Porzio
tiene su Cruz
El
renunciado juez Pablo Porzio, cuya meteórica carrera
lo llevó a un nivel de enriquecimiento personal inaudito,
prometió encender el ventilador si, a la vez, se ventilaban
sus chanchullos a cargo del Juzgado en lo Civil y Comercial
Nº 8. Mucho se habló de que alguien terminaría encubriéndolo,
y ese alguien no es otro que, como también se preveía,
el fiscal Osvaldo Cruz, quien ha desestimado las
principales denuncias formuladas contra el heladero devenido
magistrado.
En
el mundo del capitalismo tardío, todo está regido por
el mercado. Una crisis de valores éticos como no se ha
conocido desde épocas pretéritas de la historia ha hecho
lugar a que la ley de la oferta y la demanda se derrame
sobre todos los niveles de la vida humana, aun aquéllos
que, por su naturaleza, no pueden, no deben someterse
a los vaivenes mercantiles. Un ejemplo privilegiado de
un ámbito en el que las estructuras mercantiles no podrían,
no deberían ingresar, es el sistema jurídico de una sociedad.
Sin embargo,
la Justicia (a la que tampoco esta semana le quitamos
la mayúscula, de tercos que somos) ha cedido hace ya mucho
tiempo a los vaivenes mercantiles. Esto es, los fallos
se compran y se venden al mejor postor, los encargados
de impartir una recta decisión se permiten —y se permiten
porque un tejido social desgarrado se lo permite— que
las decisiones en lugar de rectas sean oblicuas, o directamente
no sean.
En el título
original de la excelente película Mentiras que matan
(aquélla en la que un agente del gobierno encarnado por
Robert DeNiro contrata a un productor de Hollywood interpretado
por Dustin Hoffman para que fragüe una guerra mediática),
se juega con el viejo chiste que dice que el perro mueve
la cola porque la cola no puede mover al perro. Lo que
hacen en el filme los poderosos y sus secuaces es, justamente,
“mover al perro”. Pues bien, para ser claros desde la
metáfora canina: en el Departamento Judicial Mar del Plata
(en casi todos, en rigor, pero éste es el que influye
directamente sobre nuestras vidas marplatenses como sujetos
de Ley), hace largo rato que la cola mueve al perro.
En su “Oración
a la Justicia”, María Elena Walsh se dirige a la “Señora
de Ojos Vendados” que está en los Tribunales entre acusados,
jueces y fiscales, y termina diciéndole: “Quítate la venda
y mira / cuánta mentira”. La Oración está dirigida, valga
la redundancia, a una Justicia justa, a la alegoría que
todos conocemos con su balanza y su espada. Pero aquí
ha ocurrido lo contrario: en este mundo en que todo se
negocia, una Justicia espuria se ha quitado la venda pero
sólo para asegurarse de que no se equivocará al momento
de repartir prebendas y tapar chanchullos gestados y repartidos
en su propio medio. Éste es el caso de la “protección”
(como en las viejas películas de gángsters) que el fiscal
Osvaldo Cruz le brinda actualmente al ex juez Pablo Porzio,
descartando y desestimando las denuncias que oportunamente
(léase más vale tarde que nunca) llevaron a la renuncia
al entonces titular del Juzgado en lo Civil y Comercial
Nº 8.
Un
poco de historia
Noticias
& Protagonistas, con la presente, ya le
ha dedicado cuatro investigaciones centrales a Porzio,
además de algunas notas editoriales. Las anteriores han
sido “De heladero a millonario” (Nº 245), “Pablo
el Aceitoso” (Nº 249) y “El equilibrista” (Nº
311). Todas ellas fueron recordadas por José Luis Jacobo
en su editorial “Sin elegancia”, del 25/04/04, que aludía
a la actitud de Porzio cuando renunció a su cargo, anunciando
que “se iba a llevar a unos cuantos con él”, a
fines de abril pasado. El editorial terminaba diciendo:
“nuestros lectores ya conocían la verdad, con la anticipación
que da estar dedicados a informar a través del trabajo
periodístico responsable que importa sostener, publicación
tras publicación, el propósito de romper el cerco informativo.
Ese cerco que protege a los que, como Pablo Porzio, creen
que todo les está permitido”. Retengamos estas últimas
palabras.
Porzio
era, como dimos cuenta reiteradas veces, aquel joven estudiante
de Derecho que se costeaba la carrera vendiendo helados
en verano. Ya en nuestra edición 311 dábamos cuenta de
que “el rápido enriquecimiento y el vertiginoso ascenso
en la carrera judicial del ex secretario del juez Víctor
Scoccimarro se debían a manejos poco claros de éste en
los expedientes de quiebras de las empresas pesqueras
más reconocidas de la ciudad durante la década pasada.
Con sólo 33 años, Porzio había accedido al cargo de magistrado,
cargo que la inmensa mayoría de los abogados de la matrícula
con carrera en los tribunales tardan casi una vida en
lograr, y acumulado, por un breve período, un patrimonio
casi inexplicable para un funcionario provincial con un
sueldo no mayor a los $ 5.000 por mes”.
