Mar del Plata, 07 Enero 2009

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Tarde piaste (primera parte)

por Adriana Derosa


Tarde piaste (primera parte)

Mex Urtizberea, humorista destacado en el ámbito mediático porteño, se presentó en el ciclo Café Cultura Nación que se viene desarrollando en el local de Castelli y Santa Fe de esta ciudad. Fue un sábado de fútbol y frío que a Mex no le hizo ni pío.

Tarde piaste es el nombre del ciclo que conduce diariamente en la radio. Cha cha cha y Mágazine For Fai fueron algunos de los programas televisivos que lo hicieron una figura renombrada para el público en general. Músico, humorista, guionista y cineasta son algunos de sus prometedores oficios. Así habló en la charla que convocó a marplatenses después del partido. Esta vez, la entrevista no contiene las preguntas de N&P, sino las que el público mismo realizó el pasado 10 de junio, en aquella noche de perros.

MU: —Hoy ganó Argentina. Creo que este Mundial es un evento interesante que debieran tomar como ejemplo diversas instituciones, como la Iglesia Católica, la judía. Deberían formar un equipo de fútbol y colocarlo en un campeonato, porque de otra forma jamás tendrían tantos adeptos. Se puede ver a un marino junto a un señor que vende globos, un proctólogo junto a un hombre del agro o de la pesca, que cada cuatro años constituyen un grupo maravilloso.

Público: —¿Hay algún recurso humorístico que consideres que no se está utilizando en la radiofonía de hoy?
MU: —Hay una cosa en la mañana de la radio: si una persona no sabe contar chistes ni hacer imitaciones, está muerto. Cuando empecé yo le decía al encargado de la radio que había una equivocación, porque yo no sabía ni contar chistes ni hacer imitaciones, y él me decía: “sí, tenés razón”. A los pocos meses lo volví a encontrar y le dije lo mismo, y me volvió a responder que tenía razón. Nunca me dieron tantas veces la razón en mi vida. Cuando hicimos el último programa, que yo ya me iba para hacer el programa que hago a la medianoche, vinieron los gerentes y me dijeron que tenía que seguir a la mañana, porque lo que hacía estaba muy bueno.

P: —... porque te sale igual el personaje de Mex Urtizberea...
MU: —... Sí, dijeron “este pibe va a andar bien”, y me quedé como imitador de él. No hubo forma de convencerlos de que cambiaran las estructuras.

P: —¿Quién es Garrido (uno de los personajes que aparece en su programa de radio)?
MU: —Es la persona que hacía todos los off cuando hacíamos Magazine For Fai. Se llama Marcelo Chirinos, y se dedica a hacer análisis de sistemas. Es un amigo de mi hermano que siempre me hizo mucha gracia; por eso lo convoqué. Garrido es un inspector de la policía que da consejos y enseña. Hace varios personajes más: Isis, Alcira, el japonés, un locutor. Es muy talentoso.

Todos solos

Bar El Tonel, viernes a la noche. Lleno. Había de toda clase de programas: compañeros de facultad, parejas, familias, solos, solas, locos de verano. Mex tenía que abrir el fuego creando algún lazo de relación en semejante zoológico, y lo hizo preguntando y repreguntando acerca de las circunstancias en que cada uno había venido. “¿Quiénes han venido con pareja?” dijo primero. “Todos”, dijo una voz en respuesta. “¿Quiénes han venido solos?”; “todos también”, dijo la misma voz. Es que en estas circunstancias, en un sitio pequeño donde se reúnen admiradores de un humorista absurdo y sutil, el verdadero show lo hace la gente. Estas cosas tienen la gracia secreta de que uno se junta con otras personas a las que les gusta lo mismo que a uno. Por algo se empieza.
Conocidos o no, se lanzan a competir en velocidad con el disertante, a ser tanto o más ocurrentes, a dejar su minuto de gloria en una cinta de grabación de lo que pasó esa noche en el Café Cultura Nación.
Un señor mayor y canoso ocupaba una de las mesas de adelante, casi junto al piano. En torno de él, en su mesa, seis mujeres ocupaban las sillas restantes. Mex lo miró y le preguntó acerca de la situación que lo había llevado a semejante compañía. Así se supo que el hombre había ocupado su sitio temprano, y por lo tanto tal beneficio había sido requerido por cada una de las mujeres que llegaban solas al bar, y se encontraban sin ubicación disponible. “¿Le molesta si me siento señor?”; “para nada, adelante”, respondía él.
Mex lo miró con admiración, una vez que hubo entendido la forma en que los hechos se habían desarrollado en su ausencia. Señaló a una bella morocha de la platea y le dijo: “señor, ella viene conmigo”.

