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Cine de grandes
La guerra light
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por Adriana Derosa
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La guerra light
“El señor de la guerra” trae de nuevo a Nicolas Cage a la pantalla del cine. El retrato de un traficante de armas en una versión que pretende —sólo pretende— ser disidente respecto de la posición que declama el país del norte. Demasiado naïf para ser cierta. Demasiado poco para ser ficción. Demasiado llana en general.
El tema del tráfico de armas nos lleva al cine en estado de alerta. Uno no concurre con una cajita de pochoclos y la sonrisa colgada a llorar de amor o a reírse de uno mismo: uno va a escuchar qué versión van a darle del tema que hace mella en la constitución del mundo tal como lo conocemos. Si a esto se agrega que vamos a ver la versión que interpreta Nicolas Cage el panorama se complica aún más, ya que el actor —dueño de una máscara trágica increíble— ha quedado fijado en nuestra memoria cinéfila como “el bueno de Nick”: una especie de novio eterno, de padre de familia, de hombre capaz de atravesar el umbral de la casa empapado de lluvia a jurar que no puede vivir sin nosotros. Es el personaje que mejor le queda, y a todos nos preocupa si éste que trafica armas será o no el mismo papá que custodiaba el osito de la nena durante todo el desquicio de Con Air.
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Los recomendados de N&P
Treinta años
El lunes 19 de junio se conmemora el Día del Teatro Marplatense, en concordancia con el día de la desaparición del director teatral Gregorio Nachman y del actor Luis Conti. Por esa razón ATTRA —Asociación de Trabajadores Teatristas de la Región Atlántica— junto con la Asociación Argentina de Actores y la Subsecretaría de Cultura de General Pueyrredon convocan a las actividades a realizarse en las salas independientes de la ciudad. Alas 16.30, en el centro cultural El Séptimo Fuego, se presentará “Sueño de una noche de verano” en Bolívar 3675, a cargo del grupo Teatrantes. A las 20 será “Floresta”, del grupo Rabdomante, en la sala de Escena Abierta, Córdoba 2365; también “No hay que llorar”, por el grupo Aspersa en la sala de la Asociación Bancaria de San Luis 2063. A las 22 podrá verse “Gurka” por el grupo Calamares en su Tinta, también en la sala de calle Bolívar. El valor simbólico de la entrada será de $1, y durante el ingreso del público se proyectará el documental “Gregorio, damos sala”.
Música electroacústica
Resta un último encuentro del seminario que en esta especialidad de la música se viene realizando en las instalaciones de la Villa Mitre de Lamadrid 3870. Las clases están a cargo de la doctora Elsa Justel, quien es graduada de la Universidad de París en el área. La temática ha sido tanto la historia de este género como su particular organización, su estética y sus aspectos técnicos y científicos. El encuentro es de 9 a 16, el próximo sábado 24.
A punto
Oficialmente, y con la presencia del intendente Katz, resultó lanzada la próxima Feria del Libro “Mar del Plata, puerto de lectura” que se realizará en la ciudad desde el próximo 6 de octubre hasta el 22. Se anunció que la oficina de recepción de propuestas e inquietudes funcionará en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos de calle Hipólito Irigoyen.
Un vagón
En la sala de El Vagón de los Títeres, verdadero vagón de ferrocarril adaptado para teatro que funciona en las calles San Juan y 9 de Julio de esta ciudad, se presentará este fin de semana la obra “Pepe, el marinero”, a cargo del grupo De Golpe y Porrazo. De paso, informan los organizadores que ya está en plena etapa de organización el festival de títeres de vacaciones de invierno, Festitíteres, que se realizará desde el 22 de julio hasta el 6 de agosto. Ya han comprometido su presencia tres grupos internacionales provenientes de Chile, Colombia y España.
Arquitectura
Continúa ofreciéndose en Villa Victoria, Matheu 2851, la muestra retrospectiva sobre la obra del arquitecto Auro Tiribelli, quien fuera autor de varias construcciones paradigmáticas de la ciudad, como el Club Kimberley.
A los colegios
Como todos los años, se anuncia la realización de la Feria Educativa que brinda a los estudiantes la oportunidad de tomar contacto con toda la oferta de estudios terciarios, superiores y de oficios a los cuales podrán acceder al terminar el polimodal, tanto en la esfera de la educación pública como la privada. Diversos stands y un sinfín de conferencias permiten a alumnos de tercer año y a los profesores interiorizarse acerca de las necesidades de cada carrera y de las posibilidades de desempeño laboral posterior de cada una de las opciones. A quienes quieran contactarse con la organización para reservar su espacio para visitar —durante los días 24 y 25 de agosto— la muestra del Hotel 13 de Julio, comunicarse al teléfono 451-1981.
