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Vivir del arte
¡Una pinturita!
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por Adriana Derosa
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Tras la clausura de la Primera Feria de Grandes Maestros y Arte Emergente en Mar del Plata, su director, Diego Carabelli, dio precisiones sobre la gestión que permitió su realización exitosa. Más de 80 artistas mostraron quinientas obras en el piso doce de un hotel de cinco estrellas indiferentes. Los organizadores son jóvenes plásticos de la ciudad.
N&P: — ¿De dónde nace esta denominación para una muestra de pintura y arte emergente? DC: — Nace como un homenaje a la primera pintura moderna de la historia que la pintó Pablo Ruiz Picasso en 1917, “Las señoritas de Avignon”. Entonces vimos la posibilidad de hacer además un homenaje a uno de los grandes maestros de la historia, un gran precursor.
N&P: — ¿Por qué esto es una feria y no una mega muestra u otra denominación similar? ¿Qué delimita para vos la feria? DC: —En una mega muestra habría exposición de obras de escultura o de pintura y nada más. En una feria está la posibilidad de venta al público y además hay otro tipo de movimiento. En este caso en particular, nosotros armamos una conjunción entre dibujo, pintura, arte digital, escultura, grabado y fotografía. El público puede apreciar obra, hablar con los artistas, puede escuchar una conferencia sobre arte, sea de un artista para otro artista, o de artista a público. Pensamos la modalidad de feria también dándole un carácter de bienal. En este caso no tuvimos galerías de por medio: fue hacer arte para los artistas, juntar a los grandes maestros con los jóvenes y que tuvieran la posibilidad de vender, además de la alternativa de expresarse. Que pudieran conocerse los jóvenes emergentes con los grandes premios, que fueron las vanguardias de su época. Los artistas nuevos son los vanguardistas actuales, los contemporáneos.
N&P: — En ocasión de la venta de obra, ¿se canaliza la operación a través del artista individual o el comité organizador interviene en este procedimiento? DC: — En cantidad de oportunidades yo mismo presenté carpetas, presenté trabajos para integrar otras ferias —como Arte BA, como Arte Clásica, como Expo Trastienda— en las cuales el artista tenía que poner, por intermedio de una galería, $2.000, $4.000 ó $5.000. Nosotros logramos bajar los costos al mínimo para que el artista lograra acceder sin intermediarios. El único intermediario de cara al público en este caso es Moderna, que representa a todos los artistas que participan en la feria. Moderna le brinda al artista plástico el traslado de obras sin cargo —sea desde Córdoba o desde el extranjero—, y hace los catálogos individuales: cada uno de ellos tuvo acceso a mil catálogos estandarizados, para que no hubiera uno que se destacara más por el diseño.
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Para la ocasión
El acto de clausura había sido concurrido y emotivo. Diego Carabelli había pedido a los asistentes que se sumaran al proyecto, y lo acompañaran en el camino que se iniciaba ese mismo sábado 3 de febrero y que culminaría con la realización innegable de Moderna 08. Había terminado su intervención pública vencido por la emoción que lo dejaba sin voz. Los mayores, más endurecidos por los avatares de la gestión cultural, lo consentíamos con la mirada y no pensábamos adelantar una mínima información de cuáles serían las dificultades que ese camino albergaría, por miedo a romper la magia. Pasaron los brindis, las palabras de admiración de los concurrentes sobre la juventud evidente de los responsables de la feria, y los saludos de rigor entre los demorados en la observación de las obras y los que habían cumplido con su asistencia provisoria. Después, y sólo después comenzó el símbolo. Buscábamos un sitio silencioso, donde la nota pudiera grabarse sin mayores dificultades, y salimos del salón de exposiciones creyendo que sería sencillo. Abordamos escaleras innobles y no encontramos más que la rigurosa verdad que presentan los salones lujosos cuando están a oscuras. Es lo cierto, lo material, lo que no depende de la luminaria oportuna ni de la magia de la fiesta. Un salón vacío y a oscuras siempre es medio lugar. O menos. Y terminamos como hubiera compuesto la escena un director de cine con visión para los climas: sentados en la escalera, mientras yo insistía en los cuidados que merecía el traje Christian Dior que Carabelli había delatado como parte del canje, hablando de las ensoñaciones de un proyecto como éste, y de los comienzos en el que el hoy director era un alumno aventajado del colegio industrial. Buscando refugio para el arte en la magnífica carcasa de un lujoso hotel, buscando un sitio para hablar de la verdad, de lo que no cabe en el cristal de las copas, de la realización de los sueños contra toda tormenta. Aunque para lograrlo haya que fabricar ni más ni menos que $83.000 y un traje de para la ocasión.
