Mar del Plata, 07 Enero 2009

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Caso Cabezas

No se olviden de los otros

El asesinato de José Luis Cabezas va en camino de transformarse en un nuevo caso sin resolver de los que inundan la Argentina. Peor aun: los “imputados” por los medios parecen estar imposibilitados de dar su versión o aportar datos que los exculpen. Tal parece que la posibilidad de que Yabrán o que alguno de los tantos inculpados haya sido inocente es palabra prohibida.


Image 1292El 25 de enero de 1997 no fue un día más. La mayoría lo recordará siempre como la fecha en la que el fotógrafo José Luis Cabezas fue asesinado. Las crónicas y cronologías estuvieron a la orden del día, aunque eso no signifique que cuenten toda la verdad o den a conocer todas las versiones. A muchos les incomoda, otros desconocen y hasta hay quienes se enojan, pero si se trata de una investigación, las hipótesis deben ser analizadas y, por ende, comprobadas o refutadas.
Wenceslao Bunge y Flavio Steck fueron ninguneados desde el comienzo de esta historia. El primero fue vocero de Alfredo Yabrán por una década, el segundo estuvo acusado de ser uno de los asesinos de Cabezas. Por decisión propia y por falta de espacios, sus dichos no han sido difundidos salvo en ocasiones esporádicas.

N&P: - ¿Qué lectura hace hoy, diez años después, de lo sucedido?
W.B.: - Mi primera percepción es lo deleznable que es para la sociedad y para la comunidad periodística este crimen aparentemente inexplicable. Creo que el mejor homenaje a Cabezas es que se concluya de verdad la investigación. Y las pistas que permiten llegar a quien ha sido el autor de ese crimen aberrante están dentro del expediente.
En segundo lugar, es muy claro que ese expediente sufrió un desvío tremendo de color político. Terminó, por supuesto, en la asunción de quienes fueron imputados como criminales, y digo asunción porque asumieron un crimen que no habían cometido. Y en cambio fueron desviados de otros crímenes que sí habían hecho. Así, la causa se politiza y termina con la vida de Alfredo Yabrán.


Image 1293N&P: - ¿Cuáles son sus dudas respecto a la labor de Cabezas? ¿Estaba realmente investigando a Yabrán?
W.B.: - José Luis formaba dupla con Gabriel Michi, y apoyaba su tarea desde el punto de vista gráfico. Se pretendió hacer creer que la tapa de la revista Noticias donde aparecía Alfredo con su señora, Cristina, era la primera fotografía que había de Yabrán. Eso era inexacto, porque había aparecido en algunos medios, en particular de General Madariaga. José Luis no estaba investigando, porque él se encargaba de la parte gráfica. El que investigaba era Gabriel Michi. Michi era titular del contrato de alquiler del automóvil que usaban. Él le entregó sus llaves a José Luis en la madrugada de ese día diciéndole que se quedara con el auto y pasó la noche en el hotel Ostende. Se enteró del crimen pasado el mediodía cuando despertó de una noche de, digamos, descanso.

N&P: - ¿Cuál es la situación de Gregorio Ríos, señalado todavía hoy como instigador?
W.B.: - No he tenido contacto con Ríos ni con la familia, pero asumo lo que ha sido el calvario para ellos de que se le atribuyera a Alfredo el crimen, y que por eso se quitara la vida. Ríos cumplía adecuadamente su tarea y poco o nada tenía que ver con Cabezas. Insisto: Alfredo (Yabrán) tenía tanta responsabilidad sobre el crimen de Cabezas como yo sobre la fundación de Microsoft.

N&P: - ¿Cree que podremos saber qué pasó?
W.B.: - La verdad se va a imponer con su propia fuerza, aunque no gozaremos de ese beneficio.

