Le
tocó una vez más a este equipo periodístico
sacar a la luz miserias y desmanes
de ésta, nuestra sociedad. En esta
ocasión, se trata del uso y abuso
de la necesidad de quienes nada tienen,
para que unos pocos vivos se llenen
los bolsillos.
La situación salió a la luz en la
constitución del Consejo Económico
y Social de General Pueyrredon, el
lugar que luego se convertiría en
campo de batalla por la utilización
de los planes de ayuda gubernamental,
recursos públicos de los que obtienen
fondos las llamadas “organizaciones
sociales”. En esa reunión quedó expuesto
con toda crudeza el bluff que se ha
montado a partir de los déficits de
toda clase que se han venido sumando
durante las últimas décadas en los
sectores más desposeídos de la población.
Mario
Pucce es un vecinalista de Mar
del Plata, devenido piquetero de la
agrupación “Atahualpa”. Pucce fue
el impulsor del proyecto de la “feria
piquetera”, emprendimiento cuyo fin
proclamado fue el de darle trabajo
a los beneficiarios de planes sociales
que, al ubicarse en plena temporada
alta en lugares céntricos como Plaza
San Martín o Colón, permitirían -según
su criterio- exhibir productos fabricados
por los desocupados y venderlos, iniciando
así, supuestamente, un círculo virtuoso
para sacar de a poco a los pauperizados
de la mendicidad.
Todo
muy bonito y loable, salvo que es
mentira. No hay puestos de venta que
revelen trabajo artesanal. No son
50 ni 40 como se anunció, y toda la
presión sobre el Concejo Deliberante
y el Ejecutivo ha tenido por objeto
hacerse de un subsidio de la Nación
de $10.000 para levantar los stands,
que a todas luces no son tales.
Al
frente de las responsabilidades comunales
en el área afectada está Vilma
Baragiola, militante del MODESO,
línea interna de la Unión Cívica Radical
hoy en extinción luego de haber sido
por más de una década factor de poder
interno y cuya supervivencia política
está atada a que no haya ruido político-mediático
con la ayuda social en Mar del Plata.
Sobre sus hombros descansa la tarea
de evitar el arrebato de fondos públicos;
no obstante, nuestras fuentes aseguran
que Pucce habría obtenido ya más de
$61.000 en ayuda para emprendimientos
que nadie parece controlar.
En
oportunidad de entrevistarla en la
radio, Baragiola me manifestó que
los planes se supervisan desde un
ente nacional bajo la órbita de la
hermana del presidente, Alicia
Kirchner. Si es así, fregados
que estamos, porque los personajes
que en nuestra ciudad reportan directamente
a la hermana del presidente son de
lo más discutible y criticable del
peronismo lugareño. Por caso, Eduardo
Niella.
Los
datos que nos llegan de los vecinos
revelan que Pucce contaría con protección
política brindada directamente por
el MODESO, facción que, ya dijimos,
responde a Baragiola. En particular
se acumulan quejas sobre el proceder
de Gonzalo Quevedo, que cumple
funciones en Desarrollo Social sin
haber sido nombrado para cargo alguno
en el área.
Si
no fuera suficiente vergüenza la pobreza
y el hambre, la manipulación de los
planes y subsidios y el comercio de
influencias son conductas repugnantes,
a las que no resultaría completamente
ajeno el titular del SUTEBA local,
Raúl Calamante.
El
programa FOPAR, que canaliza recursos
públicos para comedores populares,
también está en el ojo de la tormenta.
Denunciado por jefas de familia, está
libre de todo control reglamentario
y la última inspección que sobre él
se realizó data de septiembre de 2003.
El FOPAR es un programa del Banco
Mundial, que el año pasado aportó
a la Argentina fondos por u$s91.000.000,
y cuyo objetivo es aliviar la situación
de los pauperizados en un país (el
nuestro) que produce alimentos para
300 millones de personas.
La
maraña de injerencias locales, provinciales
y nacionales sobre cuestiones como
las que aquí estamos tratando diluye
la responsabilidad final, facilita
la ausencia de control, y genera un
despojo de recursos que, al fin y
al cabo, sólo afecta a aquellos que
son su razón de ser: los desposeídos.
Y así va conformándose el dibujo final
de un círculo perverso que alguien,
de una vez y para siempre, deberá
quebrar. Para que los recursos que
generamos todos no resulten en penas
para los desposeídos y enorme negocio
para los bolsillos donde va a parar
ese dinero.