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Sitio para todos
N&P: — ¿Cómo distribuyeron el espacio? DC: — Dispusimos para cada artista entre tres metros lineales y cinco. El artista tenía la posibilidad de contratar los que quería. Yo, como organizador, me destiné cinco metros, porque la idea era que todos estuviéramos parejos y todos pudieran mostrar su obra sin que uno tuviera cuarenta metros de exposición. El costo fue una décima parte de lo que cobran las grandes ferias. Nosotros tratamos de gestionar la venta, de presentar el arte de los expositores a los posibles compradores a través de un equipo de trabajo formado por promotoras y vendedoras. Estuvo el trabajo de Fortunato Roffé, que es el profesor con larga trayectoria en exposiciones.
N&P: — Más allá de las posibilidades de contratar espacio, debió de haber un cierto criterio de selección... DC: — Yo hace seis años que participo como visitante de las grandes exposiciones, sean colectivas o individuales, en museos de Capital, de Mar del Plata, de Córdoba, de Rosario, y allí hay cosas que gustan a todo el mundo y cosas que no. Dentro de esta feria hay cosas que a mí no me gustan, pero que valoro como técnica. Hay obra más figurativa, menos, hay fotográfica. Por ejemplo lo de Clorindo Testa: participa de un movimiento que se fundó en los 50 y 60 donde se buscaba el esencialismo de una pintura facilista, con la resolución de una pintura en pocas pinceladas que lograra alta capacidad de expresión. A la mayoría de la gente que visitó la feria, la obra de Clorindo Testa como gran maestro de la pintura nacional no los impresionó. Pero él fue un precursor que hizo lo que alguien tenía que hacer en la Argentina. Su esencialismo para mí es válido. O la pintura protestante de Ítalo Grassi, o los barquitos de Ballester. Es válida la abstracción expresionista de José María Casas, o lo mío, que es un surrealismo expresionista. Nuestro padrino, Fortunato Roffé, tiene una amplia experiencia como jurado, y él fue el que asesoró para decidir quién iba y quién no, o quiénes eran pintores nuevos a los que les faltaba aún recorrer un camino técnicamente. Utilizamos el criterio de escuchar a los que saben, y agregar una curaduría nuestra.
De dónde venimos
N&P: — ¿Cómo te integrás a la plástica? Porque sé que te dedicabas a la organización de eventos. DC: — Sí, al principio organizaba eventos en bares, y en el 2002 empecé a estudiar la carrera de organización de eventos. Antes de eso yo pintaba por hobby, para mí, pero después comencé a organizar muestras, mías y de otros plásticos. La primera fue en Sobremonte. Nadie entendía nada porque la gente iba a bailar, y de pronto encontrarse allí a las dos de la mañana con una muestra de arte de alguien que encima recién empieza a pintar... La cuestión es que fueron más de 150 personas. Cuando me recibí de organizador de eventos, la tesis que presenté fue sobre una gran feria de arte para Mar del Plata, y para eso hice una investigación sobre el rubro en el que yo estaba, porque venía fascinado por las ferias de arte de Buenos Aires. Me parecía alucinante poder juntar tantas cosas nuevas. Todas las ciudades más importantes del mundo tienen sus eventos culturales, y esta ciudad también los tiene en las demás disciplinas, como en el teatro.
N&P: — ¿Cuánto tiempo llevó organizar Moderna 07? DC: — Dos meses y medio, pero convengamos que creíamos que estábamos haciendo algo para 20 artistas, y no para los ochenta y pico que hay hoy. En ese tiempo hice el primer viaje a Buenos Aires, registramos la marca, hablamos con Roffé. Después empezamos a trabajar con el diseñador, pero partimos sin ningún capital. Tené en cuenta que ha costado $83.000, dinero que se ha ido consiguiendo en el camino, ya que muchas cosas fueron resultado de canjes.
N&P: — Tuvieron el apoyo del Sheraton Hotel, ¿no? DC: — Yo lo había elegido porque creía que reuniría en verano a un público potencial comprador de obras, por su poder adquisitivo. Pero el Sheraton no nos apoyó económicamente en nada, nos cobró todo. Y bueno, esto es un comercio, a ellos no les importa que venga Clorindo Testa: acá vino Bush, el dueño del mundo.
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