Saludable esperanza

Por Rodolfo Olivera

Para el momento en que esta nota llegue a sus manos, habrá escuchado y leído hasta el cansancio acerca de la Cumbre de Monterrey; ruego disculpar, pero no puedo hacerme el oso. Sobre todo por dos razones fundamentales: lo ocurrido me gratifica en varios aspectos, me confirma algunas sospechas mediáticas, y me obliga a mirar hacia atrás, al origen de un encuentro previo que considero que hará historia: el de Cancún.

Vamos por partes. Debo decir que si bien sé de la necesaria moderación que debe predominar dadas las circunstancias, me sumo a la caravana de muchos que perciben un aroma diferente en la actualidad argentina. Es real que no se trata de tirar manteca al techo y pensar que han comenzado cien años de gloria (Alfonsín lo dijo, ¿recuerda?). Pero tampoco se puede negar obstinadamente que la situación no está planteada en los términos del chabacano e impresentable Carlos Menem, ni en los pseudo aristocráticos de De la Rúa, ni en los poco confiables de Eduardo Duhalde. Kirchner no es Caperucita; pero juega, aparentemente, otro juego.

Tampoco es para engañarse: no todo lo que salió bastante bien es exclusivamente por mérito propio, sino en buena medida responde a necesidades ajenas. En efecto, los Republicanos atraviesan un año electoral que no va a ser fácil; la crisis en Irak es profunda: no consolidan el poder para transferirlo a grupos afines, los atentados siguen a diario, capturar a Saddam en vez de resolver el problema les ha creado otro de tipo jurídico (ver pág. 3), de Afganistán ni hablan porque todo lo que hay para decir es malo (recuperan terreno los talibán en el Sur, hay malestar en Kabul, el hambre y la miseria muestran que la "ayuda" no fue tal, etc.). Sumemos el déficit interno que para EEUU representará una cifra con más ceros de los manejables, Europa que no es todo lo adicta y sumisa que soñaban, Chávez el venezolano que resiste los embates de la oposición. Lo que menos necesita Bush en este momento es aumentar la discordia cerca de casa: ya le basta y sobra con Brasil, su decidida postura anti-ALCA, y su liderazgo en Cancún. A río revuelto, salimos ganando. Poco según se mire, pero mucho más de lo esperable considerando nuestra situación.

Pero antes de seguir, un párrafo para mis sospechas mediáticas: ¿Y? ¿adónde quedó el apriete para que se votara en contra de Cuba? ¿se presionó salvajemente por el aumento de tarifas? ¿se reclamaron compensaciones para los Bancos por la pesificación? Nada de eso; ni una palabra, como era realmente de suponer si los señores que tienen en sus manos micrófonos y computadoras pensaran un poco antes de hablar/escribir.

En vez de concentrarse temas clave (la posición de Argentina con Bolivia/Chile, la estrecha relación Lula/Chávez), se (nos) aburrieron con el entredicho de Noriega y la "Argentina izquierdista", pero no dijeron ni una palabra de la feroz arremetida contra Brasil. Adam Ereli, portavoz del Departamento de Estado de EEUU, dijo esa misma semana: "Cuba, junto a Venezuela y Brasil, son los que cultivan el sentimiento antinorteamericano. Nos preocupan sus acciones porque tienden a desestabilizar procesos democráticos y libres en el Continente". Esa sí que es una acusación fuerte, cuya respuesta no se hizo esperar: "Es un horror que funcionarios hablen sin saber. Hay que crear un fondo de combate contra la pobreza. Eso sí que puede desequilibrar" (Marco Aurelio García, asesor especial para Asuntos Internacionales del gobierno de Da Silva).

Me está cansando cada vez más (la vejez no viene sola) esa manía conspirativa, esa realidad virtual que se pretende instalar desde los medios con tal de ofrecer mercadería basura en vez de lo mucho e importante que hay para analizar; claro, no les importa si lo que se dice es esencial o superfluo, si es cierto o no, lo que importa es vender. Pues bien, muchachos, una vez más quedaron descolocados: el mundo pasó por otra carretera.

Vuelvo ahora sí al tema principal. La Cumbre mostró algunas cosas interesantes, empezando por "todo lo que salió mal" para algunos miembros. El texto final refleja la esencia de la discusión: no se fijó fecha precisa para el ALCA (EEUU reclamaba el 2005); Brasil dejó en claro que ese no era el ámbito para discutir el tema; Venezuela se sumó a su vecino para criticar el apresuramiento, aunque firmó "por principio bolivariano" de unidad americana. Se rechazó la sugerencia de excluir a los países "corruptos" por ser casi imposible aplicar un concepto a un ámbito tan amplio (evitando unilateralismos de EEUU que ya tenía dos o tres nombres para la lista).

