El boom chino en la prensa
nacional
La noticia deseada
Un
análisis pormenorizado del modo en que se construyó
en el pensamiento nacional el notición del último mes.
Los argentinos, ¿creemos en los pececitos de colores,
o simplemente sufrimos de un exceso de esperanza? Un
especialista explica los modos en que la sociedad opera
sobre lo que quiere oír.
En los últimos días, una mezcla
de temor y euforia embargó todas las conversaciones
de café del país. La gente decía que los chinos habían
decidido pagar la deuda externa argentina a cambio de
la inmigración de millones de sus compatriotas que vendrían
a explotar una zona, a partir de materias primas argentinas.
El negocio era redondo: como lugar es lo que sobra y
dinero lo que falta, la gente andaba con cara de “por
fin se nos hizo”. Claro que otros mostraban cierto resquemor
ante la cuestión de la convivencia y el mestizaje, que
tendría más bemoles que beneficios. Poco a poco, la
cosa se fue limando, y claro que no eran veinte mil
millones, ni mucho menos. Era un acuerdo que no implicaba
ningún regalo, y sobre el cual, lo único que los argentinos
esperamos es que nuestros funcionarios se ocupen de
leer la letra pequeña de lo que firman. El primer ataque
de la realidad fue el reciente reconocimiento de China
como economía de mercado, lo que implica cuestiones
en el área de las finanzas internacionales que nosotros
los argentinos, francos desconocedores de la materia,
tuvimos que empezar a desgranar a través de las versiones
de los especialistas en la materia, algunos a favor,
otros en contra. Pero aun así, es más fuerte la sensación
de que nos llegó la lotería, y que no es posible que
no sea cierto. La gente dice que los chinos vienen a
hacer justicia, a darnos por fin lo que merecemos.
Ahora bien:¿cómo llegamos a semejante
situación de fantasía nosotros, gente grande y sufrida?.
Experiencia no nos falta. Enrique Zuleta Puceiro
a través de la consultora Ibope OPSM se aboca a la misma
investigación, y explica sus conclusiones en esta entrevista
para Noticias & Protagonistas.
N&P:
— Más allá de algún estereotipo del cine, ¿cómo visualizan
los argentinos a los chinos?
Z.P.: — Hay un tema que ha vuelto
a aparecer en las encuestas esta semana y esta vez lo
aplicamos al acuerdo con China, que es la cuestión de
la noticia deseada. En este libro estupendo que ha escrito
(Miguel) Wiñazki, se da un punto de vista que llama
mucho la atención: la gente quiere ciertas noticias
y no quiere otras. Es cierto que los diarios tienen
una potencial iniciativa, pueden inventar, construir,
fabricar, edificar noticias, que prenden o no en las
expectativas colectivas, dependiendo de un mecanismo
en el que tiene que ver más la gente que los medios.
Si esta noticia prende, se convierte en lo que fue la
noticia del acuerdo con China. Si no, es uno más de
esos titulares que aparecen todos los días en los diarios,
y no van mucho más allá del trascendido, del gobierno
afirmando, filtrando o desmintiendo, o de la capacidad
de los diarios para imaginar escenarios posibles. Lo
cierto es que la gente cree que el país está para cosas
mayores, que ha hecho los sacrificios y que está del
otro lado, y cree también que China representa una vigencia
extraordinaria en la política, en la economía, en el
desarrollo, y que el solo hecho de que ponga la mirada
en América latina implica mucho. Por eso la noticia
enganchó. Me parece que esto implica por qué los diarios
se vieron casi obligados a seguir esta inercia de la
noticia y al gobierno le gustó: significó 6 ó 7 puntos
más en el apoyo al gobierno. Porque cada vez que ellos
hablan de apoyo exterior, de acuerdos, de desarrollo
económico, de superar la parálisis, el apoyo crece.
Cada vez que habla de política, de la candidatura de
Fulano, o se pelea con Duhalde, baja. Este acuerdo virtuoso
de la noticia deseada es lo que ocurrió ahora, y a esto
no lo para nadie.
