10.01.2010 | La situación suscitada entre el Gobierno nacional y el presidente del Banco Central de la República Argentina Martín Redrado refleja las tensiones que existen entre las diferentes visiones acerca de cómo manejar la economía de nuestro país.
La actual circunstancia, que incluso ha dado lugar a una curiosa e inédita marcha de los empleados del BCRA de respaldo a Redrado, tiene sus raíces en cuestiones más profundas que las que están a la vista. En primer lugar, el Banco Central, en su informe de perspectivas para el 2010, planteó que la situación inflacionaria que es hoy un factor de preocupación en materia económica, debía abordarse con énfasis en este año fiscal y tomar medidas de política monetaria y fiscal para bajar la inflación a un dígito.
Consultoras privadas ubican la tasa de ascenso de precios para este año en un piso similar al de 2009, es decir, en un 15%. Si bien no es una de las tres más altas del planeta, como se difundió, si se toman en cuenta los informes del Tesoro de Estados Unidos, la Argentina sí se ubica en el puesto 39, junto a Qatar. No obstante, tal como lo ha señalado el ministro Amado Boudou, la verdadera cuestión se plantea en torno al encaje bancario, fundamental para determinar el nivel de la tasa de interés, la regulación de la tasa que los bancos aplican a las tarjetas de crédito -que hoy definen casi el 70% del consumo de clase media y baja-, y la creación de nuevos instrumentos de crédito, al respecto de lo cual hay anuncios pero aún no concretados por falta de respuesta del BCRA.
La disputa en torno a los recursos para crear el Fondo de Garantía del Bicentenario es sólo la punta del iceberg. En relación a ello, es evidente de toda evidencia que Redrado está haciendo política, y la movilización de los empleados de esa institución así lo revela: venciendo su mandato en septiembre de este año, el ex “Golden boy” toma esta situación de altísimo voltaje político para posicionarse de cara al futuro inminente. Además, la Argentina debía enfrentar esta semana el primer tramo de la ronda con los acreedores que no ingresaron al canje de deuda en 2003, y comenzar a ver el esquema final de dicha negociación. Todo el proceso ignoró olímpicamente al presidente del Central, que se siente un auténtico primus inter pares en este mundillo de las finanzas globalizadas, básicamente respecto de un ministro de Economía (Boudou) recién llegado a las ligas mayores y sin historia académica a nivel internacional.
Lo de Redrado comenzó como una señal de disgusto por lo que ha considerado una falta de respeto a su trayectoria. En una operación de 23.000 millones de dólares hay mucho en juego, y no es ideología o patriotismo lo más relevante, sino el ego, el prestigio, el reconocimiento con vistas a mañana. Analistas que se han ocupado de la cuestión expresan que para el Gobierno el límite fue el anuncio de la reunión con los radicales Sanz y Morales: Boudou habló de “politiquería”, y Aníbal Fernández aportó su grano de arena al señalar que la situación de Redrado era resorte de la Presidenta, ignorando así la Carta Orgánica del BCRA, fruto de una ley del Congreso nacional.
El pedido de la Asociación de Bancos Argentinos, presidida por Jorge Britos, del banco Macro, y la traducción mediática de que la reacción a la baja de los mercados en acciones y bonos es un indicio de apoyo a Redrado, revela la naturaleza de esta pelea. Que no es por la Patria, no es por el interés superior de la Nación, sino por negocios cuya magnitud permanece bien oculta a los ojos del ciudadano.
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
El fiscal relata la detención de la persona que podría ser el asesino de Franco Castro.