Mar del Plata, 07 Enero 2009

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Crónicas de un robo protegido

Feliz aniversario, ladrones

por Carlos Cañón


Hoy 18 de junio se cumple el primer aniversario del robo protegido del que fuera víctima nuestro alter ego Lorenzo. Un cumpleaños siempre es un motivo de reflexión y recuerdo.

Hemos decidido dedicar esta entrega para que los lectores sepan cómo les ha ido a los ladrones y estafadores en el año, y qué le ocurrió a la víctima; también identificar a los funcionarios judiciales o policiales que fueron garantistas de los ladrones y estafadores, y “garanticidas” de la víctima. Para los malandras, este aniversario es una celebración, y para Lorenzo, sólo una lamentable conmemoración.

Corría el 18 de junio del 2005, y Lorenzo había sido invitado al almuerzo organizado en el Hotel de Gastronómicos por Dante Caamaño en honor del candidato y ex subcomisario Luis Patti. Mientras Patti trataba de explicar lo fácil que sería mejorar la seguridad, Lorenzo nos recordaba que ya Scalabrini Ortiz había advertido que el Imperio, al igual que las arañas, tejía con paciencia y en silencio telas que primero inmovilizaban y paralizaban a los pueblos para luego oprimirlos sin peligro.
Demorado el almuerzo con Patti, Lorenzo se dirigió a su estudio jurídico ubicado a pocas cuadras, sobre Gascón a la altura de San Luis, alrededor de la una de la tarde, y al llegar al lugar, acompañado por este periodista, encontraron las rejas de acceso y las ventanas de la casa vasca rotas con barretas, las puertas de blindex violentadas, y papeles y cajones tirados por el suelo de toda la casa. Cerca de la entrada los ladrones habían abandonado un criquet o gato para levantar autos, usado para abrir las rejas.
Llamamos por celular al Comando Radioeléctrico, y a los pocos minutos vinieron dos sargentos con botas gastadas de tanto caminar por escenas de robo y otros delitos, sacaron sus 9 milímetros reglamentarias y, con valor y sin más miramientos entraron en la casa delante de la víctima y recorrieron los dos pisos del inmueble. La casa donde funciona el estudio jurídico de Lorenzo estaba dada vuelta, faltaban todas las computadoras, máquinas de fax, equipos de música, ropas y enseres de placares y, entre otras cosas más valiosas, dos chequeras, una del Bank Boston y otra del Banco Río.
Los sargentos del Comando miraron todo con prolijidad, vieron las rejas destruidas, las ventanas forzadas, las huellas de zapatillas con barro en las ventanas y en el piso, enfundaron las armas y se fueron.
A partir de allí, Lorenzo, la víctima, se quedó solo en la casa robada, entre cajones y armarios rotos. Solo con su alma perturbada, sintiéndose vulnerado y ultrajado, recogiendo las fotografías y últimas cartas que le enviara su padre antes de morir, todas tiradas por el suelo y pisadas con barro, y en ese momento decidió que no iba a dejar que pasara lo que pasó con el anterior robo, cuando el fiscal y la policía archivaron la investigación sin hacer nada. El primer robo había sido similar, con las mismas rejas rotas con un criquet idéntico, con chequeras robadas y estafas con los cheques robados.
Hoy, a un año exacto del robo, le pedimos a Lorenzo que nos regalara una reflexión. Y con su peculiar manera de expresarse dijo: ”De esas primeras horas sólo puedo decirte que en el año que pasó, a Patti le fue muy mal porque le robaron el puesto de diputado nacional que logró en elecciones limpias; Dante Caamaño, que organizó el almuerzo, se quedó con el puesto de diputado nacional, con el voto y auxilio de su hermana Graciela Caamaño. Así que a Patti le fue peor”.
Y siguió: “Los dos sargentos del Comando que entraron a la casa pocos minutos después del robo, con sus 9 milímetros en la mano y con peligro de encontrarse con los ladrones, el premio que tuvieron en este año fue que el Comando se disolvió a los pocos meses. Así que también les fue peor”.
Y la víctima continuó enumerando uno a uno los malos tratos y agravios que recibió como víctima desde el robo, concluyendo que los únicos que tienen razón para “celebrar” el aniversario son los ladrones y estafadores, porque tanto policías como fiscales y jueces han decidido no molestarlos, y que él, como víctima, sólo puede conmemorar la fecha pensando en todos los que aumentaron sus desventuras y agravios.

La rosa blanca

“Y para el cruel que me arranca/ el corazón con que vivo/ cardo ni ortiga cultivo/ cultivo una rosa blanca” fue el mensaje final del poeta que confesó primero que para sus amigos sinceros sembraba la misma rosa.
Lorenzo, que lleva 43 crónicas dominicales informándonos de sus avatares como víctima de un robo, crónicas que merecieron distintos títulos descriptivos del fracaso de jueces, fiscales y policías, nos pidió que recordáramos al poeta.
Y dice Lorenzo, que más allá de la poesía y la filosofía no puede menos que entregar al teniente primero Corbalán, al juez de garantías Raúl Alberto Paolini, al fiscal general Fernández Garello, al fiscal titular de la Fiscalía 9 Pablo Martín Poggetto, al agente fiscal adjunto Eduardo Amavet, y al secretario de la unidad fiscal Néstor Manuel Frendes, la rosa blanca para los crueles que arrancan el corazón a las víctimas.
Y justifica, el alter ego, la rosa que entrega, en que cada uno de los nombrados violaron sus deberes y las garantías que a toda víctima da el artículo 83 del Código de Procedimientos Penales, todos los tratados de derechos humanos, y las Constituciones Nacional y Provincial, y que son:
. A recibir un trato digno y respetuoso.
. A obtener información sobre la marcha del procedimiento y el resultado de la investigación.
. A que sean mínimas las molestias que deba sufrir la víctima con motivo del procedimiento.
. A reclamar por demora o ineficiencia en la investigación.

