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Cuestión anunciada
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por José Luis Jacobo
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Es un interrogante: ¿qué interés tendrá la Editorial Perfil de Jorge Fontevecchia en seguir al detalle la cuestión de la construcción de la estación ferroautomotora en nuestra ciudad? Ignoro, pero lo cierto es que cualquiera sea el motivo, el dominical Perfil del 7/10 desnuda la situación real del emprendimiento anunciado ya en seis oportunidades: no hay partida alguna contemplada para tal propósito en el Presupuesto 2008. Y no son partidas menores.
Solamente para hacer las obras de infraestructura que permitan desarrollar la tan citada estación, se requieren setenta (70) millones de pesos. Un paso a nivel sobre la avenida Jara en su intersección con avenida Luro precisa de una obra de ingeniería compleja, pues por debajo de Jara pasa, a 17.5 metros, la tercera cloaca máxima, y es sólo una de las interferencias que hay que enfrentar. Solamente las obras en la intersección de Luro y Jara tienen un costo, a valores de mayo de este año, de cuarenta y cinco (45) millones de pesos. En realidad, es la tilinguearía lugareña la que ha colocado a esta ciudad nuevamente en ridículo. Estaban los recursos aportados por el sector privado para construir una estación ferroautomotora en terrenos sobre la Autovía 2. Es más: el emprendimiento contaba incluso con la participación de inversores internacionales. Pero no, la máquina de impedir se movió aceleradamente: queda lejos, cómo va a llegar la pobre gente al centro…, como si en una ciudad de setecientos mil habitantes todos vivieran en Luro e Independencia o en Playa Grande. Tampoco faltaron los gárrulos de siempre: el Colegio de Arquitectos -una corporación integrada formalmente por aquellos que escasamente han construido diez metros cuadrados alguna vez en su vida-, Carlos Mariani, el arquitecto de Florencio Aldrey, que quiere poner su impronta personal en el emprendimiento en busca de una gloria fatua, y por supuesto los cerebros que, haciendo el juego a la máquina de impedir desde el Plan Estratégico, señalaron que Luro y San Juan era el lugar que por consenso “elegía la comunidad marplatense”. ¿Qué comunidad? ¿Los Guido Dalia y su cría, siempre dispuestos a opinar de todo como si entendieran de algo? Por favor. Esta situación va a llevar a que, una vez más, las cuestiones de Mar del Plata queden en manos de terceros alejados de la ciudad. De construirse finalmente el nuevo trazado que dé lugar al tránsito de formaciones rápidas entre Mar del Plata y Buenos Aires, es altamente probable que la nueva terminal de ferrocarril se construya en Estación Camet. De hecho, el intendente Daniel Katz ya algo adelantó, dando lugar a una polvareda mediática de corto vuelo. La construcción de las formaciones rápidas, popularmente conocidas como “tren bala”, son un hecho no por la impronta de nuestros dirigentes, sino por la dinámica de negocios de la empresa Alstom, de capitales franceses, que ha desarrollado un programa agresivo de penetración en América latina. En ocasión de inaugurar los modernos servicios del premetro en Santiago de Chile, las autoridades de la empresa anunciaron en 2001, cuando arreciaba la crisis en nuestro país, que venían por la construcción de los servicios a Rosario, Córdoba, Mendoza y Mar del Plata. No hay dudas ya de que el camino está trazado, con o sin acuerdo del Club de París. La novedad introducida por el medio metropolitano deja expuesta la verdad que he anticipado largamente en esta columna: que la idea de construir la ferroautomotora en Luro y San Juan es una tilinguería que ya va por su segundo fracaso. ¿Será necesaria una tercera derrota para que se entienda cómo se deben hacer las cosas? Son tan mediocres que es probable que así sea.
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