N&P:
—Entonces, la sociedad tiene momentos en los que quiere
escuchar hablar de una cosa y momentos en los que lo
niega.¿Esto es más fuerte que lo que un periodista pueda
querer hacer?
Z.P: — Por supuesto, y sobre todo
en la radio. La televisión tiene más filtros, pero la
prensa en la radio tiene un carácter caliente que hace
que uno sepa cuando está en la senda de lo que la gente
quiere, y cuando no. Una de las características negativas
del poder es que vacuna contra la realidad. El que está
en el poder cree que la sociedad es un cuerpo inerte,
una arcilla sobre la cual uno puede modelar expectativas,
o imprimir la dirección que uno quiere, y no es así.
La verdad es que uno puede decir algo una y otra vez,
que si la sociedad no engancha con la noticia, el efecto
es exactamente el contrario que el que se espera.
N&P:
—¿Usted cree que el gobierno salió sin daño de la cuestión
de los 20.000 millones de dólares?
Z.P.: — El gobierno hace hincapié
en una cuestión que la gente cree que existe, y donde
realmente algo hay, que es confiar en que si la Argentina
ha hecho sacrificios, se ha convertido en el escenario
para las inversiones, y que China es el inversor. Pero
el mecanismo de las expectativas no es eterno. Si el
gobierno comienza a dar síntomas de fracasar en su intento
de entendimiento con los chinos, se convierte en un
hecho negativo que Dios sabe lo que va a costarle. Por
el momento es una expectativa abierta, nada la hace
avanzar o retroceder.
N&P:
—¿Qué otros datos arroja la investigación?
Z.P.: — En este momento es muy interesante
la imagen que se tiene del desarrollo: una gran cantidad
de gente cree que es importante el capitalismo extranjero
y que es complementario al esfuerzo nacional. Pero también
puede haber una serie de efectos negativos: hoy la gente
le teme al endeudamiento. Hay en la calle un verdadero
tratado de sentido común que deviene del duro aprendizaje
realizado durante los años noventa. Sabemos de la importancia
de la apertura económica y de la inversión extranjera.
Hoy la expectativa está puesta en torno de los máximos
representantes de Corea y China.
Los
deseos sociales
El libro del periodista Miguel Wiñazki
al que se refiere Zuleta Puceiro es precisamente “La
noticia deseada”, recientemente lanzado al mercado por
editorial Marea, donde se expone la tesis de que la
noticia resulta de un montaje en el que no sólo intervienen
los medios de comunicación, sino en gran medida la opinión
pública. Esta exploración del deseo social expuesto
en tales resultados presenta una mirada nueva hacia
los hechos de la historia de la prensa argentina reciente,
como resultado de factores que exceden las imposiciones
del poder.
Cabe destacar que las teorías anteriores
explicaban la construcción del acontecimiento prensario
como resultado de completaciones realizadas por los
estamentos del poder a partir de un hecho real, avaladas
o retractadas por otros representados en los diferentes
sectores de la prensa, de lo cual resultaba un producto
consumible frente al cual el lector-espectador se comportaba
como un sujeto pasivo, limitado receptor de aquéllo
que el sistema de los constructores de opinión le hubiesen
deparado.
N&P:
—¿Podemos rastrear la tesis de la noticia deseada en
otros momentos de la realidad argentina?
Z.P.: — Por supuesto, hay
infinidad de ejemplos. En el libro de Wiñazki, que recomiendo,
se recorren casos como el de Carlos Menem junior, que
se mató en un accidente, y la gente aún hoy sigue creyendo
que lo mataron. También en lo relativo a la muerte del
empresario Alfredo Yabrán, un porcentaje elevadísimo
de la población considera que no fue cierto, y que Yabrán
no murió. En las épocas de De la Rúa, jamás creyó que
fuera cierto que sus hijos se habían copiado para sacar
ventaja en sus exámenes en la Facultad de Derecho. Esa
noticia molestó, es la noticia no deseada, y le costó
la vida al diario Perfil. En su carta de despedida,
Alberto Fontevecchia le explica a los lectores que él
había venido diciendo “el rey está desnudo”. Después,
cuando para todo el mundo el rey estuvo desnudo, ya
era tarde: el diario no existía.