¿Cifras
sobre la mesa? Cómo no. Porzio, que en el inicio de
su carrera judicial, en 1989, había declarado un patrimonio
de 2.300 dólares, a principios de este año ya se podía
decir que poseía cuentas en el Citibank y en el Banco
Provincia, Sucursal Tribunales. Estos “ahorros”, impensables
para alguien con tan exiguo patrimonio inicial y un sueldo
como el consignado, involucraban para él y su familia,
repartidos en no menos de diez cuentas, depósitos en
dólares por 1.600.000; en pesos por 45.000 y acciones
y bonos por un total de $2.200.000. Estos datos no contienen
las propiedades muebles e inmuebles familiares.
Hubo, sin
embargo, un empresario que resultó el talón de Aquiles
de Porzio. Se trató de Mario Pafundi, quien denunció
a Porzio por la quiebra de la pesquera Marexport SRL.
Ése fue el comienzo del fin para el ex heladero. Sus maniobras
no pudieron seguir ocultándose, la Suprema Corte bonaerense
puso sus ojos sobre él y, al borde del jury de enjuiciamiento
(como los actuales miembros de la ex mayoría absoluta
menemista en la Corte nacional o el juez Galeano, ¿vio?),
renunció. Insistimos, diciendo con un ventilador encendido
en su diestra: “yo me voy a llevar conmigo a unos cuantos”.
También
aquel 25 de abril dábamos cuenta de que, pese a las acusaciones
formales de enriquecimiento ilícito, falsedad ideológica
de documento público y falsas declaraciones juradas,
en una carta al titular del Colegio de Abogados local,
Pafundi advertía a la entidad sobre la falta de tareas
de investigación en la Unidad Fiscal 10 a cargo
del agente fiscal Osvaldo Cruz, adonde habían ido a caer
todas las denuncias del empresario contra Porzio. En el
texto, dirigido al doctor Gerónimo Granel, podía
leerse: "Tal como suponía, nada relevante se ha
realizado".
¿El
camino a la impunidad?
Ahora,
por fin, Cruz ha realizado actuaciones relevantes, claro
que no las que no sólo Pafundi sino también la sociedad
marplatense toda esperaban. Concretamente, descartó
todas las denuncias contra el ex juez. ¿Será Cruz
uno de los que Porzio se iba a “llevar puesto” o simplemente
(¿simplemente?) el establishment judicial tiene sus anticuerpos
bien repartidos?
En sus
desestimaciones, Cruz utilizó —por si su accionar solo
no bastara— frases descalificatorias, veladas amenazas,
alusiones peyorativas a la capacidad mental del denunciante
y un mordaz humor inaceptable en este ámbito, y más aún
cuando el imputado es un ex juez.
Concretamente,
fue desestimada la Causa 119.599, iniciada
ante la fiscal Susana Kluka, y desde marzo de 2003
radicada en la Fiscalía Nº 10, de Cruz, e iniciada
hace dos años y medio. Los cargos contra Porzio son
estafa (contra el abogado Juan Rubén Colobig),
prevaricato e incumplimiento de los deberes de funcionario
público. Cruz los desestimó el 25 de marzo de 2004.
La Causa
145.016, en un año y cuatro meses que le “llevó” a
Cruz analizar un incidente laboral, fue desestimada
el 3 de agosto de 2004. Los cargos eran defraudación
y prevaricato.
La Causa
119.789, del doctor Barthe, llevó asimismo dos
años y medio en ser desestimada, el 6 de agosto
de 2004. Las acusaciones eran abuso de autoridad
y prevaricato.
La Causa
121.741, que duró dos años y medio, fue desestimada
el 6 de agosto de 2004. Las denuncias eran administración
fraudulenta, abuso de autoridad, violación de los deberes
de funcionario público, prevaricato y retardo y/o denegación
de Justicia.
Se encuentran
archivadas otras dos causas: la 67.731,
en la fiscalía del doctor Aldo Carnevale, y la
108.986, en la oficina de la doctora Ana María
Gil, ubicada justo al lado de la de Fabián Uriel
Fernández Garello. Las seis causas citadas tienen
que ver con la quiebra de Marexport.
Uno de
los mayores y peores riesgos de una sociedad es caer en
la anomia, esto es, la inexistencia de leyes, que implica
la inexistencia de un orden social, que a la vez repercute
negativamente sobre la psiquis de los ciudadanos, ya que
una comunidad se construye también en base a los límites
que ancestralmente se han impuesto. Sin bajar los brazos
en lo más mínimo, retomamos la frase citada de Jacobo:
hay quienes creen que “todo les está permitido”.
Los nombres de los afectados pueden ser AMIA, Demonty
o Marexport. Y, en este último caso, mientras Cruz y otros
miembros de la llamada Justicia le sigan permitiendo todo
a Porzio, correremos el gravísimo peligro de volvernos
una comunidad anómica, lo que quiere decir enferma. Todavía
más de lo que ya está.
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