos atraviesan un año electoral
que no va a ser fácil; la crisis en
Irak es profunda: no consolidan el poder
para transferirlo a grupos afines, los
atentados siguen a diario, capturar
a Saddam en vez de resolver el problema
les ha creado otro de tipo jurídico
(ver pág. 3), de Afganistán ni hablan
porque todo lo que hay para decir es
malo (recuperan terreno los talibán
en el Sur, hay malestar en Kabul, el
hambre y la miseria muestran que la
"ayuda" no fue tal, etc.).
Sumemos el déficit interno que para
EEUU representará una cifra con más
ceros de los manejables, Europa que
no es todo lo adicta y sumisa que soñaban,
Chávez el venezolano que resiste los
embates de la oposición. Lo que menos
necesita Bush en este momento es aumentar
la discordia cerca de casa: ya le basta
y sobra con Brasil, su decidida postura
anti-ALCA, y su liderazgo en Cancún.
A río revuelto, salimos ganando. Poco
según se mire, pero mucho más de lo
esperable considerando nuestra situación.
Pero
antes de seguir, un párrafo para mis
sospechas mediáticas: ¿Y? ¿adónde quedó
el apriete para que se votara en contra
de Cuba? ¿se presionó salvajemente por
el aumento de tarifas? ¿se reclamaron
compensaciones para los Bancos por la
pesificación? Nada de eso; ni una palabra,
como era realmente de suponer si los
señores que tienen en sus manos micrófonos
y computadoras pensaran un poco antes
de hablar/escribir.
En
vez de concentrarse temas clave (la
posición de Argentina con Bolivia/Chile,
la estrecha relación Lula/Chávez), se
(nos) aburrieron con el entredicho de
Noriega y la "Argentina izquierdista",
pero no dijeron ni una palabra de la
feroz arremetida contra Brasil. Adam
Ereli, portavoz del Departamento de
Estado de EEUU, dijo esa misma semana:
"Cuba, junto a Venezuela y Brasil,
son los que cultivan el sentimiento
antinorteamericano. Nos preocupan sus
acciones porque tienden a desestabilizar
procesos democráticos y libres en el
Continente". Esa sí que es una
acusación fuerte, cuya respuesta no
se hizo esperar: "Es un horror
que funcionarios hablen sin saber. Hay
que crear un fondo de combate contra
la pobreza. Eso sí que puede desequilibrar"
(Marco Aurelio García, asesor especial
para Asuntos Internacionales del gobierno
de Da Silva).
Me
está cansando cada vez más (la vejez
no viene sola) esa manía conspirativa,
esa realidad virtual que se pretende
instalar desde los medios con tal de
ofrecer mercadería basura en vez de
lo mucho e importante que hay para analizar;
claro, no les importa si lo que se dice
es esencial o superfluo, si es cierto
o no, lo que importa es vender. Pues
bien, muchachos, una vez más quedaron
descolocados: el mundo pasó por otra
carretera.
Vuelvo
ahora sí al tema principal. La Cumbre
mostró algunas cosas interesantes, empezando
por "todo lo que salió mal"
para algunos miembros. El texto final
refleja la esencia de la discusión:
no se fijó fecha precisa para el ALCA
(EEUU reclamaba el 2005); Brasil dejó
en claro que ese no era el ámbito para
discutir el tema; Venezuela se sumó
a su vecino para criticar el apresuramiento,
aunque firmó "por principio bolivariano"
de unidad americana. Se rechazó la sugerencia
de excluir a los países "corruptos"
por ser casi imposible aplicar un concepto
a un ámbito tan amplio (evitando unilateralismos
de EEUU que ya tenía dos o tres nombres
para la lista).
Cualquiera
podría pensar que entonces fue un fracaso,
porque casi nada de lo propuesto originalmente
fue firmado por los participantes. De
hecho, periódicos europeos como El Mundo
(España) hablaban de una reunión que
"no conformó a los 34 países miembros".
Sin embargo, creo que puede leerse de
otro modo: ocurrió lo mismo que en el
encuentro de la Organización Mundial
del Comercio (OMC) en Cancún. No se
lograron acuerdos, y eso es lo bueno;
sencillamente porque no eran "acuerdos",
sino "imposiciones".