Un pasado “desastroso”

P: —¿Quién era Mex ante de la época de Cha cha cha? ¿A qué se dedicaba?
MU: —Siempre me dediqué a la música, hago música instrumental desde muy chico. Mi viejo siempre se dedicó a la televisión, es periodista. Pero llegaba a casa despotricando contra la televisión y los medios —tuvo dos úlceras perforadas— así que yo juré jamás dedicarme a esto. Sucedió que cuando estaba en el Parakultural me hice amigo de Alfredo Casero, y nos juntábamos todos los martes con él y con Verónica Llinás –era el año 90 o 91— con idea de hacer un espectáculo los tres juntos. Él empezó a hacer un programa que se llamaba “De la cabeza” y me pidió que lo fuera a acompañar con el piano mientras hacía un personaje italiano. Grabábamos a las 6 de la mañana, mirá que hora para hacerse el gracioso. Ahí empecé a actuar, a hacer canciones y a escribir. Lo que yo quería era tocar música, por eso me fui a vivir un año a Francia, y realmente creía que allá iba a hacer una revolución como Richard Clayderman. Pero no.

P: —¿Qué pasó con Magazine For Fai?
MU: —Hicimos cuatro años de programa. Pero no volvería a hacer eso nunca jamás, más allá de que todos esos niños ya son padres de familia. A mí me da mucha tristeza volver a hacer algo que ya hice, prefiero hacer algo diferente, aunque resulte no tan bonito. Tampoco fue un programa exitoso: le ha gustado a cierta gente, y a alguna que piensa que era bueno para los chicos. Yo la verdad que nunca pensé en los chicos: pensaba en los que actuaban, nada más, pero no en el mercado de los chicos como público. A los chicos les gustaba ver a otros chicos disfrazados, pero había otras lecturas que las hacían los grandes, como el mundo de For Fai. Me divertía a mí, y en el último año, el 99, había elecciones: For Fai se presentaba como Presidente. Ya había muchos problemas: tuve una reunión con el director de programación de América de ese momento, el señor Odoricio, que consideraba que los chicos actuaban de una forma espantosa, que era horrible todo. Mientras atendía el teléfono, me dijo que sería bueno, como estábamos en verano, poder poner alguna nalga de una señorita que se pudiera ver. Yo le dije que era un programa de niños, y entonces me dijo que tenía razón, que hiciéramos una sección aparte con las nalgas. Le dije que no y me fui. No lo iba a dejar contento a Odoricio, aunque eso significara que se terminara el programa: se terminó y ya está. Duró cuatro meses. Todos los romances se cortan de una forma arbitraria y uno no sabe por qué. Todo empieza con unos sueños y unos proyectos buenísimos, y después termina uno for fai. Porque el plomero presentaba opciones mejores que este amor: se termina y ya está. Remontarlo no se puede.


Industrias culturales

P: —¿Es algo así tan ingenuo o tiene que ver con la industria cultural y demás?¿Es un romance que se acaba o es algo más?
MU: —Es muy sencillo, como todos los amores. No hay gente tejiendo alrededor. Sólo hay intereses, cosas. Unas dos semanas antes de terminar el programa me llamó el señor Ruckauf para proponerme seguir, porque el Gobierno de la Provincia apoyaba el programa. Y ahí fue que dije “no”, porque me dio un poco de miedo, mirá si daba una zapatillas firmadas que dijeran For Fai. Porque uno no tiene conciencia: hacés televisión frente a un tipo que es el camarógrafo, que encima a las seis de la mañana está dormido, la mayor parte de las veces si son dos hablan entre ellos del partido del fin de semana... Pero si te llama Ruckauf, aterrizás.

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