Simultáneamente se dice que Mar del Plata o bien es una ciudad que sufre una
“ola delictual” o bien que el índice de
delitos ha bajado notoriamente. Ambas
falacias responden a distintos intereses
que terminan conjugándose una vez más
en casos de corrupción policial y manipulación
informativa. Noticias & Protagonistas ofrece un panorama veraz de lo que ocurre en esta temporada 2004.
El tema de la inseguridad se ha vuelto el más recurrente en la prensa argentina,
y, contra lo que podría parecer,
es uno de los más cuestionables.
No se trata de decir aquí que el
periodismo haya montado una patraña
al respecto en un país donde cotidianamente
suceden delitos de todo calibre,
pero no lo son menos (en cantidad
y en tipificación) que los que acaecen
en otros países, una situación que
ha sido magníficamente descripta
en el volumen Ciudadanías del
miedo, coordinado por la prematuramente
fallecida académica y periodista
venezolana Susana Rotker, cuya introducción
lo dice todo sobre Latinoamérica
desde su título: “Ciudades escritas
por el miedo”. Desde ya, no apelaremos
al consuelo de tontos que es el
mal de otros, sino que nos preguntaremos
—y nos responderemos— qué ocurre
específicamente en la ciudad de
Mar del Plata esta temporada de
verano, y si cabe hablar de una
“ola delictual”. |
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Tampoco haremos de este informe una novela de suspenso. Para decirlo con todas
las letras, sí, en Mar del Plata ocurren
numerosos delitos, concretamente muchos
más que los que se dan a conocer en los
medios (que, generalmente, son los que
se han esclarecido) y también más que
los que son denunciados. Pero esta última
carencia no tiene que ver con un supuesto
miedo de los afectados a las represalias
sino con un sector —sobre el que hemos
venido insistiendo en estas páginas— de
la corrupción policial. Y un acto de corrupción
es ya, como ocurre por ejemplo en la Seccional
Primera, que los oficiales encargados
de tomar las declaraciones de las víctimas
desalienten a éstas con pretextos burocráticos
con el triple objetivo de trabajar menos,
cuidar los ascensos internos (a menor
delito, más ascensos) y de apoyar la versión
oficial, que indica falazmente que el
índice de delitos ha bajado en nuestra
ciudad. “No está”, “Venga más tarde”,
“Pase mañana” son frases comunes no sólo
en esta comisaría, con lo cual los robos,
en el mejor de los casos, pasan a ser
sólo “extravíos”, y en el peor (que es
mayoría), no quedan asentados.
Roberto
Tocchio, presidente del Foro de Seguridad de la Seccional Primera —entidad
vecinal creada precisamente para colaborar
con las llamadas fuerzas del orden para
prevenir los hechos delictivos—, declaró
a la 99.9 que hoy por hoy no existe vinculación
entre el Foro y la Primera por expresas
“desinteligencias” del titular de la seccional,
comisario Fagúndez, quien a su
vez ha alegado falsos compromisos para
eludir la requisitoria de la prensa. El
Foro ha recibido numerosas quejas de vecinos
acerca de las “deficiencias” que ostenta
la citada comisaría en el cumplimiento
de sus funciones, reclamos que la entidad
se encuentra tratando directamente con
la Departamental. “Hay comisarios que
trabajan correctamente y otros que no
tienen profesionalidad, no saben o no
quieren, directamente”, declaró Tocchio.
El comisario Fagúndez, según nuestras
fuentes, tendría denuncias realizadas
ante la superioridad en La Plata por incumplimiento
de sus deberes.
Empero, para la Departamental de Mar del Plata así como para autoridades judiciales,
según lo difunden los medios que cuentan
la “historia oficial” de Mar del Plata,
“con relación a enero de 2003 hay una
sensible disminución de hechos delictivos”.
Así lo consignó el diario La Capital
el pasado jueves 15, citando como fuentes
a la Fiscalía Nº 7, y concretamente
a su titular, doctora María de los
Ángeles Lorenzo, su adjunto, doctor
Carlos David Bruna, y la secretaria,
Mónica Duthey.
No puede dejar de llamar la atención que la Justicia se avenga a la versión
que principalmente ha hecho pública el
titular de la Departamental, comisario
inspector Carlos Aijembon. Éste
es el principal responsable de difundir
entre los medios que Mar del Plata es
una ciudad con un bajo índice delictual,
lo cual redunda —lógicamente— en un supuesto
éxito de la gestión a su cargo así como
de la de las seccionales que dependen
de su órbita.
Ello se contrapone, sin ir más lejos, con fuentes de la misma policía que ha
logrado recabar Noticias & Protagonistas.
Por ejemplo, en la jurisdicción de la
Seccional Quinta, y sólo entre principio
de año y el día de Reyes, se registraron
los siguientes hechos delictivos: 1/1,
tentativa de robo (escruche) en la iglesia
metodista de Dellepiane al 2800; el mismo
día, un robo (también escruche) en Génova
entre 108 y 110, de donde fueron sustraídas,
entre otros bienes, una computadora y
una guitarra; también el primero de año,
un robo agravado (escruche) en Lanzilota
al 3000; el 2/1 se registró un hurto (escruche)
de $ 12.000 en Martínez de Hoz al 2400;
el 3/1, un robo calificado (las víctimas
fueron atadas) de dinero, alhajas y teléfonos
celulares; el mismo día, un robo (escruche)
en Monseñor De Andrea al 2900, así como
otro delito de la misma modalidad en Serrano
al 3100, de donde fueron sustraídos también
teléfonos móviles; el 4/1 se registraron
un robo (escruche) en García Lorca al
5200 y un robo calificado en la calle
Cerrito; el 5/1, un robo, un robo agravado
y el hurto de una motocicleta; el 6/1,
un hurto, un robo, un robo de un automotor
del balneario “El Carmen” y un robo calificado
en Waikiki. Todos estos hechos son, en
lo posible, ocultados por la comisaría
a la difusión pública.
