COLUMNA / José Luis Jacobo
por José Luis Jacobo

Historias de chantas

El pasado martes, en una de las habituales reuniones de comisión en el Concejo Deliberante, se dio el escenario en el cual ediles de distintas bancadas y la defensora del pueblo Mónica Felice debatieron la denuncia que el edil Julio Lobato presentó ante la propia Felices, en la que se acusa al Ejecutivo, más precisamente al EMViSur, de armar un llamado a concurso de precios con el objeto de cerrar rápidamente la contratación de una máquina retroexcavadora para usar en el predio de disposición final de residuos.

El debate no fue por los hechos cuestionados por Lobato y Felices, a saber, la inclusión en la oferta de precio de una propuesta que Dante Mei, el supuesto oferente, niega haber presentado, sino por la aparición de e-mails y anónimos que han sido incluidos por el propio Lobato en el expediente con su firma.

Desde que rompiera con el intendente Daniel Katz —Lobato llegó al Concejo en la lista de El Frente, encabezada por el actual lord mayor—, el curul se ha autoimpuesto la tarea de cuestionar, criticar y demonizar todo acto del Ejecutivo a como dé lugar. Está claro que Lobato es el instrumento que utilizan hoy distintos sectores que han vivido por años de una maquinaria montada en las entrañas del Deliberativo y han hecho su agosto por décadas vendiendo escándalos cuya repercusión no suele ir más allá de la esquina de San Martín e Hipólito Yrigoyen: tergiversan, confunden y engañan con absoluta impunidad.

Quizás las acciones que ha anunciado Eduardo Benedetti contra Lobato sean una piedra de toque que rompa el “y qué querés... no se puede hacer nada”, o el otro más cínico aún de “la política es así”. No es cierto. Sí se puede hacer, si el buen nombre y honor es algo más que un juego de palabras de ocasión. No hay motivo para que la política sea el equivalente a mugre, mendacidad y  deshonor.

Todo este escenario quedó expuesto el martes 21, cuando se cruzaron  Benedetti, Lobato y Felice. ¿El motivo? Un anónimo llegado vía e-mail, la más moderna herramienta de comunicación de los cobardes, pero que fue incorporado al expediente que hoy se encuentra bajo análisis en el Concejo.

El anónimo en cuestión llegó a todas las direcciones de correo electrónico de la comuna, en lo que ya constituye una práctica habitual. Desde distintos ámbitos de la política lugareña se le suele achacar dicha práctica al concejal frentista, y aunque no hay prueba de ello, su vinculación al negocio de la informática pareceria hacer de él un candidato como mínimo presumible y como máximo necesario. Dueños de un pensamiento mínimo sostienen en el Deliberativo que si alguien camina por una cancha de fútbol es futbolista, aunque se les escapa que puede ser el parquero. Lobato es dueño de un negocio vinculado a la informática, es cierto, pero de ahí a que sea quien organiza estas campañas sucias que colman la paciencia de ediles, colaboradores y funcionarios en el palacio, hay una gran distancia.

No obstante, Lobato metió las de andar. Le puso la firma al anónimo, hizo suyo el libelo, y allí, con la velocidad de reflejos que lo caracteriza, Eduardo Benedetti lo responsabilizó y anunció que lo va a querellar. Es que la actitud irresponsable de Lobato alguna vez tenía que conducirlo a esa situación: en la misiva en cuestión, que como dije ha quedado incorporada al expediente en el que se investiga al área de Compras de la comuna, se le hacen imputaciones delictuales a Benedetti y a algunos de sus colaboradores, y éste decidió no dejarlo ahí.

Lobato y Felice venían dulces, con aceitado vuelo mediático, bajito pero constante. Ponían todos los días en la interna del palacio algún escándalo real o presunto que les hacía sentirse existentes, importantes e impunes. Y se les cruzó en el camino Benedetti, que deja en claro la poca probidad de Felice para el cargo. Fiscal de la clase dirigente, se fue por los “me parece”, “tengo la sensación”. “quizá habría”, “según creo” y varios más del estilo.

Tiene razón el concejal de Reagrupamiento del Pueblo Marplatense: las cosas son o no son. Hay delito o no lo hay. Si Benedetti no se queda en palabras, sus acciones pueden contribuir a dar certeza sobre qué cocineros tiene este caldo  espeso que se le sirve en tazón a la sociedad cada semana, detrás de titulares espectaculares y sin pizca de verdad.