En
aquel momento también los medios y analistas
de EEUU y Europa hablaron de fracaso,
de frustraciones, de posiciones encontradas,
de disidencias, de falta de acuerdo.
Recuerdo un largo editorial de Scott
Miller y Matthew Newman (The Wall Street
Journal) poco menos que horrorizados
por el final sin final. Y, con todo
respeto, estimo que eso fue lo mejor
que podía pasar: en vez de aceptar mansamente
discutir cuestiones de segundo orden
que permitían mantener el statu quo,
hubo quienes aportaron a fondo y decidieron
poner sobre la mesa aquellas cuestiones
que frustran el crecimiento de los menos
favorecidos: los subsidios, las barreras
para-arancelarias, la voracidad de los
laboratorios, las reglamentaciones sobre
patentes en productos clave (semillas
y medicamentos).
Durante
las negociaciones, llegó a ser de dominio
público que la manipulación, el chantaje
y las amenazas hacia los países del
Sur no fueron casos aislados; distintas
delegaciones fueron puestas contra la
pared en reuniones privadas, pero las
relaciones de fuerza se revirtieron
y quienes terminaron contra la pared
fueron las potencias que, rehusándose
a aceptar su derrota, se afanaron en
buscar culpables para transferir a otros
la responsabilidad del "fracaso".
Norteamericanos
y europeos estaban habituados a sus
tira y afloje temas como acero, textiles
y agro, mientras el resto observaba
con la ñata contra el vidrio esperando
(y sufriendo) las consecuencias. Esa
vez allí, en Cancún, Brasil (de nuevo),
China y la India se plantaron firmes,
apuntalando la creación del G21, un
grupo de países capaces de generar un
volumen altísimo de producción, pero
que además reúnen un capital demográfico
sustancial.
Los
más optimistas de entonces dijeron que
había acuerdo para continuar las conversaciones
agrícolas y una guía a favor de ciertas
medidas de apertura comercial, conocidas
como los temas de Singapur. En los pasillos
hasta se habló de cambiar a los responsables
de los ocho comités negociadores de
la OMC, con la esperanza de encontrar
una mejor sinergia que ayude a avanzar.
La Unión Europea dijo necesitar un período
de “reflexión” para replantearse su
estrategia y evaluar si la OMC necesitaba
"ser reestructurada". En resumidas
cuentas, la única resolución concreta
de la "V Reunión Ministerial de
la OMC fue pedir al director general
que convoque a una reunión del Consejo...
para concertar un cónclave ulterior.
¿Esto
es malo? Muy lejos estoy de creerlo.
Al igual que en Monterrey, muestra la
aparición de disensos racionales que
no pasan por proclamas incendiarias,
la rotura de vidrios ni los discursos
histéricos. Para por una realidad de
a puño que es el desastre al que condujo
la década del ´90 y su paradigma económico.
Ni siquiera hablo de mala intención,
aunque resulte manifiesta en más de
un caso; hablemos sólo de números concretos,
de gente excluida, de descenso en la
calidad de vida, de pauperización de
la clase media, del aumento del desempleo
incluso en naciones desarrolladas, de
multiplicación de la indigencia, de
aumento de la brecha entre sectores
sociales, del retorno de enfermedades
de la pobreza. Negarlo es no querer
mirar estadísticas que no responden
a un partido político ni a una ideología:
son las cifras globales de todas (TODAS)
las Agencias dependientes de Naciones
Unidas (ACNUR, PNUD, UNICEF, y otras).
Si
el que nos quiere matar, efectivamente
nos mata, para él está bien pero para
mí está muy mal. Su fracaso es mi éxito.
El "fracaso" de Cancún fue
un éxito para quienes estaban hartos
de ser figuras decorativas; el "descontento"
en Monterrey es la prueba de que al
menos se va a intentar no firmar cualquier
cosa. La "postergación" del
ALCA es un logro, si siguen pensándolo
como cuando lo pergeñaron. No hace falta
ser de izquierda (dirían algunos) ni
peronista (versión goriloide) para estar
esperanzado. Estoy saludable y moderadamente
esperanzado. Eso -hoy, para mi- es mucho.