Simultáneamente, el pasado jueves una mujer de nombre Liliana llamó a la FM
99.9 para hacer público que el miércoles,
alrededor de las 8 de la mañana, mientras
se hallaba en la planta alta de su casa
de Parque Luro, escuchó abajo un sonido
como de una explosión. Cuando acudió,
se encontró con que dos sujetos habían
literalmente derribado con una patada
la puerta de entrada y hasta el marco,
para luego encañonarlos en la cocina a
ella y su padre. Cuando formuló la denuncia
policial, quienes la atendieron llegaron
a hacerle preguntas tan impropias como
“de qué calibre era el revólver”, cuando
el robo no tardó más que dos minutos y
las víctimas se hallaban echadas boca
abajo sobre el suelo. Nadie se explica
por qué le solicitaron a la señora que
realizara una denuncia en la Seccional
Primera, cuando el barrio depende de la
Cuarta.
¿Puede tener algo que ver esta negligencia policial que venimos registrando
con el manejo de las horas Cores, es decir,
las que se asignan por cantidad al servicio
en cada ciudad y que la Departamental
distribuye entre las seccionales? No debería
existir relación, pero aparentemente existe.
El comisario Brisi, jefe de Operaciones
de la Departamental, sería el encargado,
junto al segundo jefe departamental, comisario
inspector Roberto Horacio Dávila,
de distribuir a discreción estas asignaciones
que, por lo general, se utilizan para
“transar” con los comisarios y oficiales
de las seccionales en lugar de distribuirlas
entre el personal de calle, que es el
que corre el verdadero riesgo de vida
por 800 pesos al mes.
Y tampoco esto es todo. Por dar un solo ejemplo más, basta con mirar el facsímil
que se reproduce en estas páginas, firmado
por el sargento Nelson López,
y correspondiente al principal
Alejandro Galeano, del Operativo “Sol”
del Destacamento Punta Mogotes. El papel
no es otra cosa que la venta de “seguridad”,
por un monto de 30 pesos, que Galeano
realiza a los inmigrantes de Costa de
Marfil, los pintorescos negros que recorren
la zona con todo tipo de mercadería artesanal,
desde mantas hasta bisutería, para vender.
Valdría preguntarse si es tanto peor la
situación en África para que éstos tengan
que recalar en una ciudad sudamericana
donde se les vende “protección”. Cabe
agregar que el citado Galeano tampoco
tiene las manos limpias en otras esferas,
ya que afronta una investigación por manejos
espurios con automóviles.
Ahora bien, mientras este medio intenta, a través de casos y estadísticas, simplemente
mostrar la realidad, esto es, que existe
un nivel más que atendible de delito en
Mar del Plata, otros medios gráficos se
empeñan en distorsionar la realidad. Y
si La Capital —habitualmente servil
al poder policial de turno— difunde la
falsa tranquilidad que pretende instaurar
el titular de la Departamental, por otra
parte el diario porteño Clarín
—que, por supuesto, tiene una corresponsalía
en Mar del Plata— ha dedicado sus ediciones de la última semana a hablar de la “inseguridad
en la costa”, opuestamente magnificando
los hechos y dando a entender que Mar
del Plata se ha convertido en zona de
nadie. Incluso, en su edición electrónica
Clarín.com., el multimedio de la
señora de Noble realizó una encuesta entre
sus lectores, en la que preguntaba a los
porteños si suspendería sus vacaciones
en la costa ante tal situación de inseguridad.
La mayoría contestó que sí, obviamente
dirigida por las noticias tremendistas
que se publican en la misma página web.
Claro que la existencia del delito puede ser generadora de inseguridad, pero
lo es básicamente —como lo ejemplificamos
con el libro citado al principio de esta
nota— de miedo. De todos modos,
aún se puede transitar por las calles
de Mar del Plata, aún se ven grupos de
jóvenes, varones o mujeres, que a la madrugada
vuelven de sus salidas nocturnas con tranquilidad.
La misma tranquilidad que, en una ciudad
con un índice delictual ni bajo ni particularmente
alto, deben proporcionar a la población
estable y a los turistas las fuerzas de
“seguridad”, principales responsables
de, en vez de “transar” Cores y ascensos,
cuidar a la gente. Mientras tanto, la
Municipalidad creó la figura del director
de Seguridad, quien actuará en forma conjunta
con la Comisión Permanente de Monitoreo
provincial, representantes policiales
y el Ministerio bonaerense del área. Una
figura más para que en temporada y fuera
de ella, si no se tratase de la “Ciudad
Feliz”, Mar del Plata al menos sea la
“Ciudad Segura”. Siempre y cuando los
responsables de tal misión, en este orden,
sepan, puedan y quieran.