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La línea de producción
El filme intenta pararse en otra parte y no lo logra. Su director, que es también el guionista, tuvo que recurrir a las placas de cierre para especificar lo que quería decir: Estados Unidos es el principal traficante de armas de mundo, seguido por los demás estados que integran el Comité de Seguridad de las Naciones Unidas. De la lectura del filme no se deduce su posición. Para comenzar, el protagonista Yuri Orlov -es decir Cage- es inmigrante ucraniano. Obviamente, cómo no. Cosa de inmigrante pata sucia esto de salir del fracaso económico y existencial dedicándose al tráfico de fusiles. El chico bueno y norteamericano de pura cepa es agente del FBI. El planteo inicial es el fracaso familiar: un restorán al que jamás concurre nadie, cuyo cocinero es el hermano de Yuri. La vía rápida para resolver su futuro es el tráfico de armas, negocio al que los dos Orlov ingresan casi por la ventana y terminan quedándose con la casa completa, gracias al azar, los contactos oportunos y cierta cuota de audacia que los posiciona donde otros no llegan. Por supuesto que el dogma es que el negocio está primero, pero no es exclusivo del tráfico de armas, sino que también es extensivo a otros planteos comerciales que matan más despacio que los fusiles. Por supuesto, además, que su kiosquito los lleva a negociar con los peores dictadores del mundo, lo cual no les quita el sueño ni a ellos ni a nadie. Cuando las cosas se pasan de castaño oscuro, todos los que rodean a Yuri se van abriendo de su lado, con el planteo de que esto es demasiado para ellos, incluso su hermano ya enterrado en el consumo de una cocaína que no necesita traficar. Aun el comerciante de armas que le sigue en el top ten de los rankeados a nivel mundial le aconseja que abandone el juego del “todo vale” y tome partido, con el fin de darle a su negocio alguna regla valedera. Hasta la súper modelo con la que se ha casado —Bridget Moynahan— prefiere dejar este barco cuando empieza a zozobrar: en un guión absolutamente imposible de sostener, dice a su esposo que no va a fracasar también como ser humano (no hay más cursi que ese texto), y toma su humilde valijita después de que el propio dictador ugandés —una caricatura del histórico y sanguinario que todos recordamos— visita su casa en persona. Para Yuri todos son pasos en su cadena desenfrenada hacia la cima, en la cual un tío ucraniano, ex del Ejército Rojo, le sirve de contacto para participar de lo que fue uno de los mayores robos de la historia: el saqueo de armamento-rezago de un estado que dejaba de existir, la U.R.S.S, una vez que la Perestroika hubo hecho que se multiplicara en un sinfín de países que se encontraban por entonces en pleno estado de definición, y lejos de armar un ejército que les fuera propio.
Zumban las balas
Con semejante planteo temático, lo que sobra es material. Lo cierto es que a los fines fotográficos, la cosa funciona: hay una cámara que se vuelve por momentos minimalista, y la lente recorre dinámicamente el itinerario de las armas en un pasamanos que va desde el frío de la fábrica metalúrgica hasta el africano que la empuña a favor de quien sea y sin demasiada lógica, más que la sobrevida regida por un régimen demencial. Lo que hace agua es el guión: el código no ha sido planteado con demasiada claridad, y por momentos no sabemos si estamos ante una sátira, un grotesco, un planteo realista, o el cinismo conduce a quien llega a regir el mundo por obra y casualidad de un par de pasos oportunos. Nadie puede tener una visión más ingenua del negocio y pedir que la tomemos en serio. Además, el director Andrew Niccol pretendió enfrentarse a alguien con un filme que, según asegura, los estudios no quisieron financiar y debió recurrir a la realización independiente; pero por una visión como ésta no se rasga las vestiduras nadie: hoy en día hay que decir mucho más para que a alguien se le mueva una ceja. Como quiera que sea, esta familia tampoco es el ejemplo de los daños colaterales: nadie preguntó de dónde venía la plata hasta que ardió Troya. El hermano no se hizo cargo hasta que no vio con sus propios ojos la matanza; los padres no saltan hasta que no les ponen las cosas en los diarios; la misma mujer está encantada con las joyas y realmente ni se cuestiona de dónde vienen. Y aquí sí debemos conceder una mano a cierto realismo: nadie pregunta nada cuando lo que hay es reparto. Nadie.  Como resultado, el tráfico de armamento aparece como obra de una familia disfuncional individualísima, y hasta de un alocado ex oficial del Ejército Rojo, a lo que se suma la anuencia de los dictadores de republiquetas más bananeras que las bananeras. Ningún rastro del tráfico organizado y gestado desde las mismas salas de conferencias que dirigen los destinos del mundo. Ningún rastro de las decisiones que se toman en las reuniones de directorio de multinacionales de la primera línea. Parece que las guerras que enlutan al África son abastecidas por algún ucraniano devenido judío y descastado por el destierro, que entre el vodka y la comida rancia del barrio bajo vende a un lado los fusiles que le ha robado al otro. Como siempre, la culpa es de los otros. Estimado Andrew Niccol: vamos para atrás en el proyecto de revolucionar mercados. Yo te digo nomás.
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