Los “garanticidas” de la víctima

Creemos, como periodistas, que toda víctima tiene la obligación de “recordar” a sus victimarios o a los responsables de matar sus garantías constitucionales. Las víctimas pueden y deben recordar a ladrones, cómplices, policías, fiscales y jueces en sus oraciones o en sus sueños.
Estamos convencidos de que muchos de los jueces, fiscales y policías “garantistas”, cuando reflexionen y se den cuenta de que su concepto del mundo y la vida y de sus funciones los convierten en protectores de los malandras y delincuentes, y que al abandonar a las víctimas y no investigar o perseguir el delito se convierten en “garanticidas”, van a cambiar. Sin que ellos cambien, la sociedad no tiene futuro.
Así que Lorenzo dedicó primero un párrafo al teniente primero Víctor Corbalán, de la Comisaría Segunda, que fue el que recibió la denuncia, y su única y exitosa acción policial fue hacer saber a Lorenzo que “se le entera y notifica que deberá hacer comparecer a una persona como testigo de preexistencia”. La víctima, con su casa destruida y recién robada, debía ocuparse de llevar un testigo de preexistencia, si no la investigación no comenzaba. Se llevó al testigo, y la investigación del robo jamás se inició.
En ese proceso que lleva el número 193.954 luego no se hizo nada, y el juez de garantías Raúl Paolini la recibió el 5 de agosto del 2005.
El 27 de junio del 2005, un tal Cristian intenta cobrar uno de los cheques robados por $ 3.950, y como la investigación por robo no había sido comunicada al juez ni al fiscal, la víctima se ve obligada a formular otra denuncia por “tentativa de estafa“, esta vez ante el fiscal de Delitos Económicos a cargo de la Fiscalía 9, Pablo Martín Poggetto, que da inicio a la IPP úumero 192.292.
El fiscal Poggetto, con el auxilio de la página de Internet de Telefónica de Argentina, determina de inmediato que el teléfono 492-0732 dejado por el tal Cristian, corresponde a un inmueble de Buenos Aires 2270, piso 12, departamento “C” de Mar del Plata. Luego el fiscal sabrá por boca de un jefe policial que declara en la causa, que el tal Cristian se llama Cristian Zapata.
Lo cierto es que nadie hace investigación alguna con respecto a este imputado, y será la propia víctima la que averiguará e informará al fiscal que el sospechado Cristian Zapata y el dueño del departamento fueron detenidos en procedimientos por narcotráfico, y luego enviados a la cárcel de General Pinto en la provincia de Buenos Aires. Esto ocurría en diciembre del 2005. Nada hizo el fiscal ni el juez Paolini hasta la fecha. Garanticidio claro y encubrimiento posible.
El 29 de agosto del 2005 explota en la investigación penal la conexión del robo y la estafa con las actividades de las “cooperativas de pesca” que funcionan en la zona del Puerto de Mar del Plata. Queda al descubierto en la IPP 192.292, a través de las declaraciones del Dr. Roberto Fabián Sangermano, abogado vinculado con la ANSES que intentó cobrar un cheque robado de $2.397, que depositó en su caja de ahorros por hacerle un favor a Jorge Mosquera, “sólo por la confianza y trato” que tenía con su conocido.
El mismo 29 de agosto del 2005, sólo 35 minutos después del abogado Sangermano, comparece ante la Fiscalía “espontáneamente” el mencionado Jorge Alberto Mosquera, amigo, conocido o cliente del anterior, quien se hace responsable de haber entregado ese cheque al abogado, y dice que a su vez lo recibió de los señores Ricardo Vera y Rodolfo Barragán, y da sus domicilios. Aclara Mosquera que recibió el cheque robado “en parte de pago por cheques rechazados de la cuenta personal del Sr. Vera y de la cooperativa de trabajo “El Máquina Ltda”.
Pasaron diez meses de esa pretensión de inocencia y de culpar a otros, y a Ricardo Vera y Rodolfo Barragán ni se los buscó o citó. Ahora se sabe que Rodolfo Tomas Barragán, DNI 16.159.983 vive en Wilde 55 de Mar del Plata, y tiene teléfono 155-032753. Más “garanticidio”, porque hasta la fecha ni siquiera se los molestó para preguntarle de dónde sacaron los cheques robados.
Pero, estimado lector, hay más del aniversario, así que seguimos el próximo domingo.

Carlos Cañón es ex co-director del diario La Capital y ex director del diario El Atlántico

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