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Trabajo infantil
“Nos duele en el corazón”
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por Matias Frati
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“Nos duele en el corazón”
Todos los días, tres chicos de entre 8 y 14 años limpian vidrios de los coches en la esquina de 3 de Febrero e Independencia. Todos los días, un chiquito de no más de 7 años pide moneditas en la esquina de Moreno e Independencia. Y, cada día, muchos pibes se emplean por poca paga en distintas actividades laborales. El problema no es el trabajo infantil. El problema es la pobreza.
Pretender que no exista el trabajo infantil es una hipocresía. ¡Cómo no va a existir el trabajo infantil cuando la mitad de la población está bajo la línea de pobreza y el 60% de los pobres en la Argentina son menores de 18 años! Intentar disimular la mala distribución de la riqueza con declaraciones rimbombantes acerca de la explotación de los chicos es, cuanto menos, una mera especulación política que no va al fondo de la cuestión buscando atacar las causas, sino que se queda en la mirada superficial de las consecuencias. ¿O acaso se pretende que los pibes no trabajen y vayan a robar? También es sabido que cuando llegan a la edad en que dejan de ser “simpáticos” y no reciben más la ayuda solidaria y compasiva de la gente que por lástima les da algunas monedas, se ven obligados a conseguir el dinero de otra manera. Y muchos escogen el camino de la ilegalidad.
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Ser adulto no es pecado
Si bien es cierto que el trabajo infantil es un tema pendiente de nuestra sociedad, no menos real es que hay otro sector que también sufre a la hora de la inserción en el campo laboral: los adultos mayores. La ONG Instituto del Mundo del Trabajo (IMT), que tiene su base de operaciones en la Capital Federal pero cuenta con representación en la ciudad de Mar del Plata, realizó un informe exponiendo con crudeza la situación de los adultos dentro y fuera de la fuerza laboral. El abogado Pepe Robles, encargado del área de investigación del IMT, sostiene que “en la Argentina la cantidad de trabajadores mayores de 50 años es de 3.050.000 sobre un total de 5.750.000 personas que tienen entre 50 y 64 años”. ¿Cómo impacta esto? Así: “un 30% de esos trabajadores que se emplean de manera independiente”, por lo que no están garantizadas todas las posibilidades de vigencia de las leyes que protegen al trabajador. Desde el IMT afirman que el 10% de la población tiene más de 60 años, y eso tiene un impacto en el mercado laboral que se refleja de la siguiente manera: “discriminación para los mayores que no encuentran trabajo porque pasaron la barrera de los 50 años” por un lado y, por el otro, la aparición de “sujetos pasivos en una etapa de sus vidas que bien podrían aprovechar desde el punto de vista de la experiencia para la organización empresarial o poner al servicio del trabajo su creatividad”. En Mar del Plata este problema se advierte a simple vista. La nuestra es una ciudad con casi 60.000 adultos mayores, y muchas de las personas desocupadas se encuentran en ambos extremos de la pirámide laboral, superando los 50 años, y entre los 18 y 23. Pero para los primeros hay un vacío oficial, ya que si no se jubilan rara vez encuentran ayuda social del tipo planes que les permita reentrenarse y volver al mercado laboral. Deben emprender su propio destino con las fortalezas que han sabido construir a lo largo de sus años de ocupación y para muchos ese es un verdadero desafío, el de tratar de armar un negocio propio o una actividad particular sin capital ni especialización en el manejo de las estrategias del mercado.
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Dura y cruel realidad
El Gobierno dice tener políticas para erradicar el trabajo infantil pero, hasta el momento, la campaña de afiches lanzada por el Ministerio de Trabajo de la Nación en marzo de 2004 (un nene de unos ocho años levantando ladrillos en un esfuerzo que no es para él) ha quedado en nuestra memoria como otra imagen flagrante de esta triste realidad que afecta a muchos argentinos. Y a esa imagen se le suman los datos estadísticos: en el país son casi un millón los pibes explotados en distintas regiones y actividades. Mar del Plata tiene una seria problemática acerca de los chicos en situación de pobreza. En las escuelas locales –como en gran parte de la Provincia de Buenos Aires- los pibes de los hogares más pobres van a clases para cumplir con la formalidad de que sus padres puedan recibir el certificado de alumno regular y cobrar distintos planes sociales. Y, de paso, obtienen en la escuela una copa de leche o la merienda reforzada que les ayuda a “tirar” el resto del día. Ese es el verdadero conflicto social que está a la vista de todos, pero que parece ser importante y tomar protagonismo sólo a la hora de recordar que la Organización Internacional del Trabajo (OIT), los días 11 de junio de cada año, emite una declaración donde condena todo tipo de “explotación infantil”, ya no trabajo.
El reflejo local
Es extraño que la mayor parte de los sindicatos locales no se hagan eco de esta realidad con la que conviven diariamente. O por lo menos no en la dimensión que tiene el problema de la pobreza infantil. Sí vale la pena destacar que en varias oportunidades ha sido el SUTEBA –gremio docente- el que puso la mirada sobre las necesidades de los alumnos, denunciando cómo y por qué los padres mandan a sus hijos al colegio. Obviamente, se trataba de una cuestión de contención que ni los padres mismos podían darle en sus hogares. Pero el resto de las entidades gremiales no ha dicho ni hecho demasiado. Para la fecha en cuestión llegó a la mesa de trabajo una nota enviada por el diputado Juan Domingo Novero (FpV), también dirigente gremial, que condenaba todo tipo de trabajo infantil y resaltaba que "es muy triste ver chicos y chicas que luego de la escuela tienen que dejar la pelota o las muñecas para salir a la calle a ganarse el pan", agregando que "es una realidad que nos duele, que golpea el corazón, y que tenemos que revertir por su futuro y el de nuestra comunidad". Una voz en el desierto. Un reclamo que sólo se oye para la fecha en cuestión. Las de Novero son palabras acertadas, pero para dejar de ser una mera expresión de deseo –absolutamente compartida por todos- deben ir acompañadas por hechos. Hace falta que la dirigencia política en su conjunto se comprometa para terminar con esa realidad que al diputado marplatense, como al resto de la sociedad, le “golpean en el corazón”. Si vamos por las quintas, si damos una vuelta alrededor del predio de disposición final de residuos, si caminamos las calles del puerto y conversamos en las puertas de algunas cooperativas, si transitamos el centro en auto o caminando, vamos a ver que en cada lugar hay un pibe trabajando y en serio riesgo de ser explotado. En cada uno de esos lugares se rompió un ciclo natural y se quemó una etapa fundamental de la vida: la niñez. Todo lo anterior parece una cuestión teórica sobre el trabajo infantil. Pero proyectando el diagnóstico nacional a la realidad de nuestra ciudad –no existen datos oficiales recientes que hayan sido dado a difusión- la estadística sobre los niños trabajando es espeluznante. En una Población Económicamente Activa (PEA) como la de nuestra ciudad, el índice rondaría los 14.000. Es cierto que estos datos “nos duelen en el corazón”. No obstante, la dirigencia marplatense debería empezar a ver esta cuestión que, tarde o temprano, tendrá sus consecuencias en toda la comunidad. Lo que quizás Novero no se atrevió a decir es que esos pibes que hoy no se capacitan ni se forman, de manera indefectible no serán mano de obra calificada. Entonces, ¿cuál será la calidad del trabajo y del producto final de nuestras empresas cuando no tengamos en quien delegar el aporte de valor agregado a nuestras actividades primarias?
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