Historias
de chantas
El
pasado martes, en una de las habituales reuniones de
comisión en el Concejo Deliberante, se dio el escenario
en el cual ediles de distintas bancadas y la defensora
del pueblo Mónica Felice debatieron la denuncia
que el edil Julio Lobato presentó ante la propia
Felices, en la que se acusa al Ejecutivo, más precisamente
al EMViSur, de armar un llamado a concurso de precios
con el objeto de cerrar rápidamente la contratación
de una máquina retroexcavadora para usar en el predio
de disposición final de residuos.
El
debate no fue por los hechos cuestionados por Lobato
y Felices, a saber, la inclusión en la oferta de precio
de una propuesta que Dante Mei, el supuesto oferente,
niega haber presentado, sino por la aparición de e-mails
y anónimos que han sido incluidos por el propio Lobato
en el expediente con su firma.
Desde
que rompiera con el intendente Daniel Katz —Lobato
llegó al Concejo en la lista de El Frente, encabezada
por el actual lord mayor—, el curul se ha autoimpuesto
la tarea de cuestionar, criticar y demonizar todo acto
del Ejecutivo a como dé lugar. Está claro que Lobato
es el instrumento que utilizan hoy distintos sectores
que han vivido por años de una maquinaria montada en
las entrañas del Deliberativo y han hecho su agosto
por décadas vendiendo escándalos cuya repercusión no
suele ir más allá de la esquina de San Martín e Hipólito
Yrigoyen: tergiversan, confunden y engañan con absoluta
impunidad.
Quizás
las acciones que ha anunciado Eduardo Benedetti contra
Lobato sean una piedra de toque que rompa el “y qué
querés... no se puede hacer nada”, o el otro más
cínico aún de “la política es así”. No es cierto.
Sí se puede hacer, si el buen nombre y honor es algo
más que un juego de palabras de ocasión. No hay motivo
para que la política sea el equivalente a mugre, mendacidad
y deshonor.
Todo
este escenario quedó expuesto el martes 21, cuando se
cruzaron Benedetti, Lobato y Felice. ¿El motivo? Un
anónimo llegado vía e-mail, la más moderna herramienta
de comunicación de los cobardes, pero que fue incorporado
al expediente que hoy se encuentra bajo análisis en
el Concejo.
El
anónimo en cuestión llegó a todas las direcciones de
correo electrónico de la comuna, en lo que ya constituye
una práctica habitual. Desde distintos ámbitos de la
política lugareña se le suele achacar dicha práctica
al concejal frentista, y aunque no hay prueba de ello,
su vinculación al negocio de la informática pareceria
hacer de él un candidato como mínimo presumible y como
máximo necesario. Dueños de un pensamiento mínimo sostienen
en el Deliberativo que si alguien camina por una cancha
de fútbol es futbolista, aunque se les escapa que puede
ser el parquero. Lobato es dueño de un negocio vinculado
a la informática, es cierto, pero de ahí a que sea quien
organiza estas campañas sucias que colman la paciencia
de ediles, colaboradores y funcionarios en el palacio,
hay una gran distancia.
No
obstante, Lobato metió las de andar. Le puso la firma
al anónimo, hizo suyo el libelo, y allí, con la velocidad
de reflejos que lo caracteriza, Eduardo Benedetti lo
responsabilizó y anunció que lo va a querellar. Es que
la actitud irresponsable de Lobato alguna vez tenía
que conducirlo a esa situación: en la misiva en cuestión,
que como dije ha quedado incorporada al expediente en
el que se investiga al área de Compras de la comuna,
se le hacen imputaciones delictuales a Benedetti y a
algunos de sus colaboradores, y éste decidió no dejarlo
ahí.
Lobato
y Felice venían dulces, con aceitado vuelo mediático,
bajito pero constante. Ponían todos los días en la interna
del palacio algún escándalo real o presunto que les
hacía sentirse existentes, importantes e impunes. Y
se les cruzó en el camino Benedetti, que deja en claro
la poca probidad de Felice para el cargo. Fiscal de
la clase dirigente, se fue por los “me parece”, “tengo
la sensación”. “quizá habría”, “según creo” y varios
más del estilo.
Tiene
razón el concejal de Reagrupamiento del Pueblo Marplatense:
las cosas son o no son. Hay delito o no lo hay. Si Benedetti
no se queda en palabras, sus acciones pueden contribuir
a dar certeza sobre qué cocineros tiene este caldo
espeso que se le sirve en tazón a la sociedad cada semana,
detrás de titulares espectaculares y sin pizca de verdad.