|
por Enzo Prestileo
enzosergio@hotmail.com
La economía, estúpido
El vidrio no es
plato disponible en el menú de Kirchner ni de ningún peronista
que se precie de haber aprendido algo del pragmatismo
político y la orfandad ideológica del partido movimientista
que fundara Perón. O del movimiento hoy partido (en ambas
acepciones de la palabra), si usted prefiere. Por tanto,
el acuerdo con los acreedores por la deuda en default
se alcanzará, sea como fuere, cinco minutos antes de que
el tren se desbarranque al precipicio. Es una estrategia
de negociación bien concebida y mejor ejecutada la que
lleva adelante el ministro Lavagna, pero tiene un solo
final posible escrito en su guión original: el acuerdo.
El alargamiento del
final anunciado, por tanto, difícilmente pueda traerle
frutos políticos amargos al gobierno. La pintura de una
administración que lucha hasta el último aliento para
defender una propuesta que teóricamente protege en todo
lo posible el interés nacional, le viene arrimando porotos
en las encuestas –las honestas y las otras- de imagen
que el presidente sigue con tanta atención. Todo el tiempo
que el tema permanece irresuelto sirve para que se llenen
espacios de análisis y comentario político con un tema
sobre el cual no se puede criticar en demasía al gobierno
–al menos eso parece creer la mayoría-, sin riesgo de
tener que desdecirse después de conocido el resultado
final. Y, por supuesto, ese tiempo y espacio se restan
de otros temas cuyo tratamiento sería mucho más álgido
para el santacruceño y su equipo de pingüinos.
No se tiene en cuenta,
al realizar este análisis, que el tiempo que se demore
en alcanzar ese acuerdo, aún en el supuesto que sea razonablemente
satisfactorio para ambas partes, demorará el ingreso de
la Argentina a la comunidad financiera internacional;
entelequia ésta que dispone en abundancia de los recursos
que, transformados en inversiones, el país necesita para
iniciar lo antes posible una real recuperación –saliendo
ya de este “rebote” que ni siquiera llega a situarnos
en una posición igual a la que teníamos, en términos de
nivel medio de ingresos e índice de pobreza, en algunos
años de la década pasada- mediante la creación de puestos
de trabajo reales, que eleven el nivel de vida de gente
hoy marginada, y potencien las posibilidades de los sectores
económicos más competitivos del país. Que los hay, y muchos,
pero hoy no tienen acceso a un crédito razonable ni por
obra de la casualidad.
Si en éste, como en
otros asuntos, los esfuerzos se pusieran en función del
objetivo final más lógico, que es el de mejorar las condiciones
de vida de la población, en lugar del más mísero de arañar
migajas de poder a cualquier costo...
La deuda, en fin,
es un problema gravísimo, lo suficiente como para que
no nos entretengan como a estúpidos detrás de noticias
que no son tales.
Sí hay, por otra parte,
novedades que se producen en temas económicos que nos
afectan (o lo harán, eventualmente) y a las que se les
da bastante menos trascendencia. Sin ir más lejos, pocos
días atrás se produjeron dos hechos llamativos desde el
gobierno. Primero fue el anuncio de una rebaja del IVA
que finalmente fue descartada. El motivo del retroceso
fue, de acuerdo a las palabras del propio ministro de
Economía, que a partir de las declaraciones de empresarios
señalando que no se producirían rebajas de precios, no
tenía sentido la medida. Suena extraña la explicación
en boca de funcionarios que se jactan de conocer las cuentas
de las empresas mejor que sus dueños, como lo demuestran
cada vez que rechazan pedidos de aumentos de tarifas de
empresas energéticas. En este caso, parece, la ignorancia
los llevó a hacer un anuncio sobre una medida sin haber
estudiado siquiera las consecuencias de ello. ¿Imprevisión?
¿Irresponsabilidad?
Existe también, como
siempre, la posibilidad de que el ministro de Economía
haya desactivado una medida pensada por el área política
del gobierno, que seguramente se asustó cuando fue informada
acerca de la posible reducción de la recaudación –y, consecuentemente,
del superávit fiscal- y, con ello, del margen de acción
que esos pesos le dan al gobierno en varios frentes.
La otra noticia fue
el despido (?) del anterior presidente del Banco Central,
Prat Gay, y su reemplazo por Martín Redrado. En este caso,
el dato importante a tener en cuenta es que el motivo
(o uno de ellos) fue la designación del nuevo directorio
de la institución financiera estatal, que tendrá un fuerte
perfil político. Cae de maduro pensar que la independencia
del Central se verá restringida (más aún, ya que nunca
fue totalmente autónoma de la voluntad política del gobierno
de turno) que hasta ahora.
Son síntomas que llevan
a pensar que, después de tantos tropiezos por este tipo
de errores, seguimos sin aprender las lecciones. Nuestro
cada vez más omnímodo Presidente –que acaba de pedir más
y mayores poderes para el jefe de gabinete al Congreso-
sigue avanzando sobre todo lo que represente poder. Como
lo hiciera en la provincia que gobernó tanto tiempo. Como
lo hiciera Menem durante una década.
Es que, después de
todo, y aunque muchos se siguen resistiendo a creerlo,
con Kirchner hemos tropezado una vez más con la misma
piedra.
Otra
vez, y van...
|