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Los contactos de la Administración Bush
Amigos son los amigos
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por Rosanna González Pena
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Amigos son los amigos
A principios de este mes, los más altos ejecutivos responsables de la estafa cometida por la firma Enron fueron sentenciados a una cantidad cercana a los 300 años de prisión. Pero no será ése su oscuro futuro. Como en todos lados, en Estados Unidos los delitos de guante blanco cuentan con vías de escape insospechadas.
El jurado declaró a Kenneth Lay culpable de seis cargos de conspiración y fraude bancario. Con el veredicto, el juez Sim Lake dictó una sentencia máxima de 45 años en prisión. En otro juicio, a Jeffrey Skillings se lo encontró culpable de varios delitos tales como conspiración, fraude, uso de información privilegiada y declaraciones falsas. Por estas faltas, el juez Lake lo condenó a penas que, en total, pueden alcanzar hasta 185 años de cárcel. Pero Kenny Boy (como lo llaman los más cercanos allegados a Lay) quedó en libertad condicional mediante el depósito de una fianza de cinco millones de dólares. Skillings, presidente ejecutivo de la corporación Enron durante seis meses en el período de quiebra, también obtuvo libertad bajo caución en condiciones similares. Además, Lay podría purgar una pena mucho menor, ya que devolvió 75 millones de dólares, y a los jueces eso les ablandó el corazón. Este no fue un juicio más en la historia del delito económico de los Estados Unidos. Si bien no se puede decir que la administración Bush salvó a la empresa de la quiebra, es innegable que por mucho tiempo trató de encubrir sus contactos con Enron. Pero hay datos innegables: el hoy condenado Mr. Lay, le dijo en su momento al director de la Comisión Federal Reguladora de Energía que debía cooperar más si quería conservar su trabajo, éste no cooperó y terminó perdiendo su puesto. Y fue por entonces que Enron ayudó a Dick Cheney a realizar un plan energético hecho a la medida de las empresas que lo asesoraron. El vicepresidente Cheney nunca quiso revelar información sobre lo deliberado en dichas reuniones. Otro grupo económicamente sospechoso es el Carlyle. Este grupo se especializa en asociarse de forma temporal a contratistas venidos a menos en el tema de defensa, para después revenderlos cuando su suerte milagrosamente cambia una vez que abrochan negocios con el gobierno. Entre los empleados que ha tenido la compañía se encuentra el ex presidente George H. Bush (papá del actual). Hasta finales de octubre de 2001, la familia Bin Laden de Arabia Saudita se encontraba entre los inversores del grupo. El Sr. Donald Rumsfeld, actual Secretario de Defensa, también miembro, les dio un regalo extraordinario: decidió seguir con un criticado sistema de artillería, Crusader, que había sido rechazado hasta por el Pentágono, ayudando a que los números del Grupo Carlyle mejoraran de forma exponencial. No será ilegal, pero no se puede negar que huele a podrido. No puede negarse que la administración Bush es buena amiga de sus amigos. Bill Clinton había nombrado como director de la Comisión de Valores y Cambios (SEC) a Arthur Levitt, empeñado en mejorar la política de contabilidad corporativa. Bush lo sustituyó por Harvey Pitt, quien prometió que la Comisión sería más “bondadosa y suave”. Después del caso Enron, Bush se ha opuesto continuamente a cualquier reforma significativa de la contabilidad. Su administración está más conectada a las grandes empresas, incluidas las de energía. Veamos la historia de Harken Energy. En el año 1989, el actual presidente pertenecía a la junta directiva de Harken, y adquirió muchas acciones de la compañía cuando ésta compró por dos millones de dólares a Spectrum 7, otra pequeña empresa de energía que estaba perdiendo dinero y que tenía muchas deudas. Ahora bien, Bush hijo curiosamente era también el gerente de esta deficitaria empresa. Por un lado compraba y por el otro vendía. Lo interesante es que Harken también perdía dinero, pero en el ‘89 se las arreglaron para ocultar esas pérdidas con las utilidades obtenidas por vender otra subsidiaria, Aloha Petroleum. Esto dio lugar a una ganancia fantasma de diez millones de dólares, lo que tapó por unos meses tres cuartas partes de las pérdidas que Harken había tenido ese año. El problema es que la habían comprado ellos mismos. Por supuesto usando no a la empresa, sino a sus miembros personalmente, con dinero prestado por la compañía. Por esos días, George Bush no era sólo miembro del comité de auditoria contable de la empresa, sino que también formaba parte del comité especial de reestructuración. No podía no saber de la maniobra de la compra de Aloha Petroleum. Como era obvio que se trataba de un dibujo contable, la Comisión de Valores obligó a Harken a arreglar sus cifras; pero antes de que se diera la orden y el precio de las acciones cayera abruptamente, Mr. Bush vendió dos terceras partes de su participación por un valor de 848.000 dólares (lo que está prohibido por ley). Por una cifra cuatro veces menor, Martha Stewart terminó presa. De todos modos, ese monto no es comparable con las ganancias aparentes que Halliburton creó a través del cambio repentino en sus procedimientos contables, justamente cuando Dick Cheney era su gerente. Curiosamente, y a pesar de que la Comisión informó que se había violado la ley, no se presentaron cargos contra quien en ese momento era el hijo del presidente. La investigación realizada fue más que superficial, y de alguna extraña manera llegaron a la conclusión de que una venta tan oportuna de sus acciones no reflejaba de manera alguna que él tuviera información confidencial de la compañía. Claro que en ese entonces el director de la SEC era amigo de su padre (el Presidente), y el asesor general, que debía tomar la decisión de abrir una acción legal, había sido el abogado personal del presidente, el mismo que le negoció después la compra de los Texas Rangers. Juro que no es un invento. No es de extrañar que no les interese que la ley se aplique contra los gerentes de compañías con contabilidades poco transparentes. Sobre todo porque muchos de ellos son parte de su grupo. Thomas White, cuya división de Enron generó 500 millones de dólares de falsas ganancias, y vendió sus acciones por 12 millones de dólares justo antes de que la compañía quebrara, es su secretario de la Armada. Es bueno contar con esa clase de amigos…
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