Cualquiera podría pensar que entonces fue un fracaso, porque casi nada de lo propuesto originalmente fue firmado por los participantes. De hecho, periódicos europeos como El Mundo (España) hablaban de una reunión que "no conformó a los 34 países miembros". Sin embargo, creo que puede leerse de otro modo: ocurrió lo mismo que en el encuentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún. No se lograron acuerdos, y eso es lo bueno; sencillamente porque no eran "acuerdos", sino "imposiciones".

En aquel momento también los medios y analistas de EEUU y Europa hablaron de fracaso, de frustraciones, de posiciones encontradas, de disidencias, de falta de acuerdo. Recuerdo un largo editorial de Scott Miller y Matthew Newman (The Wall Street Journal) poco menos que horrorizados por el final sin final. Y, con todo respeto, estimo que eso fue lo mejor que podía pasar: en vez de aceptar mansamente discutir cuestiones de segundo orden que permitían mantener el statu quo, hubo quienes aportaron a fondo y decidieron poner sobre la mesa aquellas cuestiones que frustran el crecimiento de los menos favorecidos: los subsidios, las barreras para-arancelarias, la voracidad de los laboratorios, las reglamentaciones sobre patentes en productos clave (semillas y medicamentos).

Durante las negociaciones, llegó a ser de dominio público que la manipulación, el chantaje y las amenazas hacia los países del Sur no fueron casos aislados; distintas delegaciones fueron puestas contra la pared en reuniones privadas, pero las relaciones de fuerza se revirtieron y quienes terminaron contra la pared fueron las potencias que, rehusándose a aceptar su derrota, se afanaron en buscar culpables para transferir a otros la responsabilidad del "fracaso". 

Norteamericanos y europeos estaban habituados a sus tira y afloje temas como acero, textiles y agro, mientras el resto observaba con la ñata contra el vidrio esperando (y sufriendo) las consecuencias. Esa vez allí, en Cancún, Brasil (de nuevo), China y la India se plantaron firmes, apuntalando la creación del G21, un grupo de países capaces de generar un volumen altísimo de producción, pero que además reúnen un capital demográfico sustancial. 

Los más optimistas de entonces dijeron que había acuerdo para continuar las conversaciones agrícolas y una guía a favor de ciertas medidas de apertura comercial, conocidas como los temas de Singapur. En los pasillos hasta se habló de cambiar a los responsables de los ocho comités negociadores de la OMC, con la esperanza de encontrar una mejor sinergia que ayude a avanzar. La Unión Europea dijo necesitar un período de “reflexión” para replantearse su estrategia y evaluar si la OMC necesitaba "ser reestructurada". En resumidas cuentas, la única resolución concreta de la "V Reunión Ministerial de la OMC fue pedir al director general que convoque a una reunión del Consejo... para concertar un cónclave ulterior.

¿Esto es malo? Muy lejos estoy de creerlo. Al igual que en Monterrey, muestra la aparición de disensos racionales que no pasan por proclamas incendiarias, la rotura de vidrios ni los discursos histéricos. Para por una realidad de a puño que es el desastre al que condujo la década del ´90 y su paradigma económico. Ni siquiera hablo de mala intención, aunque resulte manifiesta en más de un caso; hablemos sólo de números concretos, de gente excluida, de descenso en la calidad de vida, de pauperización de la clase media, del aumento del desempleo incluso en naciones desarrolladas, de multiplicación de la indigencia, de aumento de la brecha entre sectores sociales, del retorno de enfermedades de la pobreza. Negarlo es no querer mirar estadísticas que no responden a un partido político ni a una ideología: son las cifras globales de todas (TODAS) las Agencias dependientes de Naciones Unidas (ACNUR, PNUD, UNICEF, y otras).

Si el que nos quiere matar, efectivamente nos mata, para él está bien pero para mí está muy mal. Su fracaso es mi éxito. El "fracaso" de Cancún fue un éxito para quienes estaban hartos de ser figuras decorativas; el "descontento" en Monterrey es la prueba de que al menos se va a intentar no firmar cualquier cosa. La "postergación" del ALCA es un logro, si siguen pensándolo como cuando lo pergeñaron. No hace falta ser de izquierda (dirían algunos) ni peronista (versión goriloide) para estar esperanzado. Estoy saludable y moderadamente esperanzado. Eso -hoy, para mi- es mucho.