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Lo que no se dice


Además de un crimen sin resolución, hay confusión, encubrimientos y mentiras alrededor del asesinato de José Luis Cabezas. Tanto, que intentar algún tipo de revisionismo de su figura genera reacciones muy negativas. Hay preguntas que no se pueden hacer, cuestionamientos prohibidos y mucha tela para cortar, y todavía no se sabe el quién, el por qué y el para qué del asesinato de José Luis Cabezas.
Casi nadie se atreve a poner en tela de juicio la autoría de Alfredo Yabrán, y uno de los que trabajaba para ello fue Wenceslao Bunge, quien siendo su vocero tenía una tarea que rozaba la utopía. Muy pocas entrevistas ha dado en estos días, y razones no le faltan. Conversó con muchísimos periodistas, con algunos mantuvo una relación muy cercana y, sin embargo, buena parte de ellos llegaban a determinadas conclusiones en sus conversaciones con él, pero a la hora de publicar mantenían las hipótesis establecidas.
Aún hoy siguen circulando teorías, entre las que se sostiene que Yabrán está vivo. O se magnifica la labor investigativa de José Luis Cabezas. Todo eso, según Bunge, viene de la mano de “esa especie de pasión en la Argentina que tenemos por la necrología”. Desde San Martín hasta Belgrano, desde Rosas a Perón, hoy Cabezas aparece en esa lista.
No obstante, Bunge insiste en que llegará la Justicia, así como, asegura, se está perdiendo toda esta especie de leyenda que se ha instalado en la sociedad respecto a Alfredo Yabrán y la vida y muerte de José Luis Cabezas. Pero hay indicios preocupantes. Al punto de que la viuda de José Luis debió exiliarse junto con su hija y hace más de 7 años que vive en España. “Y poco quiere saber con la Argentina y con la forma en que se está tratando la memoria de quien fue su marido”. No es para menos. Según Bunge, y aquellos que se atreven a disentir, la tarea de los medios “poco tuvo que ver con la verdad de los hechos”.
Flavio Steck ofrece una posibilidad de dar un cierre, al menos, a una parte de todo esto. “Deben reconocer que se equivocaron y punto aparte” reclama. Él y su familia sólo piden que esto termine, que no se repita la historia y que vigilen, que “vean que las cosas se hagan como tiene que ser”.


El sospechoso de siempre


Flavio Steck fue uno de los tantos detenidos por el crimen de Cabezas. Acusado de formar parte de la banda “Los Pepitos” y del asesinato, hoy está exculpado, pero en su momento sirvió para dar una rápida respuesta para un hecho que sigue sin resolverse.

N&P: - ¿Qué tiene para decir a diez años de que lo hayan acusado de haber matado a Cabezas?
F.S.: - Es como si hubiera sido hace una hora, lo vengo recordando todos los santos días de todos los años. Y además de lo de Cabezas, hay muchos más casos que no salieron a la luz. Éste tuvo mucho poder (sic) porque fue un periodista, y la gente lo siguió mucho. Pero hay muchos “casos Cabezas” que duran una semana y quedan ahí. Y hay muchos más presos como nosotros, condenados por la opinión pública. Gente humilde, que no puede pagar un abogado y queda atrapada por lo que es la Justicia en este país.

N&P: - ¿Qué critica de la actuación judicial / policial en el caso Cabezas?
F.S.: - Víctor Fogelman, jefe de la investigación, y el juez Macchi eran héroes para la opinión pública, encontraban cosas en la ruta… Eran pavadas que inventaron.
¿Dónde quedó todo eso? Hoy tendrían que decir ‘nos equivocamos con esta gente’. Le decíamos al juez Macchi ‘doctor, ya están presos los que fueron, lo confesaron. ¿Por qué no nos liberan?’ y tuvimos que estar 35 días más. Éramos más de veinte detenidos que habíamos ido a matar a Cabezas. Como le dije al juez ‘¿Fuimos en micro de larga distancia?’. Y Macchi se reía y me decía ‘Ustedes fueron’. Esas palabras me quedaron en la cabeza, como las de Fogelman de ‘ustedes tienen que ver’.
Si hubiésemos tenido que ver, tendríamos que haber pagado, y si no, tendrían que dar una disculpa porque salíamos todos los días en televisión, en los diarios y cuando nos dieron la libertad nadie dijo “ya está”. Un solo día publicaron la liberación. Y nunca más dijeron nada.
La gente me pregunta si tuve que ver porque no se sabe bien lo qué pasó. Saben que lo mataron a Cabezas y que estuvimos presos, pero no saben si nos dejaron en libertad porque pasó un tiempo o porque no teníamos nada que ver.
Insisto, hay muchos más casos parecidos y no se les da importancia, no sé qué pasa. ÉEsa es la seguridad que tenemos en este país.


N&P: - ¿Cómo está usted actualmente?
F.S.: - Vivo con un poco miedo porque no se sabe lo que puede pasar. Estoy con psicólogo desde hace mucho tiempo porque uno no puede asumir un error de un tercero, y menos un tercero que no pide una disculpa, que hace saber de su error.

N&P: - ¿Quién quiere que le pida disculpas?
F.S.: - Los que me vinieron a buscar, los que tenían poder para llevarme preso.
Y le tienen que pedir disculpas a la opinión pública, porque mintieron, lucraron con esa mentira y tuvieron rédito político porque no le convenía a nadie que el caso se esclareciera.


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