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Las ambulancias en la ciudad
El tiempo de oro

Hay un tiempo que hace que nuestra vida dependa del segundero del reloj. Es el que transcurre hasta que llega una ambulancia cuando hemos sufrido un accidente. Depende de dónde vivamos, ese tiempo de oro puede o no ser la preocupación de alguien. ¿Se anima a pensar qué pasaría si usted tuviera que llamar al 107?

Días atrás hubo un accidente de tránsito en la intersección de Independencia y Garay. Sabemos que ha habido cientos en distintos puntos de Mar del Plata, pero tomemos éste como indicador. Un señor de cierta edad resultó herido cuando se trasladaba en bicicleta y fue embestido por un automóvil. Sucedió a las 19.05 de la tarde. Los que observaban el panorama desolador- hablamos de la copiosa cantidad de sangre que fluía de la cabeza de la víctima- llamaron con suma urgencia a una ambulancia, para más datos al 107. La ayuda no llegaba, y ninguno de los presentes era médico, así que llamaron otra vez. Ya va, sí, ya va, que son las peores palabras del mundo cuando una persona corre peligro de muerte. Ya va, y pasaba el tiempo. Otra llamada, y los presentes ya despotricaban contra todo el sistema médico nacional, que es capaz de tener a una persona tirada en el asfalto durante treinta y cinco minutos, como si ahora o más tarde fueran lo mismo. Sí, ya va.

Después de la tercera llamada, que fue posible porque para alguien no era lo mismo y se ocupó de hacerla, la ambulancia llegó, precisamente a las 19.40.

No es lo mismo. Éste es el estado de máxima indefensión que puede experimentar un ser humano. El peor. No es posible que en un país donde una pizzería se jacta de entregar la comida en 15 minutos, y una hamburguesería promueve que si tu combo no está en el tiempo en que das las vuelta al local con el coche no lo pagás, una ambulancia demore 35 minutos en acudir a una llamada. No parece posible, pero es.

Vicente Maggi, titular de la Zona Sanitaria Octava, dialogó con Noticias & Protagonistas, y dio precisiones acerca del sistema de cobertura de emergencias en la ciudad.

Según sus palabras, el tiempo entre una llamada de emergencia y la llegada de la ambulancia “no debería pasar de media hora”. ¡Media hora! Media hora para un edema de laringe, media hora para una hemorragia de la arteria femoral, para mencionar algo que nos suene reciente. Media hora para un parto inminente y llega para el bautismo.

Claro que los argumentos son muchos. Dice Maggi que Mar del Plata está dividida en tres zonas. Dos de ellas están atendidas por empresas diferentes, más la zona oeste que aún está en manos del Hospital Regional, y comprende además Batán. La dificultades en este servicio se deberían al mal estado de las ambulancias.

Por otro lado, las dos zonas privatizadas son financiadas por la Municipalidad de General Pueyrredón ,a quien le corresponde su contralor de eficiencia. Están a cargo de SAMI y Cardio. El 107 realiza la atención de la llamada de urgencia y la deriva a la empresa que corresponda según la zona en cuestión.

Por supuesto que estas empresas tienen a su vez sus problemas económicos”, dice con resignación, “y eso redunda en el servicio”, excusa casi tolerable en otros aspectos de la atención pública, que no sean cuestión de vida o muerte. Aclara que además, estos servicios de emergencia móviles tienen que tener una base registrada y alguna otra subsede.

El nuevo sistema

Maggi refiere que algunas ciudades, como Bahía Blanca, y ahora La Plata, han implementado un nuevo sistema para el registro y atención de emergencias de diversos órdenes, a través de un número único —como es en Estados Unidos el 911—, donde se reciben todos los avisos. En esta nueva modalidad, se registran las últimas 500 horas de llamadas, y se realiza un seguimiento satelital de las unidades que acuden en ayuda de las víctimas, sean de policía, bomberos, salud, u otras. Según sus palabras, la municipalidad local estaría trabajando en este momento para la implementación de un sistema similar en el menor plazo posible.

Por ahora esto es cosas de las películas, y en el accidente de Garay e Independencia, la ambulancia que vino, procedía del Hospital Interzonal General de Agudos, a pesar de que ésta no es la zona que le corresponde. Según el funcionario, el primer paso será que la municipalidad se haga cargo de la totalidad de las zonas mencionadas, ya que ésta es la última ciudad que permanece con un financiamiento provincial para la emergencia vial.

El nuevo método se promete para el primer semestre del 2005, fecha en que según el titular del área, estaría implementado.

No queremos cuestionar a las empresas privadas que cumplen el servicio. No queremos pensar, como lo haría algún mal intencionado, que a pesar de que el servicio de emergencias es pagado por la comuna, es decir no es un acto de beneficencia humanitaria, estas cosas se arreglarían rápidamente con un carné de afiliación del particular a esa misma empresa. No. No vamos a pensar esto. Sería horrible vivir en un país donde la diferencia entre permanecer en la calle accidentado cinco minutos o cuarenta fuera una cuestión de dinero de la víctima.

N&P: —Desde aquí hasta el momento de la implementación del nuevo sistema, oremos porque no nos toque...

V.M.: —Puedo estar de acuerdo con usted.

N&P: — Le agradezco la franqueza.